Mauricio Macri quiere quedarse en Olivos, vuelve el Grupo A y asado radical para acomodar la interna

Mauricio Macri quiere quedarse en Olivos, vuelve el Grupo A y asado radical para acomodar la interna

Todos piensan en su futuro político para después del 10/12. ¿El Presidente será candidato en 2021? ¿En Capital o en Provincia?

Mauricio quiere seguir en Olivos después de dejar la presidencia

Las meditaciones de Chapadmalal, en donde pasó Mauricio Macri el fin de semana, quedan para pocos. Para los muchos vendrán las consignas que este lunes, en el acto de despedida de los ministros en el CCK, una emulación de la que suelen hacer los presidentes americanos cuando dejan el cargo. En 2017, Barack Obama dio su adiós en McCormick Place, el vasto centro de convenciones de Chicago. Otros, como Bill Clinton, lagrimearon por el adiós en el año 2000 en el hangar presidencial de Washington.

Esta vez, el discurso a funcionarios y legisladores -fue citado el "gabinete ampliado"- escuchará el programa del presidente para 2021, el nuevo período electoral: conducir, solo o con la mesa de Cambiemos, el Pro y la oposición. Pedirá por el apoyo a un paquete de leyes que el gabinete repasó el jueves pasado, que enviará al Congreso antes de que asuma el nuevo gobierno, como señal de que la lucha continúa. Espera, como ha dicho a sus ministros, que los peronistas se dividan pronto, porque están peleados, y un Congreso empatado es una invitación al cisma. También dará las señas de su candidatura a diputado nacional por la Capital para ese año. O por la provincia de Buenos Aires, porque hay algo meditado en Chapadmalal, que les ha dicho a pocos: ha pedido que le busquen una casa cerca de Olivos para instalar su nueva residencia particular. Lo contó allí mismo antes de viajar a Chapadmalal. "Quiero que sea por acá", dijo, girando el dedo con el brazo en alto.

Vicente López, distrito en el cual reeligió su primo Jorge Macri como intendente. Por esas barriadas vive desde hace un tiempo, también, Miguel Pichetto. Quiere estar cerca. Su vivienda particular es hoy la quinta de Los Abrojos, en Los Polvorines, después de dejarle en alquiler el departamento de avenida Libertador y Cavia a su master spy Gustavo Arribas. Seguirá siendo su reducto para los fines de semana. Pero quiere vivir por el barrio, por si Alberto lo quiere consultar por algo. Y dar a entender que en 2021 puede ser candidato por Buenos Aires, distrito donde nació (Tandil).

Para quienes vivir es una mudanza, otro dato. Ya desalojó su oficina en el área presidencia el asesor y ex ministro Francisco Cabrera. Desde esta semana, albergarán allí los negociadores de la transición albertista, Wado de Pedro, Santiago Cafiero y Gustavo Béliz.

Lavagna ni se alquila ni se vende

Podrá haber hablado Alberto con Roberto Lavagna una hora en su casa de Saavedra, como mandó a informar el nuevo oficialismo. Pero más importante fue la charla del jueves de tres horas con Graciela Camaño, comisaria política del sector que encabeza el ex ministro, y verdadero cerebro, hasta la última ruptura, de Sergio Massa. De esa charla quedó claro que Consenso Federal, a quien tienta el oficialismo con ofertas periodísticas de cargos y responsabilidades, cerró la semana conjurado a mantener su independencia como grupo político. En un Congreso dividido en sectores mayoritarios casi empatados en cantidad de bancas, el grupo que consolidó el escrutinio con Diputados -Graciela, el "Topo" Rodríguez, Enrique Estévez, "Bali" Bucca-, puede ser una de las bisagras de la nueva gobernabilidad, que no está para nada asegurada.

El fogonero de las noticias sobre la captura de Lavagna para el espacio del nuevo oficialismo es hoy el massismo, que distribuye las minutas con planes económicos, equipos de trabajo, proyectos de ley, en la prensa y en las redes. Circula, por ejemplo, uno que remite ese paquete a una descripción que habría hecho Martín Redrado en una reunión con empresarios. Es el mismo que repite en otros medios y alcanza valor indicativo desde que Redrado tuvo una entrevista con Alberto, que algunos creyeron terminaría en una oferta de trabajo que no ocurrió. Como tampoco la que se presume pudo hacerle a Lavagna para coordinar un consejo económico de emergencia, una especie de plan Marshall de recuperación nacional -evocando el European Recovery Program que condujo el militar George Marshall, reconvertido en Secretario de Estado de Harry Truman después de la Segunda Guerra, para atender la crisis europea-.

Acá el paquete es distinto, porque asume el Gobierno con una situación soñada: país en default y con Nación y provincias comprometidos en un plan de ajuste -presupuesto con déficit cero o símil cero, reforma y consenso fiscales II-. Todo para el chanchito. De paso, y para dejar cerrado el debate frívolo: los viejos -y más si usan bigote- siempre han estado contra los dibujos animados. Tampoco creen mucho los autoritarios –como los peronistas– en el mundo de la ficción. Creen que los comics son personas humanas, con alma, cuerpo y conciencia. Otra: ¿no debe aplicar con más rigor el profesor de Teoría General del Delito y Sistema de la Pena la figura de "estafador", que es como caratula a Bugs Bunny? ¿De qué acusará entonces a Isidoro Cañones, que se nos fue, pero aún nos guía? La blableta es un camino de ida. Lo demuestra el final de su compañero de estrado, el Pepe Mujica, en quien el personaje de Viejo Vizcacha se comió al insurgente.

Vuelven los grupos A y B

La colmena oficialista bulle, porque la paridad de bancas entre oficialismo y oposición puede repetir la legislatura de 2009, con los grupos A y B. Aquella paridad le costó a Cristina no tener presupuesto en 2010. En Diputados, Massa tiene que ajustar los tantos para quedarse con la presidencia de la Cámara. La cree asegurada, y ya tiene en la semana que viene una reunión con Emilio Monzó para formalizar el traspaso de funciones. Los tantos están 119 a 121 para Cambiemos y el Peronismo. Massa trata de adelantar los compromisos, y por eso precipitó la discusión sobre Monzó como nuevo defensor. Le quedó alguna consulta con el Patria. ¿Y si en una de esas tiene que disputar esa presidencia con José Luis Gioja, que en la anterior legislatura se sostuvo en el bloque cristinista, y frustró la migración de peronismo a lo que era el peronismo disidente, que ahora se arrepiente con Massa?

Esta es una pelea pendiente de definiciones para otras jugadas. Por ejemplo, ¿quiere Alberto un Defensor del Pueblo, fuera Emilio u otro? Ya lo sufrió a Eduardo Mondino cuando era jefe de Gabinete. Cristina y Macri demostraron que se puede ser feliz sin Defensor, una función que juega siempre para la oposición. ¿Para qué recrear un monstruo que es mejor que siga dormido? Otra: ¿acaso la opinión más fuerte en ese tema no la tienen los radicales? Tienen allí al procurador penitenciario Felipe Mugnolo, a cargo desde el año 2000 y nadie lo mueve. También pesó allí el movedizo contador peronista Carlos Haquim, secretario de la Defensoría de licencia, desde el año 2000. Allí lo conoció a Massa, que lo reclutó para sus listas, y en ese rol llegó a ser el vicegobernador de Jujuy en la fórmula reelegida de Gerardo Morales, el radical más importante dentro de Cambiemos, por su relación con Macri, Negri, Carrió, Nosiglia y otros. No hay radical con tanta capacidad de relación con todas las tribus. Por eso sueña para presidente del partido frente a Cornejo. ¿Cómo no va a opinar el radicalismo sobre la defensoría?

El minué internista de la nueva oposición

Álvaro González -hasta hoy jefe del bloque PRO en Diputados-, como los radicales y Pichetto, insiste en que el objetivo de la nueva oposición es mantenerse unida y no deshilacharse por disputas de espacios, algo esperable en una liga tan heterogénea. Cristian Ritondo puede tener la venia presidencial para ser el nuevo jefe del bloque PRO, pero los integrantes de esa agrupación también manifiestan críticas a la hegemonía, que pretenden los jefes porteños del PRO, beneficiados por la victoria de Horacio Rodríguez Larreta y por la necesidad de darle algún lugar a María Eugenia Vidal. La gobernadora saliente iba a ser el reemplazo de Humberto Schiavoni en la jefatura del PRO. Ahora lo apuntan a Macri para esa función. Y el presidente consiente. Lo hizo cuando Álvaro le dijo que tiene que asumir esa jefatura formal. Puede ayudar a aplacar las críticas.

El bloque del PRO parece una tribu en busca de orientación como oposición. Algunos de estos diputados confían en la llegada de nuevos legisladores con peso político del interior, como el mendocino Omar De Marchi y el santafesino Federico Angelini. Otros miran la posibilidad de que Monzó vuelva a ejercer de pastor de voluntades en el interior, como hizo antes de 2015. En esta trama, tiene interés un movimiento del mismo padrón: Nicolás Massot, ex jefe del bloque PRO, adelantó su regreso de Estados Unidos, a donde había viajado para un plan académico, agraviado por el ninguneo del oficialismo hacia su persona. Vuelve, pero no a Córdoba, sino a su nuevo domicilio, que ha fijado en el distrito Buenos Aires, en donde seguirá su carrera. Es vecino de Tigre desde hace un año, y arranca allí una nueva etapa. Ese sector imagina constituir un bloque PRO del interior que integre el interbloque opositor, pero que no quede bajo la disciplina del nuevo proyecto que arma Larreta para los próximos años.

Ritual de unidad radical en festejo por dos intendencias

Con este motivo, Álvaro González estuvo el miércoles pasado con Macri, para definir si seguirá en el cargo o lo reemplazará Ritondo. González, operador del macrismo profundo, desayunó el jueves con Mario Negri, quien tiene a su cargo las carpetas del partido para la negociación grande: el viernes se mostró en Tabac –santuario para blanquear conspiraciones– junto a Ritondo. El cordobés, que ganó bien las elecciones a diputado de Córdoba, tiene los cargos de jefe del bloque UCR y del interbloque. Cuenta ya con 30 votos para ser reelegido en el primer cargo, y no le costará tener el respaldo de la Coalición lilista para el otro. Se embutió el miércoles en dos discusiones con sus correligionarios Gerardo Morales, José Cano, Ángel Rozas y Luis Naidenoff para blindar ese futuro, en una minuta que incluye la reelección de este último en el bloque y el interbloque del Senado, y también el nombre del nuevo presidente del Comité Nacional.

Este grupo habilita una reelección de Alfredo Cornejo, sujeta a un reparto digno de responsabilidades en la cámara con otros sectores del oficialismo –necesita los 2/3 de los votos de los delegados, o sea una fina negociación–. Los radicales de la Capital, que debutan dentro de Cambiemos en el distrito, están dispuestos a pelear los bloques del Senado para Martín Lousteau, alguna dignidad en Diputados para Cornejo, y el Comité Nacional para Enrique Nosiglia. También agitan la amenaza de dividirse en un bloque Evolución para reforzar su capacidad de negociaciones con los colegas opositores, pero también con el nuevo oficialismo.

Este martes todas las tribus del partido se verán las caras en un asado festivo, como suele ocurrir cuando las posiciones están distantes. El justificativo es celebrar la victoria de sus dirigentes en las intendencias de Rawson (Damián Biss) y de La Rioja (Inés Brizuela). Se hará en territorio neutral, el quincho de la obra social de los legisladores. Recibirán a los nuevos legisladores electos, y despedirán a los que terminan su mandato. 

Ser escondedor, otra señal de debilidad

Algunos se apasionan con las especulaciones sobre equipos que vienen y equipos que se van. Es natural esa ansiedad, en un país en donde la política ocupa el centro del escenario público -algo común en países con crisis permanentes;- quizás el público cree que los políticos le arruinan y le solucionan la vida. Pero son naderías, que además los políticos le esconden a la gente. No sólo acceden a los cargos sin programa electoral y sin decir qué van a hacer. Juegan encima con la sorpresa, como si esconder nombres y proyectos fuera un prueba de viveza, cuando es en realidad una rotunda muestra de debilidad. Un político valiente tiene que decir qué va a hacer y con quién, y no esconderse en un secreto que abusa de la paciencia pública. No puede Macri esconder qué va a hacer cuando deje el cargo, ni Alberto escamotear los nombres de su equipo.

¿O acaso Néstor Kirchner no mejoró su perfil electoral en 2003 cuando adelantó que su ministro de Economía sería Roberto Lavagna? Guardar ese cargo en el secreto lo disminuía frente a otros candidatos, a quienes se le conocían por lo menos los elencos -igual perdió en aquel año con Carlos Menem, que hacía campaña con el equipo de "los ministeriables", que integraban, entre otros, Carlos Melconian, Rogelio Frigerio, Pablo Rojo, Ana Mosso y otros que hicieron leyenda-. Esconder los nombres protege a los candidatos de los anticuerpos que tiene toda decisión. Pero sería una gentileza para quienes pueden pensar, ante alguna designación, cambiar de domicilio. No sólo para irse de acá, sino aún para venir hacia acá.

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