El Gobernador inicia un camino de construcción política central para la edificación de una alternativa a Milei. La ascendencia de Magario en el esquema kicillofista y la alianza con sus pares
Por Joaquín Múgica Díaz
El 22 de diciembre del 2025, Axel Kicillof prendió los motores de su proyecto presidencial 2027. Fue en Ensenada, cuando en un plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), dijo ante una importante cantidad de dirigentes: “No venimos a lanzar ni una campaña electoral, ni una candidatura. Hoy venimos a lanzar una nueva etapa más decidida y más potente de construcción de una fuerza política que trascienda nuestra provincia de Buenos Aires”.
En los últimos días del año, el Gobernador afirmó su perfil opositor con mensajes contundentes a través de las redes sociales. Críticas a la gestión de Milei, revalidación del camino transitado en la gestión bonaerense y recopilación de imágenes con alto contenido simbólico en el armado político y territorial de su proyecto presidencial.
Durante la última semana, Kicillof recibió a los principales dirigentes de las dos CTA y visitó a la cúpula de la CGT en la sede de Azopardo. Allí estuvo junto a la vicegobernadora, Verónica Magario, que en el último semestre, junto a Fernando Espinoza, dejaron bien en claro de qué lado están en la interna bonaerense con el cristinismo.
La última muestra del lugar de pertenencia que tienen y el alineamiento político fue en un acto que ambos compartieron en La Matanza con Kicillof, el 28 de diciembre, cuando el año se estaba evaporando con el calor del verano. “Acá tenés una tropa que te va a bancar para lo que vos necesites. Tenemos que caminar. Pasen las Fiestas y el 2 de enero estamos caminando de vuelta para construir un proyecto nacional y popular”, dijo Magario mirando a su compañero de fórmula.
Los dirigentes de La Matanza pidieron apoyo para el Gobernador y adelantaron que buscarán la conducción del PJ Bonaerense.
La declaración fue contundente. El peronismo matancero, siempre importante en el entramado de poder bonaerense, está jugando del lado de Kicillof y apuntala su candidatura presidencial. En ese camino, uno de los objetivos del kicillofismo es quedarse con la presidencia del PJ Bonaerense, que hoy controla Máximo Kirchner.
“Se que vamos a ir por la herramienta del Partido Justicialista este 15 de marzo”, dijo, en un grito de guerra, la Vicegobernadora. Kicillof, con media sonrisa y efusividad, aplaudía de fondo, mientras la militancia y la dirigencia local cantaban: “Vero al PJ”. En La Plata creen que la indicada para tomar el mando del partido es la matancera.
Magario, que en el 2027 quiere volver a competir por la intendencia de La Matanza, se ganó la confianza de la mesa chica de Kicillof. El círculo más pequeño que rodea al Gobernador la impulsa como la exponente indicada para darle a la conducción del PJ provincial una impronta que tenga los ojos el Gobernador.
Kicillof no se va a meter de lleno en la pelea por el partido, pero sí lo harán quienes lo rodean. Sus intendentes y ministros más cercanos. En el cierre del año, durante la reunión del consejo partidario, hubo un principio de acuerdo para intentar que haya una lista de unidad y un presidente de consenso. Falta que pase el verano, donde las negociaciones subterráneas subsisten, aunque tienen un ritmo menos vertiginoso que en el resto del año.
El Gobernador recibió en la última semana del año a las dos CTA y visitó a la cúpula de la CGT
El resultado de las elecciones en el PJ Bonaerense y los nombres propios que queden en la conducción, van a ser una primera señal de dónde queda parado el kicillofismo en la interna del peronismo. Son muchos los intendentes del MDF los que creen que es importante quedarse con el control del partido y convertir esa elección (sea con competencia o con un acuerdo) en el primer símbolo contundente de que la jefatura política del peronismo tiene que estar concentrada en el Gobernador.
El rol de líder o de jefe de Kicillof es uno de los temas recurrentes que se discuten en el peronismo bonaerense. Hay intendentes que militan en el armado kicilofista que quisieran que el Gobernador tenga mayor contundencia en las decisiones internas. Algunos dudan de su capacidad para conducir. Otros creen que es un estilo diferente, donde la deliberación es el eje central del sistema político que construyó.
“Si fuera jefe, hubiese echado a todos los ministros de La Cámpora del Gobierno”, reflexionó un importante dirigente del peronismo bonaerense. Ese es un planteo que, todo el tiempo, aparece entre quienes dudan de la capacidad de conducción del gobernador bonaerense. En La Plata siempre relativizaron esos pedidos. “No vamos a echar a nadie. Si se quieren ir, que se vayan ellos. Porque lo que La Cámpora quiere es dejar a Axel como el culpable de la ruptura del peronismo”, suelen decir.
En los hechos, la coalición está rota. Incluso, en las oficinas más importantes del Gabinete de Kicillof, asumen que la fractura con el cristinismo es evidente y que ya nadie hace esfuerzos por disimular. Por eso, los movimientos tienen que ver más con una cuestión simbólica de a quién se le carga la responsabilidad de la explosión de la fuerza política en la provincia más poblada del país.
Axel Kicillof durante el último plenario del MDF en Ensenada, donde lanzó la construcción de una alternativa política a Milei
El mandatario bonaerense empieza un año donde su aspiración, en términos políticos y electorales, es edificar su proyecto político, tejiendo alianzas con los gobernadores del PJ, los sindicatos y los movimientos sociales. Pelea por la centralidad de un peronismo atomizado y tienen la decisión firme de darle volumen a una alternativa anti Milei que contenga a sectores de otros partidos políticos.
El 2026 también será un año en el que Kicillof busque consolidar el bloque político de gobernadores del PJ que integra y que busca tener mayor participación en las decisiones parlamentarias. Un esquema de poder que intenta desmarcarse de Cristina Kirchner y consolidar un polo de discusión para el tiempo que viene. Porque los meses que se aproximan serán de mucho ruido.
La reconstrucción del peronismo ocupará la agenda política y será un tema latente para la dirigencia de ese partido. Kicillof aspira a ser un protagonista de esa discusión nacional y sabe, a la perfección, que uno de los grandes temas que tendrá que afrontar, al igual que el año que pasó, es el debilitamiento del liderazgo de CFK y la defensa intrínseca de La Cámpora a su figura, en detrimento de su crecimiento.
Kicillof arrancó un año clave para su carrera política. Determinante para sus aspiraciones y de máxima importancia para el futuro del peronismo nacional. Se aproxima un tiempo de cambios inevitables. Es la realidad del partido más importante de la oposición.





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