El GBA fue clave para Macri y Vidal en medio del adiós de más caudillos

El GBA fue clave para Macri y Vidal en medio del adiós de más caudillos

Cambiemos tuvo un fuerte avance en el territorio donde hay ocho millones de votos en juego. Ganaba cinco intendencias. Duras derrotas de históricos del FpV.

Ocho millones de votantes habilitados, lo que representa dos de cada tres de la provincia de Buenos Aires y el 25% del total del país. El conurbano tiene ese peso específico en el mapa político y volvió a ser definitorio en una elección presidencial y provincial. Esta vez, lejos estuvo el FpV de sus domingos más felices en el bastión donde se libra la madre de todas las batallas. Daniel Scioli no lograba allí la diferencia que necesitaba para evitar el balotaje, al tiempo que Cambiemos crecía para apuntalar el sorpresivo resultado de Mauricio Mauricio y el triunfo que conseguía María Eugenia Vidal para la Gobernación. El avance de esta fuerza no paraba ahí: también ganaba intendencias históricamente peronistas en batacazos que se llevaban puestos a caudillos que parecían inamovibles. Entre ellos, Hugo Curto, el que más tiempo acumulaba en el poder con 24 años en Tres de Febrero.

Luego de las primarias, Scioli salió a captar más apoyo en el GBA con inauguraciones de túneles y otras obras sensibles, caravanas y constantes fotos junto a los jefes comunales. Para frenarlo, Macri no se quedó atrás en cuanto a visitas, jugó a fondo la carta de Vidal por su buena llegada a los vecinos con su imagen “de barrio”, y machacó con su mensaje del “voto útil” para concretar un cambio. 

A Scioli finalmente no le fue como esperaba y sus números evidenciaban un retroceso en la mayoría de los municipios respecto de agosto. Este panorama alcanzaba incluso a la Tercera Sección electoral, su fortaleza. En 2011, cuando fue reelecto en la Provincia con el 55%, había trepado al 60% en La Matanza y el 66% en Lomas de Zamora, los dos distritos más populosos, que en conjunto reúnen un millón y medio de electores. Ahora quedaba por debajo del 50% en ambos. Es sólo una muestra del caudal que el FPV resignó en apenas cuatro años.

Esta fuga representaba también resignar el poder en municipios emblemáticos a manos del PRO. El macrismo daba acaso su golpe más sonoro en Tres de Febrero, donde el periodista e historiador Diego Valenzuela le sacaba más de diez puntos a Curto. También desplazaba por una amplia diferencia en Morón al sabbatellismo, que llevaba 16 años de gobierno: se imponía Ramiro Tagliaferro, el esposo de Vidal. El tercer impacto llegaba en el sur de la mano del carismático chef Martiniano Molina, quien coronó en Quilmes mientras Francisco “Barba” Gutiérrez (había asumido en 2007) reconocía su derrota cantando la Marcha Peronista. El cuarto distrito que ayer se teñía de amarillo era Pilar, donde Nicolás Ducoté desplazaba a Humberto Zúccaro (tres períodos en el cargo). Y con lo justo Néstor Grindetti se subía al carro de la victoria en Lanús, relegando al secretario de Justicia de la Nación, el camporista Julián Alvarez. Hasta ayer, el PRO sólo tenía un “intendente puro” en el GBA, Jorge Macri en Vicente López, más el aliado Gustavo Posse en San Isidro. Los dos se aseguraban la reelección por más del 50%. 

En un tablero que se movió como pocas veces para una misma elección, el massista Luis Acuña (en Hurlingham desde 2001) se sumaba a los caudillos que resignaban su territorio: se confirmaba la caída que se veía venir contra Juan Zabaleta. El mismo camino de salida tomaba el “camaleónico” Jesús Cariglino, quien estaba desde 1994 en Malvinas Argentinas y caía contra Leonardo Nardini, del FpV. Al caudillo del FR no le alcanzó el corte de boleta, estrategia que sí salvaba a su compañero de fuerza Joaquín de la Torre en San Miguel frente al sciolista Franco La Porta.

Los demás cambios de jefes comunales se dieron sin sorpresas. Los verdugos de Raúl Othacehé y Mariano West en agosto, Gustavo Menéndez y Walter Festa, retuvieron Merlo y Moreno para el FpV. El funcionario provincial Mariano Cascallares, quien venía de aplastar a Darío Giustozzi, ganó cómodo Brown. Al igual que Mario Ishii en su retorno a José C. Paz, y Verónica Magario, sucesora de Fernando Espinoza en La Matanza.

Uno de los pocos intendentes que pudo revertir un flojo resultado en las primarias fue Gabriel Katopodis en San Martín, que ya sin competencia de otras boletas del FpV superó a Ricardo Ivoskus (Cambiemos). Por la misma circunstancia crecía fuerte Julio Pereyra en Florencio Varela para obtener su octavo mandato. Para el massismo quedó intacto el núcleo donde surgió, Tigre y San Fernando, con la continuidad de Julio Zamora y Luis Andreotti.

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