Por Pepe Eliaschev
A rauda velocidad, vamos hacia el pasado. Perfume de otrora, palabras de entonces, mitos de otros tiempos, mentiras pretéritas: todo encaja. Aterrorizada por los desafíos del presente, una gruesa capa de argentinos se regocija con los fastos mortuorios del tiempo ido. A él quieren volver, en él se referencian. La desesperación es evidente: despunta 2011 con consignas de hace medio siglo y desde el corazón del Gobierno se inyectan dosis colosales de esta terapia de puro pasado. Algunos casos recientes patentizan el imponente regreso al pasado.