Qué tiene el banco de suplentes de Alberto Fernández para pelear el liderazgo del peronismo

Qué tiene el banco de suplentes de Alberto Fernández para pelear el liderazgo del peronismo

Como Kicillof "no representa a todos", el Presidente anotó a tres hombres y a una mujer en la grilla del albertismo para la renovación. El enigma Massa.

Por Juan Rezzano

Axel Kicillof "no nos representa a todos", sentenció Alberto Fernández en una entrevista que le dio a la revista Newsweek y, en su condición de cara impávida de un gobierno tan fallido que no le permitió siquiera presentarse para un segundo mandato, se animó a lanzar un puñado de nombres (Victoria Tolosa Paz, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi y Jorge Capitanich) que, a su juicio, reúnen condiciones para jubilar a la Generación 2003 del peronismo, aquella que trepó a la primera línea del movimiento de Perón y Evita con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada. ¿Qué capital político acredita este albertismo para la renovación -una etiqueta arbitraria, solo válida en virtud del padrinazgo que el saliente asume al mover esas fichas- para llenar la vacancia de liderazgo que dejó la derrota oficialista en las elecciones 2023?

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En 2019, la ahora saliente ministra de Desarrollo Social fue en busca del objetivo por el que había militado desde muy joven: gobernar La Plata. No llegó a enfrentar al macrista Julio Garro: perdió la interna con Florencia Saintout. No insistió este año porque, aun con esa frustración municipal a cuestas, se fijó una meta más ambiciosa: como embajadora bonaerense de Daniel Scioli, lanzado a la presidencia como alternativa al oficialismo frentetodista controlado por Cristina Fernández de Kirchner, intentó plantarle una interna a Kicillof, gobernador de su mismo signo político ya en carrera por la reelección. Terminó compartiendo ducha con Pichichi en el baño de humildad que alumbró con dolor el sello Unión por la Patria, sepulturero del malogrado Frente de Todos. Mientras tanto, Julio Alak cerraba la historia de desencuentros que ella había protagonizado con su adversaria camporista y llevaba finalmente al peronismo a la victoria en la capital bonaerense. Este jueves, Tolosa Paz asumirá en la Cámara de Diputados la banca que recibió como reconocimiento a su aporte a la unidad del peronismo.

Gabriel Katopodis

El saliente ministro de Obras Públicas fue albertista de la primera hora en el gobierno todista, pero se montó a su garrocha cuando, tras la derrota oficialista de 2021, las papas empezaron a quemar en la coalición peronista y la vicepresidenta decidió ventilar los trapitos sucios de su vínculo roto con el Presidente. El oriundo de San Martín saltó primero al regazo de Máximo Kirchner, que por entonces armaba la mesa bonaerense del FdT, una trinchera para la guerra interna, y se pegó a CFK a la espera de recompensa. Este año recuperó la memoria massista -en 2013 habia formado parte del kirchnerismo rebelado que acompañó al hincha de Tigre en la fundación del Frente Renovador- y se convirtió en militante motivacional de la candidatura del ministro de Economía, con "paro activo" de obras incluido. Perdió, pero retuvo el control de su pago chico a través de su gerente territorial, el intendente Fernando Moreira. Le quedan en la cuenta, entonces, los votos de una elección municipal. ¿Alcanza para conducir el movimiento nacional justicialista?

 

 

Jorge Ferraresi

Como Katopodis, el intendente de Avellaneda también fue uno de los albertistas de la primera hora del gabinete del Frente de Todos: a poco de andar la administración peronista, reemplazó a María Eugenia Bielsa en el Ministerio de Hábitat, que carreteaba y carreteaba y no podía despegar. A la vez, era vicepresidente del Instituto Patria. Sorprendente cintura política. El hombre tuvo su pico de albertismo en sangre en agosto de 2021, cuando lanzó al Presidente a la reelección. Offside. Las firmas que se sumaron al operativo clamor no alcanzaron para llenar un ascensor y, para colmo, el Gobierno fue vencido en las elecciones intermedias de ese año: la derrota voló el techo de la coalición, que empezó a librar su interna feroz a cielo abierto. En noviembre de 2022, Ferraresi dejó el gabinete para salvar la ropa en el pago chico: volvió a la intendencia, cambió el destino de su clamor y pidió por Cristina Presidenta, un ruego de la militancia K que la vicepresidenta no escuchó. Todoterreno de la interna oficial, en marzo de 2023 fue designado por Alberto Fernández interventor de Edesur. El avellanedense revalidó los títulos de jefe dominante de su distrito el 22 de octubre con un triunfo contundente que le dio la reelección en la intendencia. También tiene, en su cuenta corriente política, los votos de una contienda local. ¿Alcanza para conducir el movimiento nacional justicialista?

Jorge Capitanich

El gobernador de Chaco se quedará sin trabajo el domingo, cuando asuma en su reemplazo el radical Leandro Zdero, que el 18 de septiembre, en segunda vuelta, le arrebató el bastón de mando. Fue el cierre de un proceso electoral del que el Coqui salió embarrado hasta el cuello por el asesinato de Cecilia Strzyzowski en medio de una trama oscura protagonizada por una familia de punteros del oficialismo y denuncias de manejo clientelar de recursos públicos volcados a la asistencia social. Un mes y medio después, Capitanich coronó un año catastrófico. No pudo retener la Municipalidad de Resistencia, también a manos de un radical, pero encima perdió mal: su candidato salió tercero. Pese a todo, el Presidente lo anotó entre las figuras que tienen "mucho para dar en el futuro". ¿En serio, Alberto? ¿Capitanich? ¿Justo ahora?

Sergio Massa

El saliente mencionó también al ministro de Economía, que está por dejar el Palacio de Hacienda con el doble y pico de la inflación que heredó de Martín Guzmán, en agosto de 2022. Al hincha de Tigre se le adjudica la virtud de haber convertido en una fuerza competitiva a la responsable de un gobierno malo; de haber puesto a un peronismo maltrecho en la final y de haberle dado la chance de liderar la oposición montado sobre el 44% de los votos emitidos en el ballotage, nada menos que 11,5 millones de sufragios. Con todo, Massa perdió y se sabe: los amigos del campeón se desvanecen en la derrota (botón de muestra: "Massa no es nuestro jefe", le dijo a Letra P un dirigente de primera línea del peronismo santafesino, que había encontrado en el ministro un estímulo para volver a la calle después de la catástrofe protagonizada en las elecciones provinciales). Además, ¿no es licito ver el vaso medio vacío e identificar a la fallida gestión massista en el Palacio de Hacienda como el tiro de gracia en la cabeza de un gobierno agonizante? Además, ¿podría conducir el peronismo un dirigente que tiene partido propio y, por eso, reniega de presidir el Partido Justicialista? Todo es posible en la dimensión descosida de la política nacional, al punto de que este domingo Javier Milei tomará el mando de la Nación.

Axel Kicillof

En medio de ese mar infestado de penurias y carencias, el gobernador de Buenos Aires blindó el fuerte y detuvo en sus fronteras la ola ultraderechista que inundó el país. No lo hizo sufriendo: ganó por paliza (por casi 20 puntos) y depositó en su cuenta política la friolera de 4,2 millones de votos. En algo se parece a Alberto Fernández: en cuatro años al mando de la provincia, se abstuvo de trabajar en la construcción del kicillofismo. ¿Dará el paso, como diría Facundo Manes? Letra P ya contó que no lo tiene resuelto: frente o retaguardia, esa es su cuestión. Si alguna vez lo diera, ¿encontraría los acordes para interpretar una canción nueva que representase a todos? ¿Se animaría a tocarla aunque a Cristina no le gustara?

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