Horacio Rodríguez Larreta, “ciempiés” de patas peronistas y el subconsciente traicionero de Germán Garavano

Horacio Rodríguez Larreta, “ciempiés” de patas peronistas y el subconsciente traicionero de Germán Garavano

El interés electoral puede dejar en emergencia a la Casa Rosada en el Consejo de la Magistratura. El oficialismo tiene un nuevo frente de crisis en el Congreso.

El Gobierno arriesga poder por electoralismo con cara de hereje

Todos toman posiciones para cualquiera de los resultados electorales y despuntan acuerdos y ajustes de cuentas en función de quienes quedan y quienes se van. Comenzó la transición, que técnicamente es una crisis, porque no se conoce el resultado electoral; algunos tienen final de mandato asegurado, otros siguen y muchos vendrán. La manera como han encarado los partidos el armado de las candidaturas dice mucho sobre las urgencias que tienen, y cómo en algunas oportunidades, arriesgan construcciones muy finas y elaboradas, que costaron un gran esfuerzo lograr y que pueden disipar una inoportuna - aunque fatal - brisa electoralista.

El mejor ejemplo lo da el territorio siempre ardido de la justicia. El gobierno puso en emergencia su poder en el Consejo de la Magistratura, armado finamente durante tres años con compromisos que parecen desmoronarse aun antes de las elecciones.

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Un ejemplo: el principal responsable del gobierno en el tema justicia, el diputado Pablo Tonelli, figura en el puesto 7 de la lista de candidatos a diputados por la CABA. Es el número de corte de la cantidad de entrables en la cámara, y queda en el filo de entrar o no. Iba a ser el segundo de una lista encabezada por Mariana Zuvic, que retrocedió por el señalamiento en las investigaciones de espías, del juzgado de Dolores de Alejo Ramos Padilla. Pasó Maxi Ferraro al número 1 y Tonelli bajó, por el cupo 50/50, al quinto lugar.

Pero le pusieron encima al radical Emiliano Yacobitti, y al diputado Álvaro González, otro de los imprescindibles de macrismo, encargado de operaciones políticas subterráneas pero necesarias. Lo dejaron en el número 7. Cuando levantó la queja en Olivos, le respondieron que eran pedidos innegociables de Horacio Rodríguez Larreta, jefe del distrito. "No está a mi alcance hacer nada", respondieron del vértice, "pero quedate tranquilo, que vamos a tener ocho diputados".

El sistema del Consejo, en caso de un nuevo mandato de Cambiemos, depende de ese resultado optimista. Ya salió de ahí Miguel Pichetto, reemplazado por el cristinista silvestre Juan Mario Pais, que pidió ocupar, como el rionegrino, la presidencia de la comisión de Acusación de jueces, la más importante del Consejo. En este turno también terminan su mandato Graciela Camaño, una diputada que asegura moderación, y su suplente, Martín Llaryora. Ella puede volver si reelige; Llaryora no, es el nuevo intendente de Córdoba. Del cristinismo se va el polémico Rodolfo Tailhade, uno de los "whips" de la oposición peronista, que quedó más que atrás en las listas y eso hace difícil que reelija. En suma, que el formato del Consejo, que logró cubrir más de 200 vacantes de jueces en tres años, queda prácticamente desarmado.

Es uno de los rostros de la crisis en el oficialismo, que despuntó cuando no defendieron en 2018 la banca de Mario Negri en el Consejo. La justicia fue uno de los grandes logros del Gobierno, después del tendal que dejó la administración anterior, con vacantes, subrogancias y quimeras de justicia legítima. Y lo que costó armarlo. En la sesión de jueces ya faltaron votos para citarlo al camarista Alejandro Slokar en una causa denunciada por Elisa Carrió. Todos entienden que ese órgano queda empantanado hasta que asuma el nuevo Congreso.

Larreta activa el SAME para recoger heridos del cierre

Ese poder de Larreta para decidir sin interferencias de Olivos la posición de Tonelli en la lista, se tramita en la máxima discreción. En una campaña importan más los intereses directos del distrito Capital, que pueden herir a los del Gobierno Nacional en el Consejo de Jueces. Sin ganar elecciones, lo demás es secundario, aunque sea la política judicial a largo plazo.

Esta migración del grupo Monzó, que se siente fuera del Gobierno, corre en el entorno de la ampliación y blanqueo del peronismo preexistente en Cambiemos. Y tiene hoy una terminal provisoria, el grupo SAME de Horacio Rodríguez Larreta, con una flota de ambulancias para recoger heridos.

A Monzó ya le llegó el mensaje: a disposición para lo que necesités. Larreta es un ciempiés en materia de patas peronistas, y construye la sucesión de Macri para 2023 con argamasa peronista. Macri siempre chanceó ante Horacio - antes del Pichettazo - sobre “tus amigos peronistas” – referencia cruel a la amistad que tiene con el eje generacional Massa, Urtubey y siguen los nombres. Un Monzó en la ciudad es funcional a este proyecto, como lo fue siendo el constructor del partido del ballotage, que lo hizo presidente a Macri en 2015.

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En esto Larreta juega varias casillas adelante, y desconcierta a sus propios socios con movimientos innegociables como la captura de Martín Lousteau para su espacio, a quien puede imaginar como su sucesor en el gobierno de la CABA en 2013, cuando él se postule a la presidencia, algo que hará gane o no Macri un segundo mandato, porque retendrá siempre el portaaviones electoral que significa este distrito.

Hay quienes imaginan a Lousteau como ministro de Economía de un segundo mandato. Cuando habla con Macri o con Pinedo, Lousteau sólo habla de economía. Así se explica otra jugada a tres bandas de Larreta, que es ponerlo a Mario Quintana de senador suplente por la Capital, un pedido de Elisa Carrió.

La jefa de la Coalición quería a Quintana de cabeza de lista. Lo mantiene a disposición, en función piloto, al ex integrante del grupo “ojazos” (los vicejefes de gabinete del primer bienio del gobierno macrista).

Esta trama se entiende por la relación de Monzó y Larreta con la senadora Marta Varela, que deja la banca, pero permanece como suplente de Guadalupe Tagliaferri, segunda senadora titular. Varela se resignó a aceptar este downgrade en la confianza en que Macri puede repetir, y que Tagliaferri vaya a un cargo ejecutivo en un colectivo bingo para todos.

El peronismo muestra nueva dentadura en el Congreso

Los efectos del armado de candidaturas son el motor de las negociaciones y los pases de factura. Para el oficialismo hay otro frente en plena crisis. La sesión de diputados del miércoles, pactada para temas mansos y conversados, quedó sin quórum cuando se iba a tratar un Protocolo de Cooperación y Facilitación de Inversiones Intra-Mercosur.

Una suerte de tratado chico, más bien declarativo, pero en línea con otro que se había aprobado para inversiones con Chile. Cuando se comenzaba a discutir el proyecto, el cristinismo y sus amigos de los bloques Federal (Urtubey) y Renovador (Massa), adelantaron la abstención y después dejaron la sesión sin número.

La abstención fue anunciada al unísono por el "Vasco" De Mendiguren, Guillermo Carmona, José Luis Ramón, Juan Fernando Brügge y Luis Contigiani. Un acuerdo opositor que no es ninguna casualidad. Fue un gesto de fuerza en un tema inocuo, una manera de poner en evidencia que se trataba de un alarde, para dejar en claro que el oficialismo no domina más la cámara.

​Algo parecido había ocurrido el martes en el Senado, donde el peronismo avisó que no dará número para tratar los pliegos de más de 60 jueces de todo el país, que ya tienen acuerdo. El argumento del peronismo es que no le van a aprobar jueces a este gobierno.

Estos candidatos a magistrados han ganado concursos y han hecho sus audiencias, y son de fueros ordinarios sin compromiso con la política. Además, todos esos pliegos están en conocimiento de los gobernadores, de quienes son referentes los senadores. Frenarlos es una manera de barajar y dar de nuevo, revisar los pactos con los gobernadores a la luz de la campaña electoral.

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Este miércoles Federico Pinedo auspicia en el Senado una cumbre final de los bloques que hacen quórum, Cambiemos y los federales, para destrabar estas designaciones de jueces, rescatando los acuerdos previos que ahora algunos quieren revisar. Estarán los jefes de bancada Luis Naidenhoff, Humberto Schiavoni, Ángel Rozas y Carlos Caserio, sucesor de Pichetto en la bancada del peronismo no cristinista.

¿Qué pasó? Que se rompió el tándem Pichetto-Rodolfo Urtubey (presidente de la comisión de acuerdos), que representó durante años los intereses judiciales del peronismo y de los gobernadores. Es otro modelo para armar.

Las elecciones también justifican acuerdos difíciles de explicar

De estas maniobras se salvan acuerdos de nivel más alto y poco explicables en público. Por ejemplo el envío del pliego del candidato a juez Federal y electoral de La Plata Laureano Durán, tercero en orden de mérito en una terna que encabezan el polémico Alejo Ramos Padilla, el juez de Dolores que investiga las picardías de la campaña, y Jorge Di Lorenzo. Durán fue subrogante del juzgado electoral más importante del país durante el gobierno anterior, promovido por el escurridizo viceministro de Justicia de entonces, Julián Álvarez (hoy vecino de Barcelona).

Se presentó al concurso en el Consejo de la Magistratura y sacó el orden de mérito 12. Cuando parecía condenado al archivo, comenzaron las presiones de María Eugenia Vidal para que lo pusieran en la terna. Subió al 8 y con esfuerzo terminó tercero.

La gobernadora argumentó ante los consejeros - sorprendidos por la pasión de ella por alguien identificado con el cristinismo - que lo quería en la terna porque la había tratado muy bien cuando ella era candidata. Presumen entre los consejeros que ese pedido responde a negociaciones de su gobierno con sectores del peronismo provincial en favor de su chance como candidata. Esto movió al Gobierno a enviarlo a la Corte, con el argumento de que tiene un preacuerdo conversado con la oposición.

Lo reveló el ministro Germán Garavano, que actúa sin subconsciente, cuando le preguntaron por qué el Gobierno demoraba la cobertura de la vacante en la Cámara Nacional Electoral que disputan dos letrados del tribunal, Alejandra Lázaro, con apoyos radicales, y Hernán Gonçalves Figueiredo, respaldado por los peronistas. "Es un cargo muy importante - dijo hace algunos días en Tucumán -, y todavía estamos buscando el consenso interno y externo. Sin duda es un pliego que debe tener un gran apoyo y estamos tratando de construirlo, como sucedió con el caso de Laureano Durán, candidato a juez de la provincia de Buenos Aires, tal vez el distrito electoral más significativo del país." Nunca se había confesado desde tan alto cargo del poder Ejecutivo que los acuerdos se construían allí y no en el Congreso. El subconsciente es muy traicionero.

La Defensoría, un "siamo fuori" platinum para Monzó

En esta transición puede haber sorpresas "out of the box". La Argentina tiene vacante desde 2009 el cargo de Defensor de la Nación, función creada en la reforma de la Constitución de 1994. Para cubrirlo hacen falta 2/3 de los votos de las dos cámaras, un requisito difícil de reunir en un país con un sistema político en crisis, en donde los acuerdos son mal vistos. Los intentos para reparar esta vacante han chocado con las inquinas partidarias, porque es más difícil que nombrar un juez de la Suprema Corte.

En la Argentina hay solo dos personas que tendrían el voto bipartisano del oficialismo y la oposición para esa función, Federico Pinedo y Emilio Monzó. Los dos han ocupado durante 4 años las presidencias del Senado y de la Cámara de Diputados, con el apoyo de Cambiemos y de todos los peronismos.

Cuando se renovaron estas funciones en 2017, el peronismo mandó a decir que respetarían la propuesta de la primera minoría de las cámaras, siempre y cuando los mantuvieran sólo a ellos en la presidencia, y no a otros. Pinedo tiene una ventaja, que es la moción de Cristina Kirchner para que el ocupara el cargo, consigna que impuso en 2015 cuando dejaba el poder. Monzó peligró en 2017 y la oposición mandó a decir que mejor lo mantuvieran, porque si no, votarían a un peronista propio. Este consenso ganado por Pinedo y Monzó podría darles el acuerdo para una función necesaria, y que está a cargo de un adjunto desde hace una década.

Esa carencia de Defensor le ha provocado problemas al país en la calificación externa, por ejemplo, en el G-20 en donde uno de los requisitos es tener ese cargo en funcionamiento. El año pasado fue necesario recurrir a algún parche técnico para que la Argentina no recibiera una degradación en su calidad institucional en el G-20. Si hay una transición ordenada del poder, con cualquier resultado, nadie se extrañará si alguno de los dos es propuesto y votado como defensor.

Pinedo no parece demasiado interesado en cubrir el cargo porque se siente, en caso de ganar Cambiemos la reelección, más cerca de asumir un cargo relacionado con la economía, tema de sus interminables conversaciones con Macri y economistas como Lousteau. Monzó, en cambio, está más cerca de considerar esa dignidad que lograría, con el voto abrumador y rosquero de oficialismo y oposición, en una salida más que honrosa de sus tareas actuales. Un "Siamo Fuori" platinum.

El acuerdo Mercosur-UE mareó a la oposición, cuando podía haberlo festejado

La búsqueda de un discurso unificado con sentido positivo es la tarea pendiente en el comando F&F. El Instituto Patria está abocado a sostener una red de apoyos en el interior que repare el escenario de la boleta corta.

Esa decisión de gobernadores peronistas que han ganado nuevos mandatos, es la manera de recuperar espacio electoral en donde el ex Cambiemos tiene un activo a pelearle: en seis de los siete distritos más grandes, el oficialismo ha logrado hasta ahora resultados favorables, ganando con resultados beneficiosos como los de Córdoba y Santa Fe.

Esta crisis en los territorios arrastra la otra división del peronismo, que es en torno al liderazgo, hoy fragmentado y con pocas posibilidades de remedio desde la oposición, como le ha ocurrido siempre al peronismo cuando no tiene poder. Fuera del poder, el peronismo es todo lo que se divide por dos, como se decía de la izquierda cuando existía la izquierda. El tercer pilar de la acción política es el programa. El peronismo no acierta en unificarlos, por fuera del esperable formato del bloqueo y la defensa reivindicativa del pasado - tarea que hasta ahora caracteriza a la fórmula F&F. La reacción ante el anuncio del acuerdo Mercosur-UE es una prueba de la fragilidad en cuanto al programa. El anuncio cerró más de 20 años de negociaciones en las que actuaron todos los gobiernos de todos los signos. El último tramo del acuerdo estuvo a cargo del gobierno Macri, pero retomó lo que habían hecho los gobiernos Kirchner. Las dos administraciones, además, confiaron en los mismos funcionarios de la Cancillería.

Las críticas de Alberto y  Kicillof responden a las necesidades de la campaña, pero eluden esa realidad. Nunca se sabe cuánto garpan estas cosas en votos. Pero criticar el acuerdo que ellos ayudaron a lograr en 12 años de gobierno, quizás paga menos que alzar la bandera de que salió por lo que ellos hicieron. Eligieron, con dudas, la crítica a la apertura de la economía. Si tuvieran un equipo sólido de discurso, podrían haber evaluado los beneficios de quedarse con ese triunfo que ahora festeja el gobierno, que conoce de la inautenticidad de los reproches de la oposición, por un acuerdo que promete beneficios objetivos al país. Depende, como en todos los acuerdos de este tipo, de cómo se reglamenta y se aplica en el mediano y el largo plazo. Fernández algo percibió, porque moduló por lo menos cuatro tipos de declaraciones, desde el rechazo al acuerdo a la que dice que si hay que revisarlo se revisará. Poco para un candidato a presidente que tiene que mostrar un discurso coherente ante el electorado de centro, el que necesita capturar para su fórmula.

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