A un año del video de Cristina Kirchner que cambió la política y llevó a Alberto Fernández a la Casa Rosada

A un año del video de Cristina Kirchner que cambió la política y llevó a Alberto Fernández a la Casa Rosada

El 18 de mayo de 2019, la ex presidenta anunció que no encabezaría la boleta del kirchnerismo. Cómo modificó el escenario esa decisión.

A las 7 de la mañana del sábado 18 de mayo de 2019, de una oficina del primer piso del Instituto Patria salió un oficial de la policía federal vestido de civil hacia el departamento de Florencia Kirchner. El mensajero, uno de los custodios de Cristina Kirchner, viajó desde la plaza del Congreso hasta Constitución con un pen drive con el video que estaba por cambiar el panorama político argentino de un modo que nadie esperaba. En el Instituto Patria se habían decidido por la solución analógica porque calculaban que transferir un video de casi 13 minutos por correo electrónico les iba a tomar demasiado tiempo. “Cristina lo quiere publicado a las 9. Exportar esto nos va a llevar más de una hora. Imposible”, dijo una de las cuatro personas que conocían el material hasta ese momento, y que estaban en la oficina donde el equipo de comunicación de la ex presidenta tiene instalada la isla de edición y las computadoras para preparar el material audiovisual que suben a las redes sociales.

En la casa de su hija, que en ese momento estaba en Cuba, Cristina aprobó rápidamente la edición de imágenes que Tristán Bauer, Hernán Reibel y dos editores de su equipo habían montado para acompañar el relato de 12.51 minutos que la senadora había grabado en un teléfono 20 horas antes. El mensajero-custodio viajó también hasta la casa de Máximo Kirchner en Balvanera para conseguir una segunda aprobación. Con esos dos sellos, desde el Instituto Patria subieron a youtube a las 9:10 el video titulado con la sintaxis apurada y grandilocuente que cultiva Cristina en sus discursos: “En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones”.

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La prisa de los editores del video en esa mañana tenía una explicación. Cristina quería que su doble jugada -renunciar a la postulación presidencial y en la misma pirueta anotarse en la candidatura para vicepresidenta- fuera una verdadera sorpresa para su rival Mauricio Macri pero, sobre todo, dejara sin espacio y sin tiempo al peronismo tradicional para armar una boleta competitiva y propia, equidistante de Cambiemos y del kirchnerismo. Puntualmente, con ese video y las situaciones que desencadenó, Cristina iba a obligar a Sergio Massa y a los gobernadores a jugar junto a ella. Por eso, desde el miércoles 15, cuando la senadora le comunicó a Alberto Fernández su plan, que incluía entronizar en la boleta a su ex jefe de Gabinete, sólo unos pocos dirigentes del kirchnerismo habían sido bendecidos con la posibilidad de conocer el secreto. En esa lista corta estaban Máximo Kirchner, Oscar Parrilli, Eduardo Wado De Pedro y Santiago Cafiero​, a quien le reveló la noticia el hoy presidente. Los encargados de hacer el video se enteraron de lo que ocurriría el viernes al mediodía, cuando les entregaron el audio con el discurso de Cristina.

El equipo de comunicación de la ex presidenta venía entusiasmado con la repercusión que pocas semanas antes había tenido un video -también obra de Bauer- en el que Cristina había anunciado la enfermedad que le habían diagnosticado a su hija Florencia y también con el éxito que había tenido la aparición de Sinceramente, el libro que publicó la ex presidenta el año pasado con el recuento de sus anécdotas y sus obsesiones.

El video se publicó y en pocos minutos quedó claro que sería la noticia del fin de semana. El anuncio abre con un hombre de espaldas agitando una bandera argentina sobre la Punta Princesa del Cerro Catedral, en Bariloche. Es una de las imágenes que había mandado a grabar el equipo de comunicación de Cristina para usarlas en algún momento de la campaña, y en todas se repetía el motivo de la bandera flameando sobre diferentes paisajes de la Argentina. Luego, el relato en off con la voz de Cristina recorre imágenes de actos del kirchnerismo. La bomba estaba esperando en el minuto 1:50 del video. Después de un fundido a negro, Cristina anuncia, en una frase reforzada por el subtitulado: “Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice, para participar en las próximas elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Sí, las famosas PASO”.

El video también dejaba en claro lo que Cristina había dicho varias veces en sus conversaciones en privado y alguna vez en público: el plan de formar una coalición amplia que incluyera a todos los sectores que pretendían cortar la posibilidad de reelección de Macri. La crisis económica había generado una situación nueva. Por primera vez en mucho tiempo había más gente que le tenía más miedo a la continuidad de Macri que al regreso de Cristina. Esa situación era llamativa, sobre todo para alguien que, luego de muchos años de ser imbatible, se había transformado en una máquina de perder elecciones, en un degradé que mostraba sucesivas fragmentaciones del peronismo, especialmente en la provincia de Buenos Aires.

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Alberto Fernández, el principal beneficiario de la jugada, pudo ver el video en el mismo momento que el resto de los argentinos. Cristina había tenido la delicadeza de mostrarle un día antes, en una reunión en la casa de su hija Florencia, el discurso que ella había escrito, pero lo hizo después de grabarlo, y cuando Bauer y su equipo ya estaban trabajando en la edición de imágenes. Su vida ya no sería la misma, y desde ese día, aunque con algunos vaivenes, se ocupó de correrse hacia el centro del espectro político y de recolectar dirigentes del peronismo que no querían hablar con Cristina, pero con él sí.

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Enfrente tardaron en reaccionar. Cuando ya habían pasado varias horas desde que había empezado a girar en las redes sociales y la noticia ya encabezaba todos los portales periodísticos del país, Macri mandó a decir que ni siquiera había visto el video. Pero el entonces presidente sabía muy bien qué decía el mensaje. Marcos Peña, su jefe de Gabinete y jefe de campaña, se había enterado de la noticia por los mensajes de los periodistas que empezaron a pedirle opiniones por whatsapp. Esa mañana, Peña estaba en la casa que alquila en Pilar. Vio el video y habló con el Presidente. No hay testigos de esa primera conversación telefónica entre Macri y Peña, pero, a juzgar por lo que pasó en los días que siguieron, ninguno de los dos se inquietó por la novedad. “Ellos siguieron diciendo durante meses que los votos no se trasladaban y que Alberto era un mal candidato”, recuerda un ex funcionario de Macri que participaba en las conversaciones sobre estrategia electoral.

En las semanas siguientes, en la coalición oficialista fracasó un intento de convencer a Macri de que, ahora que Cristina se había corrido, el mejor plan era cambiar de candidato. Ese mismo juego ya había fallado en el verano, cuando importantes jefes de Cambiemos habían intentado impulsar una candidatura presidencial de María Eugenia Vidal.

También se desechó la propuesta -que impulsaron Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y la propia Vidal- de abrir la alianza para incorporar a Sergio Massa, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y otros gobernadores peronistas y hacer una interna larga en la que compitieran todos. “Ahí nos faltó la generosidad que después tuvo Cristina con Massa y jefes provinciales como Gerardo Zamora o Carlos Rovira​, con los que compartió el poder y les dio cargos incluso en la línea de sucesión presidencial”, admite otro importante dirigente de Cambiemos.

En las semanas y meses siguientes, Cristina mantuvo un perfil bajo que solo rompió en las presentaciones de su libro en las provincias, verdaderos actos de campaña pensados por su equipo para limar las características de la personalidad de la senadora que más irritaban a los votantes que no la idolatran. Allí aparecía sentada, frente a una mesa, y no daba discursos: respondía preguntas amigables de un moderador y escuchaba aplausos. En esos meses, el candidato a presidente acumuló kilómetros sacándose fotos con postulantes del peronismo y los dirigentes más cercanos a Cristina armaron las listas en todo el país, resignando lugares para nuevos aliados como no habían hecho en elecciones anteriores. Después, sólo hubo que esperar el avance del calendario electoral.

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