Desconcierto y malhumor en los focus groups de campaña: afectan a todos y el final es incierto

Desconcierto y malhumor en los focus groups de campaña: afectan a todos y el final es incierto

Los que los hacen quedan azorados. La estrategia de Macri y de Alberto Fernández. Las dudas de Massa y las diferencias con Lavagna.

Donald Trump conserva un índice de imagen negativa importante desde que asumió la presidencia de los Estados Unidos, aunque tiene altas chances de ser reelegido en noviembre del año próximo. En Ucrania acaba de conquistar la presidencia un humorista sin ninguna experiencia política. La administración de Emmanuel Macron empezó a recuperarse frente al desafío de los chalecos amarillos, pero así y todo es reprobada por 6,5 de cada 10 franceses.

Las críticas por la falta de libertades y la desaceleración de la economía no le impidieron a Narendra Modi obtener la reelección en la India. Mucho más cerca, en Brasil, Jair Bolsonaro cumplió los primeros cien días en el poder con el peor índice de popularidad para un presidente de su país desde la recuperación de la democracia, en 1985.

Muchos creen que, en este contexto global de inestabilidad, Argentina también tiene su pequeño milagro. Después de un período de ajuste, en plena recesión y con la inflación más alta desde 1992, Mauricio Macri aún está a tiro de volver a ser elegido. Lo ayuda su principal adversaria, Cristina Fernández de Kirchner, que estaría presa si no contara con los fueros parlamentarios y sobre quien pesan diez procesamientos y cinco pedidos de prisión preventiva.

Más: de las causas en su contra, cinco ya fueron elevadas a juicio oral. Uno comenzó hace dos semanas y otros dos serán unificados (Hotesur y Los Sauces) y el tribunal espera iniciarlo en septiembre. A propósito: en los próximos días el juez Claudio Bonadio sumará un nuevo procesamiento por un desprendimiento de la causa de los cuadernos.

No hay un único factor para explicar semejante fenómeno, desde luego. En el equipo de estrategas que comanda Jaime Durán Barba, por ejemplo, conjeturan que el plan reeleccionista sigue en pie porque ninguna fuerza ha sido capaz de construir un nuevo Macri. No hablan en términos ideológicos ni de capacidades. Hablan de la falta de astucia de la oposición para instalar un dirigente nuevo, disruptivo, convocante. Hubiera sido letal para el conductor de Cambiemos.

El cruce de datos y los trabajos de focus groups devuelven la misma sorpresa en todos los comandos de campaña. Los votantes están malhumorados y preocupados por el futuro. Y expresan, sobre todo, una coincidencia sistemática en los últimos meses: el desconcierto que emana de la clase política no ayuda a despejar sus dudas y rencores.

Alberto Fernández, en un acto con el peronismo porteño.

¿Cómo explicarles a los votantes más comprometidos con Sergio Massa que podría volver al kirchnerismo? ¿Qué cosa tan grave pasó entre Roberto Lavagna y Miguel Angel Pichetto, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Massa como para que el economista decida presentarse por afuera de Alternativa Federal? ¿Cómo interpretar que Alfredo Cornejo, el presidente del principal partido aliado del Gobierno, impulse una alianza con peronistas y que diga públicamente que Macri debería bajarse de la pelea?

El desconcierto de la ciudadanía complica a los partidos que gobernaron o gobiernan, aunque también envuelve a los dirigentes que se denominan progresistas o que aspiran a ser distintos. Martín Lousteau dijo la semana pasada que él no integra Cambiemos. ¿Cuál sería su lugar si en diciembre de 2017 decidió afiliarse a la UCR y el partido ya formaba parte de la alianza gobernante?

Mauricio Macri y Juan Manuel Urtubey mantienen buena sintonía.

Los sectores de centroizquierda, que suelen capitalizar el descontento en tiempos de rebelión social, no arrastran menos inconsistencias. Pino Solanas pasó 12 años denunciando la corrupción kirchnerista y saltó sin escalas a posar con Cristina en el Instituto Patria. Otros dos casos llamativos son los de Claudio Lozano y Víctor De Gennaro, dirigentes de la CTA y tenaces opositores a los gobiernos de Néstor y Cristina, y hoy flamantes aliados.

El récord quizá lo tenga Victoria Donda, que podría ser la principal rival en la Ciudad de Horacio Rodríguez Larreta. Se alejó del cristinismo espantada por la acumulación de pruebas y causas. En 2013 caminó las playas en campaña con Alfonso Prat-Gay, y dos años después, roto ese vínculo, se postuló para diputada de la mano de Margarita Stolbizer. En 2017 acompañó y pidió el voto por Massa y poco después se alejó junto a Facundo Moyano. En febrero de este año declaró que su apuesta era Felipe Solá porque era el único que le podía ganar a Macri. Ya de regreso al kirchnerismo, para competir espera la bendición de La Cámpora, a quien ella misma denunció años atrás porque -en la jura en el Congreso- la insultaban con tono machista desde las gradas.

Sergio Massa mantiene en duda con quién competirá este año.

La acumulación de cambios repentinos y los interrogantes que persisten a menos de un mes para el cierre de listas hacen imposible que haya mediciones que puedan ser tomadas como palabra santa. El sinfín de encuestas que circula es, en el mejor de los casos, una aproximación. Nunca un veredicto inapelable para tomar decisiones. Los candidatos prefieren las investigaciones que surgen de los focus groups, aunque muchos quedan azorados y suman confusión a partir de las cosas que escuchan.

Los macristas abocados a la campaña le dicen a Macri que el secreto para obtener la reelección pasa por recuperar una fracción del notable universo de votantes que, cuando se le pregunta si está seguro de a quién va a votar, responde que no. Se trataría de entre un 50 y un 60 por ciento de los electores. Hacia ellos apuntan los spots y la estrategia que traman en el despacho de Marcos Peña.

Los asesores del jefe de Gabinete ya no sostienen que la disputa electoral la animará “el pasado versus el futuro” sino “el antes y el ahora”. Eso explica la tanda de spots donde voces anónimas celebran las nuevas autopistas, el Paseo del Bajo o el asfalto y las cloacas hechas donde antes había barro. Hay otros que se están por filmar. Los publicistas recopilan imágenes de vecinos del Conurbano que salían de sus casas a trabajar con bolsas de nylon atadas a los tobillos para no ensuciarse los zapatos y que en la actualidad caminan por calles asfaltadas. Un colaborador de un intendente de la zona oeste del Gran Buenos Aires agendó el teléfono de una mujer que sin querer aportó una frase que podría ser parte de un spot: “Ahora me puedo comprar zapatillas blancas”.

Peña y Durán Barba evitarán que los candidatos se zambullan en debates sobre la economía, uno de los temas en los que desde Alberto Fernández hasta Lavagna podrían sacar ventajas. El compañero de fórmula de Cristina intenta que lo asocien con la mejor época kirchnerista, es decir, los primeros años de Néstor Kirchner, cuando la actividad crecía y se creaba empleo.

Ese entusiasmo llevó a Pepe Albistur a confeccionar un primer spot en el que Alberto Fernández aparece en un atril y agradece, enérgico, las comparaciones con Kirchner. Pero ese spot, lejos de alegrar al candidato, lo enfureció. Lo lanzaron sin su autorización y lo distribuyeron entre usuarios con millones de seguidores en las redes sociales. El video se viralizó rápidamente. Pero Albistur no advirtió -¿o no quiso advertir?- un detalle: dura un minuto y cuarenta segundos y la cara de Cristina no aparece ni una sola vez.  

Coment� la nota