Las últimas movidas revelan movimientos y realineamientos, a cincuenta días del cierre de listas. El contenido de la unidad hace que mute el intendentismo. La cuestión no es solo PASO o lista única. ¿Qué peronismo prevalecerá?
Las últimas movidas revelan movimientos y realineamientos, a cincuenta días del cierre de listas. El contenido de la unidad hace que mute el intendentismo. El quid de la cuestión no es solo PASO o lista única. ¿Qué peronismo prevalecerá?
Por Agustín Cesio (@agustincesio)
La ex presidenta Cristina Kirchner cenó anoche, antes de declarar hoy en Comodoro Py, con 16 intendentes, su hijo Máximo, la cúpula de La Cámpora y el presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza. Fue en la casa de Juan Cabandié, en Caballito, donde la semana pasada comieron asado gran parte de los asistentes.
Si bien los consultados por La Noticia Web difieren apenas en los detalles subsiguientes -en definitiva esto muestra que estamos ante tribus con lecturas particulares-, todos coinciden en lo primordial: Cristina escuchó a los intendentes, quienes explicaron la situación que se vive en cada uno de los distritos. Además, evitó referirse a alguna posible candidatura, incluida la suya.
La ex presidenta, que se apareció sin aviso previo, se movió como líder, realizando definiciones políticas pero, como se dijo arriba, escuchando en lugar de ordenar. Instó a los jefes comunales a que estén cerca de sus vecinos en los conflictos, brindando soluciones dado que, considera, la situación económica va a empeorar. En rigor, vaticina que luego de las elecciones el ajuste se va a profundizar. Por otro lado, advirtió que el gobierno buscará avanzar por la caja de los jubilaciones para cubrir el déficit.
La movida reveló movimientos en el peronismo. Este hecho puede leerse como la bendición de Cristina a este neonato “Bloque Caballito”, tal como lo definió el periodista Pablo Ibáñez. Su punto de unión es gambetear unas PASO que le aporten toxicidad a un peronismo en la oposición. Bajo esa premisa se dio el primer encuentro, la semana pasada, también en la casa de Cabandié.
Fueron de la partida, en aquella ocasión, Máximo Kirchner, “Wado” de Pedro, y Andrés Larroque, por el camporismo; el presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza; y por el lado de los intendentes, Martín Insaurralde, Leo Nardini, Gustavo Menéndez, Verónica Magario, Walter Festa, Juan Pablo De Jesús, Jorge Ferraresi, Mario Secco, Pablo Zurro, Ariel Sujarchuk, Paco Durañona, Juani Ustarroz.
Ayer se amplió esta mesa, al agregarse Mariano Cascallares, Alberto Descalzo,y Hugo Corvatta -quien estuvo en la reunión con Randazzo en el NH- por el lado de los intendentes. Por Berazategui, reemplazó a su hijo el diputado Juan José Mussi. Por Cañuelas asistió Gustavo Arrieta aunque la jefa comunal es su esposa, Marisa Fassi. Finalmente, completó la cena la diputada camporista Mayra Mendoza, la tercera mujer.
Lo que se busca, en cierta medida, es avanzar en un armado electoral lo más sólido posible, para evitar fugas, pero sobre todo un aglutinamiento de dirigentes en pos de lograr una lista de unidad, doblando en número a la masa crítica que reclama PASO y se viene reuniendo alrededor de Florencio Randazzo.
El contenido de la unidad hace que mute el intendentismo. Con seguridad, puede decirse que el faccionalismo que caracterizó al peronismo en 2016 no cesó. Cambió de nomenclatura. La entrada al año electoral pone en el tapete la discusión sobre la estrategia a adoptar, y es allí donde el entrecruce de distintas biografías políticas con objetivos propios suma un nuevo giro.
Las agrupaciones fueron una característica del peronismo, desde su nacimiento. Si el año pasado fue dominado por los Esmeralda, Fénix, El Establo, Patria, el actual las reduce, aunque no los elimina. Las afinidades cambiaron ubicando, por ejemplo, a algunos que el año pasado se encontraban en el Esmeralda con otros que estaban en el Fénix.
Hoy es ostensible ver a este “Bloque Caballito”, por un lado, y al randazzismo, por el otro. Utilizando el término que popularizaron para la ciencia política Lipset y Rokkan, el “clivaje” entre ambos es el contenido de una unidad que no reniega nadie: ¿PASO o lista única?
El ex ministro, junto con sus hombres chivilcoyanos y los intendentes Gabriel Katopodis, Juan Zabaleta y “Bali” Bucca, esbozan como argumento que competir en agosto hará que en octubre el peronismo arribe a una oferta electoral de mayor competitividad. Por esta razón, aseguran, serán parte de la compulsa sí y solo si habilitan lista para competir, con la ex presidenta, con algún delfín, “o con quien sea”, se jactan.
El conglomerado que cenó con CFK, por su lado, considera que embarcarse en una nueva “interna” en suelo bonaerense dejaría un saldo similar a la que se dio en 2015. Sobre todo, teniendo en cuenta que la disputa entre Aníbal y Domínguez dejó esquirlas aún candentes. A esto hay que sumarle una razón extra, propia de los intendentes guiados por una racionalidad orientada a los fines: ganar la mayor cantidad posible de concejales.
Este dato revela su carácter conservador, diríamos que casi un instinto de supervivencia. Aunque, por lo bajo, segundas y terceras líneas de algunos del “Bloque Caballito” optan por la opción randazzista. Es sabido que en el peronismo es tan difícil trazar límites. “Es de arena”, lo definió el artista Daniel Santoro el año pasado, en una entrevista a Revista Zoom.
Martín Insaurralde merece una mención aparte. Si bien está ubicado entre los comensales de Caballito, prefiere concebirse como nexo entre ambas opciones. Así lo dejó en claro en un sugestivo reportaje que el fin de semana pasado se publicó en La Política Online. “Lo que tengo para aportar es buscar las coincidencias entre los dirigentes que quieren representar el frente electoral del peronismo de la provincia de Buenos Aires” consideró.
¿Qué peronismo prevalecerá? El 14 de junio vence el plazo para la presentación de las alianzas electorales. El 24, para conformar las listas. ¿Lograrán para ese entonces agotar esta discusión? “Estamos en un juego de tensiones. Acá el que se calienta pierde, como siempre. Pero ojo, el que se caga también”, consideró un “Sin Tierra” de la Primera Sección para responder a la pregunta sobre lo que se puede venir, con un modo casi barroco de decir que puede pasar de todo.
Me permito agregar dos interrogantes más, sin contestarlos: ¿son convenientes unas PASO desde afuera del poder? Después de la debacle anibalista, ¿las estructuras o liderazgos de opinión garantizan que el electorado se incline por la opción que ellos desean?
De cualquier manera, las tendencias antedichas se vienen consolidando. De haber compulsa en el peronismo, imaginemos que el que gane, lo hará por la mínima, por una cabeza. Aquí me retrotraigo al encuentro del PJ bonaerense en San Vicente, en febrero pasado. Allí fui testigo involuntario de una conversación, siendo uno de sus protagonistas un funcionario de extrema confianza de uno de los alcaldes randazzistas. “La diferencia entre los grupos tiene que ver con las distintas posturas sobre lo que tenemos que hacer. La realidad le va a dar la razón a uno de ellos. Y el resto va a tener que acomodarse a eso”, dijo, y es una razón de peso para entender lo que dice Martín Rodríguez: el peronismo siempre es una versión de sí mismo.
























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