La guardiana de la antesala del poder se llama Agustina. Morocha, con flequillo, delgada, pestañas gigantes a fuerza de rímel, luce blusa animal print, pantalón negro ajustado y uñas rojo fuerte. Toma té mientras tararea en voz alta a Andrés Calamaro: "Esta veeeez, el doloooor va a terminaaar". Nada más adecuado para recibir a los "compañeros" que anhelan un cambio de gobierno. En el edificio de San Telmo, en México 337, trabajan unas 25 personas con una sola misión: convertir a su jefe, Alberto Fernández, en presidente.