El campo minado de Macri y Alberto F.

El campo minado de Macri y Alberto F.

Por Eduardo Van der Kooy

Son días en los que el candidato K aparece apremiado por la confianza que necesita de los mercados y los recelos de los ultra.

En los últimos 62 años la Argentina formalizó 18 acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Atravesaron dictaduras, democracia con gobiernos peronistas y no peronistas. Ninguno de ellos pudo cumplirse sin alteraciones traumáticas. Incluso desde 1982 se registraron dos default, uno de ellos (2001) el más grande de la historia. Podrían entenderse entonces las dudas que en sus conversaciones con Hernán Lacunza, el ministro de Hacienda y Finanzas, y el candidato K, Alberto Fernández, dejó traslucir el delegado italiano del FMI, Roberto Cardarelli. Mirando siempre por encima de sus anteojos, como un profesor inquisidor, el representante técnico tomó nota de las explicaciones del Gobierno y la oposición.Nunca disimuló perplejidad.

Ocurre, quizá como razón de la raíz de muchos males, que lo que tiene horadada nuestro país en el mundo es básicamente la confianza. Algo que hace pocos días manifestó Emmanuel Alvarez Agis, el ex viceministro de Axel Kicillof, y gestor activo de Alberto en estos días de crisis. El economista sinceró que “el problema no es el FMI, somos nosotros”. Sin avalar las recetas del organismo, Alvarez Agis destacó la salida razonable que en condiciones parecidas tuvieron Irak, Ucrania, Georgia y Bosnia. No omitió el fracaso de Grecia, quizás un espejo para la Argentina y Mauricio Macri. Allá Alexis Tsipras, que llegó al poder montado en la euforia de la izquierda, realizó un durísimo ajuste bajo el paraguas del FMI. Acaba de ser derrotado por la derecha que representa Kyriakos Mitsotakis. Aquí la fusión del PJ con el kirchnerismo terminó apaleando al Presidente en las PASO. Prólogo difícil de comprender de las elecciones generales de octubre.

La última brisa de confianza que Macri prometió recomponer en su época con una atendible apertura al mundo terminó pordiluirse cuando anunció otro incumplimiento. Habrá una renegociación de los vencimientos de la deuda, tanto interna como externa. El Gobierno busca descomprimir los pagos en dólares para ganar plafón y enfrentar la inestabilidad cambiaria que desató la incertidumbre política. Que echó sombras sobre el camino a recorrer hasta el último domingo de octubre. Tampoco convendría confundir el árbol con el bosque: el tembladeral responde a las inconsistencias de la economía que la Argentina no ha terminado nunca de abordar, por mezquinos intereses políticos, en 39 años de democracia.

El Gobierno estuvo, precisamente, obnubilado casi 72 horas por esos intereses mezquinos. Las marchas populares de respaldo, masivas y espontáneas, del sábado anterior lo sumergieron en un escenario de ensueños. Macri y su círculo íntimo volvieron a correr el foco hacia las elecciones de octubre. La plataforma para un hipotético milagro. Hubo un despertar abrupto cuando los mercados se estremecieron después del encuentro del FMI con Alberto y su equipo. Que tuvo dos versiones: la conversación privada en términos razonables; la traducción y la utilización política que hizo de ella la oposición K.

El problema verdadero consiste en realizar el tránsito hasta la votación sin caer en un caos. Existieron, a propósito, señales de entendimiento de parte del Gobierno. Lacunza resaltó el valor histórico que tendría el final del mandato en orden de un gobierno no peronista. Un imposible desde hace 90 años. Macri aceptó por primera vez que Cambiemos podría convertirse desde diciembre en oposición. También destacó el valor de la estabilidad para llegar a buen puerto. Una responsabilidad que cargó sobre todos. Aunque las cuotas resulten bien distintas: en primer plano figura el papel del Gobierno;más atrás, la disposición que pueda caberle a la oposición.

Finalmente, con el anuncio de la renegociación de la deuda Macri terminó por acercarse a una de las demandas de Alberto. Aunque en ese recorrido haya dejado capital político y heridos. Por lo pronto, sus dos principales laderos expusieron distancia y lo instaron a hacer algo. Fueron los consejos que escuchó de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. No hubo cortocircuitos con la gobernadora. Sí franqueza extrema. La mujer le pidió que dejara las manos libres a Lacunza. Ella había sacado de la encrucijada a Macri cuando no sabía de qué modo reemplazar a Nicolás Dujovne. Vidal también recordó una promesa nunca concretada por el ministro que renunció: el envío de fondos del Conurbano. No para solventar la próxima campaña. Sí para atender las necesidades sociales que se profundizaron en esa región después de la catástrofe en las PASO.

Vidal y Rodríguez Larreta pertenecen al corazón del macrismo. Pero ese cuerpo político ya no late en armonía. Hay un resquebrajamiento que no es posible ocultar. Involucra a Marcos Peña y a su círculo rancio. De hecho, el jefe de Gabinete ha perdido influencia interna y presencia pública. Macri lo sostiene igual. La gobernadora y el jefe porteño lo consideran culpable de haberle descripto al Presidente una realidad que las urnas demostraron que no existía.

En el rediseño oficial de apuro se advierten mutaciones. Patricia Bullrich se convirtió en una permanente difusora. Miguel Angel Pichetto asomaría con atribuciones que exceden su papel de candidato. Rogelio Frigerio continúa con su trabajo subterráneo para no herir susceptibilidades. Era el hombre que había indicado Vidal para sustituir a Peña. Elisa Carrió no ha perdido sus espacios de locuacidad, con el riesgo que encierran siempre sus palabras encendidas. El centro de gravedad, por lógica, lo atesora ahora Lacunza.

El nuevo titular de Hacienda y Finanzas fue crucial para el rumbo que tomó el Gobierno respecto de la deuda. Tendió todos los puentes posibles en dos direcciones: con el FMI y con Alberto, el candidato K. Requería esos pilares para progresar con la iniciativa. Esa medida apunta, sobre todo, a fortalecer la posición oficial en dólares para frenar una posible corrida. Por idéntico motivo se exigirá a los bancos autorización para girar dividendos al exterior. Ante la crisis, persiste la duda sobre si el FMI liquidará el tramo de US$ 5.400 millones previsto en el acuerdo. La duda se agigantó después de la advertencia pública de Alberto.

En el medio de las gestiones hubo protagonistas activos. Uno fue Alvarez Agis en contacto frecuente con Lacunza. Otro, Luis Caputo, que habló con la gente del FMI y con Alberto. El ex ministro de Finanzas y titular del Banco Central le solicitó al candidato que respaldara la iniciativa de Lacunza. Hubo otro correo sorprendente: Sergio Massa reapareció con una solicitud similar. Tal vez, después de un diálogo con Vidal. Alberto ofreció su silencio como prenda de paz. Sólo lo rompe cuando siente que el Presidente lo aguijonea.

El candidato K mantuvo un encuentro normal con los delegados del FMI. Poco tuvo que ver con la estruendosa declaración posterior. Quedó sorprendido por la minuciosidad informativa de los visitantes. Se entendería de parte del director del Hemisferio Occidental. Es el argentino Alejandro Werner. Con ramificaciones familiares ligadas a la historia política. Su padre trabajó en los 70 muy cerca del banquero fallecido David Graiver. Que escondió una parte del millonario rescate cobrado por los Montoneros a raíz del secuestro de Juan y Jorge Born. También se desempeñó en una subsecretaría durante la gestión en Economía de José Ber Gelbard, en tiempos de Juan Perón.

La sorpresa corrió por cuenta del italiano Cardarelli. En un ida y vuelta sobre las dificultades argentinas por la deuda, interrumpió a Fernández: “Pero ustedes tienen otros problemas muy graves. La inflación, por ejemplo”, afirmó. El hombre poseía un detalle sobre el comportamiento de los formadores de precios. Hizo hincapié en el circuito productivo de la alimentación.

Uno de los delegados mencionó el concepto de “vacío de poder”. Que el kirchnerismo manipuló luego como una bomba. Pero en ningún caso estuvo referido a una ausencia de gobierno. Sólo a las difíciles condiciones objetivas que habrá que atravesar hasta diciembre. Aquella mención tampoco incluyó la sugerencia de un adelantamiento electoral. Que el candidato K estima inviable. La Constitución del 94 establece que los comicios deben concretarse como máximo 60 días antes de la entrega del mando. No habría tiempo material de implementarlos sin cometer otro estropicio.

Alberto también está cercado por dilemas. Debe inyectar confianza a los inversores y a los mercados. Que nunca olvidan los años de Cristina Fernández. Ni su cercanía. Si gana deberá convivir con ella. Aquel apremio despierta resistencia en los talibanes kirchneristas que, pese a todo, aún se mantienen disciplinados en el silencio. Aunque ciertas actitudes no pasan inadvertidas. Carlos Zannini, el ex secretario Legal y Técnico de Cristina Fernández, volvió al Instituto Patria. Días atrás participó, junto a Oscar Parrilli, en un acto con representantes de minorías del Parlamento de Estados Unidos. Se reivindicó la política exterior cristinista. Se hizo una defensa del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

El candidato K tendrá pronto que afrontar otro desafío. El Gobierno envió al Congreso el proyecto para la renegociación de la deuda con el FMI. Las primeras reacciones opositoras, también del kirchnerismo, resultaron de rechazo. Habrá que ver si, al final, consigue alinear la tropa. Porque comparte la necesidad. También, porque estará obligado a lidiar con el grave problema si se transforma en presidente.

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