El peronismo y su dificultad para convertir la calle en leyes

El peronismo y su dificultad para convertir la calle en leyes

Las principales referencias electorales de Unión por la Patria salieron a mostrarse en la vidriera del antimileisimo. Empezó el tour de Cristina con Milei como mánager. Después de la marcha educativa, el peronismo se enfoca en el Congreso para capitalizar la movilización.

Por: Mariana Verón.

La avalancha final empezaba a engrosar el número que ni los convocantes esperaban tener. Llegó Facundo Manes, se cruzaban mensajes cortos de whatsapp entre los diputados, mientras el neurocirujano hacía declaraciones frente a las cámaras de televisión en la puerta del Congreso. Último momento: van los jujeños Natalia Rizzotti y Jorge Sarapura a la sesión, sumaban otros, del sector rebelde del radicalismo. Se acercaban las 11 de la mañana del miércoles, la hora del comienzo de la sesión. Finalmente, hubo presencia de 14 de los 34 diputados de la UCR, una cifra derivada solo del contundente y masivo reclamo universitario. No alcanzó. Unión por la Patria se quedó a cinco diputados del quórum. Fracasó el intento, le dedicó Martín Menem a un peronismo que no logra convertir la calle en leyes.

Al menos los despabiló. Todas las referencias electorales del Unión por la Patria salieron a desplegar su “acá estoy” frente a un reclamo que imaginaron, desde antes, masivo y transversal. Con cálculo político, tanto el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, como Sergio Massa, el último candidato presidencial que tuvo el peronismo, se metieron de lleno en la manifestación que desde la esquina de su oficina miraba Cristina Kirchner. 

Lo de Massa es novedoso. Se desguardó. “Nunca estuve guardado”, dirá él, pero es la primera vez que se presenta en público tras la derrota electoral (todavía no habló) después de una seguidilla de acciones callejeras que comenzaron el 24 de enero con la CGT y la cultura, la multitudinaria convocatoria del 8 de marzo con las mujeres al frente y la movilización del 24, en repudio al golpe cívico militar, este año mucho más expansiva en expresiones políticas. 

“No ganó nadie, perdió el gobierno”, sentencian cerca de Cristina Kirchner, que eligió además este momento político para volver. Se terminó aquello de está activa, recibe dirigentes, pero prefiere esperar. Algo aceleró los tiempos y, dicen, si en abril de 2016 el mánager de la gira fue Claudio Bonadio, ahora parece ser el propio Javier Milei. Cerca de la expresidenta reflejan que lo que desencadenó su regreso fue la cadena nacional del lunes y no la marcha, pero la comunicación por parte de Cristina del acto en Quilmes se dio justo al otro día de la movilización universitaria.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, en la marcha universitaria. @Kicillofok X

Enfrascada en su propia interna, Cristina tomó partido para ordenar. Eligió para su presentación un distrito gobernado por una dirigente de La Cámpora, Mayra Mendoza. No hay doble interpretación. No existe eso de que justo ella la invitó, como dirán a su lado. Cristina recibe cientos de invitaciones de presentación a diario. Y si en 2016 se plantó con Comodoro Py de fondo, esta vez la foto de su vuelta la hace recostada en el calor de La Cámpora. Desde el escenario envió ayer un fuerte mensaje contra los que, directa o indirectamente, se atreven a cuestionar su conducción. 

En el Instituto Patria mandaron a invitar a todo el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Así, busca juntar la mayor cantidad de adhesión posible para ordenarlos, con Máximo Kirchner como delegado de su poder. Nada nuevo. Nadie pronostica, tampoco, si podrá con la misma receta. Por lo pronto, ayer se aseguró la presencia de Axel Kicillof y Andrés Larroque para reafirmar que ella está por encima de todos. El mensaje es claro: acepten su conducción.

Un asterisco. Massa no fue y con aviso. Hoy es su cumpleaños número 52 y ya tenía un compromiso: comer un cordero que le regaló su amigo, el exgobernador de Chubut, Mariano Arcioni. Family plan para el fin de semana del tour cristinista. 

Sergio Massa y Malena Galmarini junto a su hija, en la marcha universitaria.

Cerca de Cristina Kirchner creen que a partir de ahora, con ella al frente de la reorganización, va a ser más fácil tender puentes en las tribus internas. Ordenar, esa palabra tan repetida en un peronismo sin rumbo. Para ella, el proceso se dará en similares condiciones que en el 2017, con dispersión electoral en las legislativas. Ese escenario parirá un liderazgo anti Milei. Entonces fue ella candidata, para tomar la lapicera dos años después, correrse a vice en el 2019 y sumar a Massa. Esta vez, con el fracaso de Alberto Fernández, parece difícil que no le pasen factura. Encima, el líder del Frente Renovador ya está adentro, y lo que hay que salir a atraer son extrapartidarios mucho más difíciles de acercar si quien convoca lleva por apellido la letra k.

Ahí entra a jugar un rol clave Massa. Tiene diálogo con todos los sectores, sobre todo del ala del radicalismo que se puso el reclamo universitario al hombro, los que en la interna de Juntos por el Cambio acompañaron a su amigo Horacio Rodríguez Larreta. 

Más allá del factor Mili, su hija (dice que ella se lo pidió como antes le pidieron sus hijos que no fuera ministro de economía), no podía no estar en la marcha. “Es identitario”, explica para defender su presencia en modo “no molestar”. Incluso movió al Frente Renovador en el interior, como en Córdoba, con una columna de dos cuadras, donde el peronismo está viendo un factor aglutinante más allá de la Plaza de Mayo. “La gente empezó a mirar más la heladera que el TikTok”, apunta el ex candidato presidencial, para dar cuenta que recién ahora las políticas de ajuste empezaron a tener impacto y que eso se traduce en un malestar a representar.

 

El acto de inauguración del Microestadio Presidente Néstor Kirchner, donde habló Cristina. @CFKArgentina

El problema del peronismo sigue siendo el de la derrota: a quién le habla y qué le dice, antes de definir quién se lo dice. Por ahora, todos los referentes coinciden en que la traducción de la marcha tiene que canalizarse en el Congreso. “Yo no pido carnet de afiliación”, suele repetir Cristina Kirchner para focalizarse en ampliar a la hora de debatir ideas. En el Patria están algo molestos porque las propuestas que ella hizo en su carta de 33 páginas, como la reforma laboral, no se tradujeron en ningún proyecto. “Al final todo queda en manos de Pichetto”, rezongan. Es que el diputado fue el único que mostró “emociones” por aquel texto de Cristina que duró nada en la vida política y es el artífice de lo que quedó como reforma laboral en la ley Bases. El bloque de Unión por la Patria ya no se mueve por la interna de la interna, como sucedió hasta el año pasado. Pichetto, encima, estaba pactando la ley Bases y para el miércoles pasado su bloque fue el que menos aportó a la convocatoria de Unión por la Patria: sólo 4 diputados de 23. El emperador, como le dicen, hace su juego. 

El siguiente paso para el peronismo es generar mecanismos parlamentarios más consolidados. La dificultad es que el radicalismo, actor clave de la convocatoria estudiantil, no tiene jefes. Está partido en al menos tres sectores (los oficialistas de Rodrigo De Loredo, los de Evolución y los Manes) y Martín Lousteau, el más visibles de los antimileístas, no logra ordenar en Diputados. Todavía pesa y mucho la grieta. Y a pesar de que algunos radicales bajaron el miércoles a dar quórum para tratar sus propios proyectos de financiamiento universitario, terminaron acordando con Alejandro Finocchiaro, del Pro, para convocar a la comisión esta semana. 

Sesión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Los diputados Juan Manuel López, Maximiliano Ferraro, Germán Martínez, Cecilia Moreau y Diego Santilli conversan durante la reunión. NA

La foto se ve más nítida en el Senado, donde sí se tejieron acuerdos por el rechazo al DNU y ahora van por el financiamiento universitario con el pedido de sesión especial que presentó Lousteau esta semana junto a los peronistas no kirchneristas. En el Senado se da el terreno más fértil para maniobrar.

Cristina insiste que hay que voltear el DNU. En un cambio de estrategia, Unión por la Patria en Diputados empezó a pedir sesión especial sin los votos. Expuestos al fracaso, como esta semana. “Es un cambio de lógica, nosotros sabemos dónde estamos parados, no esperamos más”, anticipan. 

A pesar de que el Gobierno perdió la agenda esta semana, el peronismo no logra traducirlo en un contragolpe efectivo. Por ahora, se exhibe en la vidriera de la acumulación política callejera.

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