Despejando el ruido político inútil.

Por Roberto Lavagna.

En estos días en los que hay ruido político inútil en el ambiente, con gente que antes se odiaba y ahora se quiere –al menos hasta la próxima voltereta– (Carrió-Morales, Morales-Cobos, Kirchner-Barrionuevo, Kirchner-Rico, López Murphy-Carrió, etc., etc.) y donde lo único que parece importar es su propio destino político, lo mejor es pensar en cómo enfrentar el año 2009.

Personas destacadas de hoy

Cabalgata en el desierto.

Por Carlos Melconian.

La economía argentina recibió dos mazazos seguidos: uno local, la megafuga de capitales de 2008 tras la crisis con el campo y la contrarreforma previsional; el otro, externo, la hecatombe exportadora para 2009, por la caída de precios internacionales agravada por la sequía y la recesión mundial.

La manía de editar la realidad.

La manía de editar la realidad.

Por Néstor O. Scibona.

A ocho meses y monedas de las elecciones legislativas de octubre, la estrategia del kirchnerismo consiste en que durante ese período se hable más del activismo del Gobierno que del freno de la economía argentina. Y que, si hay que hablar de economía, los problemas se atribuyan pura y exclusivamente a la crisis internacional, cuya salida es todavía tan incierta como la perspectiva electoral.

La Ferrari es mía.

Por Pepe Eliaschev.

Los aviones. La quinta de Olivos. El dinero de la publicidad. En la Argentina de 2009 se ha concretado una fenomenal transferencia de recursos públicos a un conjunto de ciudadanos a los que la sociedad contrató sólo para hacerse cargo temporalmente de los asuntos del Estado.

Acuerdos para gobernar cuando Kirchner no esté.

Por Joaquín Morales Solá.

Miedo y estupor. Esas sensaciones colectivas, tan comunes en el trastornado mundo actual, no han tocado aún, con todas sus fuerzas al menos, la Argentina. Pero los primeros datos ya son tan severos o más que los que agobian al norte de América, Europa y la propia Asia. Néstor Kirchner se topó con otra crisis monumental cuando ya venía palpando, sin reconocerlo, la decadencia política.