Por Carlos PagniEsta semana empezará en el Senado el debate sobre la coparticipación del impuesto al cheque. Es la fase inicial de una discusión más amplia acerca del reparto de dinero entre la Nación y las provincias. Ninguno de los conflictos que están abiertos en la política argentina inquieta a los Kirchner tanto como éste. Es una obviedad: para ellos caja y poder son sinónimos.
La Presidenta y su esposo advierten la amenaza. Acaban de eliminar del Fondo del Desendeudamiento el tramo destinado a los gobernadores en el Fondo del Bicentenario. Consiguieron, también, que el senador Carlos Verna, en su proyecto de ley, excluyera, en principio, a las provincias. Ministros y jefes parlamentarios anticipan que cualquier coparticipación de fondos nacionales gatillará el veto del Poder Ejecutivo.
La controversia inaugura, por lo tanto, otro capítulo de la agonía kirchnerista. Aunque simule una disputa con la oposición, la Casa Rosada sabe que se enfrenta con su propia base territorial. Con la puja por el impuesto al cheque, se dirime quién debe cargar, si la Nación o las provincias, con el costo de un ajuste fiscal.
Esta pelea afecta, como ninguna otra, el cuadro electoral de cada distrito. Los mandatarios oficialistas serán acusados en su propio feudo de ceder recursos que les corresponden. Es decir, el unitarismo nacional carga el arma de los opositores locales. Ernesto Sanz, jefe de la UCR, festeja: ese partido es el que más ventaja puede sacar de esta querella.
La concentración fiscal está en discusión porque se rompió el balance de poder sobre el que se asentaba. Durante la fase expansiva del liderazgo de Néstor Kirchner, nadie objetó el avance de la Nación sobre las provincias. En 2003, al llegar al poder, el santacruceño se ofreció como el demiurgo que, dada su creciente popularidad, repondría el vínculo entre la acorralada corporación política ?en especial, la peronista? y una sociedad en estado de rebelión. Kirchner se cobraría esos invalorables servicios monopolizando los ingresos. Obtendría, así, la autoridad que le negaba el 22% de los votos. La operación fue exitosa.
Sin embargo, desde el conflicto con el campo, la ecuación se invirtió. Hoy, los Kirchner sobreviven vampirizando la aceptable popularidad de los caudillos provinciales y municipales que se les allanan. El criterio por el cual el que pone los votos se lleva la plata sigue vigente, sólo que ahora beneficia a los líderes territoriales.
El debate con las provincias es la expresión económica de este reordenamiento general del poder. Kirchner sabe que podrá demorar la ruptura, pero no detenerla. Por eso, el viernes pasado prometió abrir un espacio para el debate sobre la coparticipación. Es un placebo para que la corporación interprovincial disimule que la defensa de sus intereses está, por el momento, bloqueada. Aun así, es la primera vez que la actual administración convoca a los gobernadores para algo más que aplaudir anuncios inconsultos en el salón blanco. Es lógico: la Presidenta debe amortiguar el efecto desagradable de un veto.
Este conflicto calca, de manera algo defectuosa, los alineamientos de la interna federal del peronismo. El Gobierno armará su barrera de defensa con los gobernadores que acompañarían, en 2011, una fórmula presidencial continuista. A la cabeza está el bonaerense Daniel Scioli, quien adelantó que las provincias no deben reclamar fondos, aunque les pertenezcan. La promesa de la candidatura mayor exacerba el instinto de subordinación de Scioli. Lo escolta su secreto rival, el chaqueño Jorge Capitanich. Detrás sigue un pelotón, integrado por el sanjuanino José Luis Gioja ?candidato, por ahora imaginario, a la vicepresidencia?, Gildo Insfrán (Formosa), Eduardo Fellner/Walter Barrionuevo (Jujuy), Sergio Urribarri (Entre Ríos), Celso Jaque (Mendoza) y José Alperovich (Tucumán). No todos están en condiciones de ceder recursos. A los jujeños y a Jaque, por ejemplo, les llegó el agua al cuello y necesitan algo más que una comisión. Se dará cuenta Miguel Pichetto por los tironeos en el bloque de senadores.
Fuera de ese círculo, militan, desafiantes, Mario Das Neves (Chubut), el cordobés Juan Schiaretti (aliado de Carlos Reutemann y de Jorge Busti), Oscar Jorge (La Pampa) y el salteño Juan Urtubey, quien desde hace meses promueve la creación de un "fondo de los conurbanos y las provincias del Norte".
Hay una relación dialéctica entre el sometimiento de los gobernadores a la caja nacional y la aparición de una candidatura peronista que enfrente a los Kirchner. Será difícil que Reutemann, De Narváez, Solá, Das Neves o Duhalde hagan pie en la interna del PJ si no se relaja la atadura fiscal de las provincias. Y viceversa: ningún gobernador pondrá en riesgo ese vínculo si no es para apostar a un candidato muy seguro. Este dilema atormenta al peronismo y extiende el poder del matrimonio más allá de lo que indicaría su pésimo atractivo electoral. Nada nuevo bajo el sol: también Carlos Menem hablaba de segunda reelección cuando en las encuestas ya había pasado su cuarto de hora.
Boudou, en el banquillo
Por el momento, entonces, la vanguardia de esta disputa será la oposición. En Diputados, Alfonso Prat-Gay presentó un proyecto que, además de coparticipar el impuesto al cheque, reduce a la mitad la alícuota para pequeñas empresas. Prat-Gay también auspicia que las deudas de las provincias con la Nación se salden con los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) que el Ministerio del Interior ha dejado de distribuir. Pro, por su lado, defiende que el impuesto al cheque se pueda descontar de Ganancias.
Néstor Kirchner se encadenará a la caja como si fuera el Santo Grial. Es un tesoro demasiado valioso para que lo custodie un ministro. Sin embargo, Florencio Randazzo aprovechará la polémica para salir del freezer. Lo ayuda el enigmático eclipse al que fue sometido su rival, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández.
Amado Boudou no está, como ministro de Economía, en las mejores condiciones para enfrentar la discusión fiscal. La que comenzó puede ser su semana trágica. Tendrá que visitar dos veces el Congreso. Mañana deberá explicar los decretos de apropiación de reservas en la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados. El interrogatorio derivará, sin duda, en el problema más delicado y menos atendido del Gobierno: la galopante inflación. De allí al Indec hay un paso.
El jueves, Boudou irá al Senado para ser interpelado. La oposición, que preparó varias denuncias penales en su contra, piensa darse la revancha por la derrota en la recusación de Mercedes Marcó del Pont. Los astros no ayudan a Boudou. La Presidenta y su esposo, que cambian de favoritos una vez por mes, acaban de descubrir los encantos de la risueña presidenta del Central. Están fascinados con su heroína, a la que agasajan desde los piqueteros de Luis D?Elía hasta las Madres de Plaza de Mayo. Boudou, que supo estar envuelto en esa luz, ocupa ahora un rutinario lugar en la reserva. Una señal confusa para la leonera parlamentaria de la que depende su defensa.

























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