El chiquito y la cintura política

El chiquito y la cintura política

por Nelson Castro

La provincia de Buenos Aires, su gobernabilidad y sus dificultades financieras, son un problema que también afecta a Alberto Fernández.

El recorte del porcentaje de coparticipación que le corresponde a la Capital Federal había sido planteado durante la campaña por Alberto Fernández quien luego, al ser consultado por el tema, prácticamente lo descartó. Pero, en el acto de asunción de Fernando Espinoza como intendente de La Matanza, a los pocos días de comenzado el Gobierno, Cristina Fernández de Kirchner lo impulsó con vehemencia. Lo que hizo, claramente, fue marcarle la cancha al Presidente quien, a menos de un mes, adoptó la iniciativa sin ningún tipo de negociación previa con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. ¿No era que existiría diálogo antes de tomar medidas? ¿Es así como AF quiere dar una imagen de no dependencia de su vicepresidenta? Quienes han hablado con el Dr. Fernández lo han escuchado quejarse de esta conjetura.

“Resulta que antes de integrar la fórmula con Cristina, yo era una persona de carácter y pensamiento propio y a partir de ese momento me convertí en su monigote”, le manifestó a algunos de los periodistas a los que les hizo conocer su fastidio por esa apreciación. Le guste o no, será ése un karma con el que deberá cargar a lo largo de su mandato. Y de su independencia de la vicepresidenta dependerá la posibilidad de éxito de su gobierno, que está atravesado por contradicciones. Una de las evidencias de esas contradicciones se ve en algunas de las designaciones que se han producido hasta aquí. “Volvimos para ser mejores”, fue una de las frases que repitió desde la noche del 28 de octubre, el día de la victoria electoral.

Sin embargo, hubo nombramientos que contradicen esa promesa. ¿Es “ser mejores” proponerlo al juez federal Daniel Rafecas –quien debió haber sido sometido a juicio político por su bochornoso papel en el caso Boudou, a uno de cuyos abogados aconsejó mientras estaba a cargo de la causa– como procurador general de la Nación? ¿Es “ser mejores” designarlo al ex gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri –un hombre muy cuestionado en esa provincia– como embajador de la Argentina ante el gobierno de Israel? ¿Es “ser mejores” haberlo nombrado a Carlos Zannini como procurador del Tesoro? Volver. En las segundas líneas de varias áreas del Gobierno han sido designados dirigentes de La Cámpora que habían estado en la gestión de CFK, quienes no han tenido empacho en expresar a viva voz su avidez de revancha. ¿Eso es “ser mejores”? La Argentina necesita inversiones de un volumen monumental, si es que la erradicación de la pobreza se erige en un objetivo auténticamente prioritario del Gobierno. Y para atraer ese nivel de inversiones, la gestión de AF debe ser necesariamente mejor que las dos de CFK y la de Mauricio Macri.  

En las expresiones del Presidente y de varios de sus funcionarios se evidencia un equivocado concepto de lo que es la clase media. Sobrevuela ahí la idea de que es una clase llena de privilegios y ausente en el sacrificio. Es un grosero error de concepto. Es el mismo error de concepto que supo expresar –y aún hoy expresa– la vicepresidenta. Todos recordamos sus peroratas durante sus Aló Presidenta por cadena nacional en las que no dejaba pasar oportunidad para fustigar a la clase media. Por si hace falta recordarlo, la clase media la pasó mal con CFK, la pasó mal con Macri y la sigue pasando mal con Alberto Fernández.   

El mal momento de la economía persiste y hasta que no sea superado no habrá mejoras ni soluciones. Roberto Lavagna hizo conocer su preocupación sobre esto en la reunión que mantuvo en Pinamar con varios de sus dirigentes. Allí expresó su aprobación al bono para los jubilados y su crítica a la doble indemnización y la falta de coordinación de las medidas tributarias implementadas a nivel nacional, provincial y municipal. Como ejemplo puso a la provincia de Buenos Aires. La ley de reforma impositiva aprobada por la Legislatura bonaerense dejó al descubierto las falencias y desprolijidades políticas del gobierno de Axel Kicillof.

“A Axel –“este chiquito va a ser un gran gobernador” dijo AF– le falta mucha cintura politica”, señaló –contundente– un legislador provincial oficialista. Por eso fue necesario el involucramiento de Sergio Massa. Hubo una férrea voluntad de diputados y senadores oficialistas y opositores de ser ellos quienes lleven adelante la negociación final. Es como si hubieran rememorado la famosa frase de Obdulio Varela en el Maracanazo: “Los de afuera son de palo”. Verónica Magario también estuvo activa cerrando por su cuenta acuerdos con legisladores que no se sabía si tenían el visto bueno del gobernador. Desde algún sector del oficialismo le atribuían algunas demandas a Massa, quien se apresuró a desmentir. El frente interno de Kicillof es complejo. Son varios los intendentes del PJ que no lo quieren. Elogios. Las cosas con el Fondo Monetario Internacional marchan bien. Los elogios de algunos de sus funcionarios a las medidas del Gobierno sorprendieron a más de uno.  

  De todos modos hay aún un largo camino por recorrer. Esto genera algunas discrepancias en el equipo designado por el Presidente. Por eso Daniel Marx, cuya propuesta no fue tenida en cuenta, decidió alejarse. Venezuela es una piedra en el zapato para el Gobierno. Hay un punto muy importante que tanto el Presidente como el canciller, Felipe Solá, deberían tener muy en cuenta: Nicolás Maduro no tiene la más mínima intención de abandonar el poder y, por lo tanto, cualquier negociación con él tiene destino de Titanic. Allí la democracia está liquidada. No existe más. La fuente de poder de Maduro son las Fuerzas Armadas. Todo lo que hacen es dilatar las cosas para que todo siga igual. Quienes confiaron en Maduro salieron mal parados. Le pasó al mismísimo papa Francisco. Esa es la triste realidad de Venezuela que el gobierno argentino parece no conocer.

El martes, luego de almorzar, el Presidente se sintió mal. Por eso fue a consultar a su médico, el Dr. Federico Walter Saavedra, un prestigioso clínico. Le diagnosticó una virosis gastrointestinal que fue tratada a base de dieta, líquido y algo de reposo. Por eso el miércoles, atendió en su despacho desde Olivos. El jueves ya se sintió bien. Alberto Fernández es una persona de buen comer, no exento de cierta glotonería, que está con sobrepeso. Le vendría muy bien atender ese “detalle”. 

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