Sergio, el astuto, lanza su candidatura testimonial 2013

El intendente de Tigre deja que el Frente Renovador juegue por afuera del FPV: complace a la tropa, al peronismo insatisfecho y ni siquiera se despeina con el viento del Delta. Cultiva su perfil de la no declaración y se escapa del daño K hasta el 2015 ¿Diputado o intendente? El hombre parece haber resuelto la ecuación: estará donde más gestión pueda mostrar por dos años.

Por Ricardo Carossino

Sergio lo hizo: cómo estar sin estar, cómo competir sin competir, cómo ganar o perder sin ganar o perder y cómo estar en contra y a favor de Cristina sin estarlo. Eso es una candidatura testimonial con el sello que más le gusta a Massa, que es hablar y no decir nada.

Esto, claro, es algo que pone muy esquizofrénico al vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, que dijo: “Me da sospecha que un candidato que pueda ser al mismo tiempo del oficialismo como de la oposición, eso aporta a la esquizofrenia".

Precisamente para aportar a la psicopatología mariottista, este viernes pasado, en el día del periodista, Massa honró la falta de información al declarar sin ningún tapujo: “No tengo nada para decir”, para luego agregar en una muy poco creíble confesión de desconocimiento: “Todavía no tuvimos la reunión con los intendentes para ver que piensa cada uno”.

Al tiempo, tanto desde el PRO como de otros espacios peronistas le sugieren: “Creo que (Massa) es otro emergente de nuestra generación” -¿la generación PRO habrá querido decir el ministro de Ambiente porteño, Diego Santilli?-, para luego desafiarlo: “Sergio es un tipo inteligente, capaz, laburador. Si yo fuera él, jugaría. Yo me mandaría, daría pelea”.

Pero Massa no es Santilli. Mientras que el intendente de Tigre tiene una imagen positiva en todo el país de más del 40 por ciento con una intención de voto presidencial cercana a ese porcentual -según la encuestadora Management & Fit-, a Santilli sólo lo conoce su esposa, Nancy Pasos, y algunos hinchas de River.

Le guste o no a Santilli, a Hugo Moyano, a Francisco de Narváez, a Mauricio Macri, a Cristina Fernández y a Daniel Scioli, la imagen del intendente de Tigre jugará estas elecciones como testimonial: estará en los afiches y en las boletas de un frente renovador peronista para salir a competir por afuera del Frente para la Victoria (FPV), pero sin enfrentarlo, mientras este prolijo protagonista de la historia de Tigre se recluirá en el bucólico Delta para mirar de afuera el desenlace fatal de octubre.

Así, el jefe del Frente Renovador (FR) hará lo mismo que hizo en 2011: no jugar. Precisamente, hace dos años mostró el copete como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires y CFK le recordó que las devoluciones del jurado k con sus enemigos pueden ser duras.

Massa sabe que si se atreviera a marcar la cancha con su capacidad de convocatoria, no sería lo mismo que su par Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas) o Luis Acuña (Hurlingham), que se enfrentan, pero no convocan. Mientras que para estos jefes comunales el castigo es la falta de alguna obrita coqueta, para el intendente de Tigre habría remedios más severos. La decisión del Sergio Massa de no presentarse quizás evitaría, por ejemplo, que pudieran aparecer (si existieran) más “mi sangre” en el bello y masónico barrio Nordelta.

Los intendentes del Conurbano son un tema central en esta decisión porque si Massa quiere ser Gobernador o Presidente necesitará en 2015 de los jefes comunales para un consenso sólido. Por eso, la información que llega es que varios barones del Conurbano alertaron a su par de Tigre sobre la molestia que les causaría tener oposición massista en sus territorios alambrados.

Sergio Massa ha sabido cultivar un perfil modesto y austero en cuestión de terminologías políticas. El hombre, subido a la nueva moda de hablar de gestión vecinal, con muchas cámaras televisivas en las calles de Tigre, creó una “sensación de seguridad” que una gran parte de la Argentina negada a las ideologías adoptó como semillero para un futuro dirigente de orden nacional.

Por lo tanto, ¿por qué Massa se presentaría en estas elecciones de 2013 por afuera del FPV cuando su electorado huye de las confrontaciones y la tensión social?

Sería innecesario para el intendente de Tigre dilapidar la construcción de su imagen en una compulsa con un gobierno nacional que posee un tremendo poder de daño a quien se enfrente a él, y él lo sabe, no necesita asesores que le indiquen eso. El mismo intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, inicialó la idea: “Sugiero que no se presente”. Massa conoce al kirchnerismo, lo vio desde adentro: fue jefe de Gabinete de Cristina. Sabe de sobra cómo es la ingeniería misilística de los K cuando de enemigos políticos y financieros se trata.

Diputado o intendente es la enigmática pregunta que muchos empiezan a hacerse. La ecuación no parece ser muy complicada de resolver. Si Massa fuera diputado terminaría absorbido por un bloque, sin mostrar nada, ubicado detrás de los conflictos del Congreso, sosteniendo las estrategias K y si gana con Cristina, corre el riesgo de terminar levantando la mano para una reforma constitucional y negocio redondo para Unidos y Organizados (UyO).

Si es intendente, por dos años más, la cosa es muy distinta, porque tiene dos años por delante para mostrar gestión. El único revés es que muchos analistas insisten en que no se llega de jefe comunal a presidente, pero de todos modos, un camino allanado a la gobernación lo esperaría como una alfombra roja.

Por otra parte, algunos le piden que salga a navegar en aguas K y ser nave insignia del cristinismo para ganar en 2013, pero que le pregunten a Ricardo Alfonsín si juntarse es sumar. Definitivamente, Massa tiene conciencia de que pegarse a los K cuando el Grupo Clarín enarboló las banderas de la anticorrupción sería una locura para su proyecto 2015 y le dejaría un saldo deudor importante de votantes que pasarían a otro candidato para las presidenciales.

Hoy Sergio Massa tiene una imagen positiva que supera a los más prometedores opositores al gobierno nacional. Entonces, ¿por qué tirarla al tacho de basura, a pesar de que una tropa ansiosa le pide que dé la cara de la insatisfacción peronista? El único antecedente de competencia de un peronista contra el Partido Justicialista (PJ) por afuera del partido (Antonio Cafiero) parece prometedor, pero en los ochenta, el PJ no era gobierno nacional.

Una señal clara de un Massa de cuerpo ausente la dio el diputado provincial de la Juan Domingo, Jorge Scipioni, quien en diálogo con Política del Sur dijo que el intendente de Tigre no era una opción, aún con un FR no aliado a Cristina. Una parte del peronismo quiere un líder anti K, pero Massa no quiere ser anti: quiere ser PRO, aunque moleste esta sigla tan pintada de amarillo patito. Es la nueva alianza de la política con la retórica de la no declaración. Para qué hablar, si lo que importa es no decir nada que genere una tensión inútil.

Es curioso cómo, de pronto, dos modelos de retórica se enfrentan en estas elecciones, o al menos, la protagonizan. Por un lado la retórica de la polarización del kirchnerismo que tantas alegrías electorales le dio, a pesar de revés del 2009. Y por otra parte la negación de la pelea, lo “no dicho”, la palabra despojada de ideologías, como en los noventa, cuando la frivolización del poder eximió a muchos de sentir culpa por tener un referente vergonzoso.

Pero el massismo y el kirchnerismo polarizaron la retórica: “Es berreta que me pregunten por mi candidatura”, dijo el jefe del bello Tigre. Mientras que del otro lado la diputada nacional Juliana Di Tullio mostró los dientes: “Que Scioli aguante los trapos”.

Pero a pesar de que la sociedad argentina actual parece rehuir de las antinomias y pide tranquilidad y unidad, lo cierto es que en la patria de los unitarios y federales, de los azules y colorados, de los que de Boca y River y de los peronistas y radicales, nada ha cambiado. Todos los argentinos han aceptado la polarización K y anti K. De otro modo, no hubieran comprado el paradigma actual: Clarín vs. Cristina.

En ese escenario, Massa no jugará estas elecciones. No le conviene. Massa quiere estar bien con Dios y con el Diablo, quiere escapar de la antinomia, quiere ser el centro de la política, quiere traccionar todos los votos que se puedan, sin que le importen aquellos extremos que terminan siendo los “borders” de la política.

Massa no va a jugar en 2013 porque ya es un inteligente candidato testimonial con el lanzamiento del FR por afuera del FPV. Ya dio la respuesta que su tropa desencantada con Cristina necesitaba: ya tienen una herramienta para salir a medir las fuerzas con UyO.

De esta manera, Massa se consolida como ese actor que está y no está, que habla y no dice nada, que gestiona y no confronta, que señala a los K desde la vereda de enfrente sin tener que pararse en ese lugar. Astuto, el Sergio, dio puntada con hilo y ató su suerte actual a su suerte futura.

Para qué competir si puede quedarse con todo el pozo en 2015. Para qué rifar su capital electoral enfrentándose a Unidos y Organizados, o porque cargarse la mochila K cuando no tiene un candidato y están en plena pelea con Clarín. Para qué obligarse a construir un horizonte cercano, cuando el verdadero horizonte aún está lejano.

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