Salvo Maduro, todos los jefes de Estado de la región participaron en la asunción; hubo bilaterales con Humala, Santos y Cartes; Peña y Malcorra estuvieron con Jacobson
Mauricio Macri tuvo ayer una primera confirmación de que la "grieta bolivariana" a la que podría enfrentarse en la relación con los países de América latina no pasó de los pronósticos. Salvo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, todos los jefes de Estado de la región se hicieron presentes para presenciar y saludar su asunción. Y hasta quienes se definen más alejados ideológicamente del líder de Cambiemos, como Rafael Correa, de Ecuador, o Evo Morales, de Bolivia, se mostraron abiertos a profundizar las relaciones con el país.
Para completar el círculo, Macri aprovechó la jornada para mantener encuentros bilaterales con los presidentes de tres países que en los últimos años vieron enfriar sus contactos con la Casa Rosada: Ollanta Humala, de Perú; Juan Manuel Santos, de Colombia, y Horacio Cartes, de Paraguay. Como en una cita posterior -sin Macri- con la delegación de los Estados Unidos, los encuentros estuvieron marcados por la voluntad de recuperar la confianza y reconstruir las relaciones entre los gobiernos.
La nómina de los jefes de delegación presentes se completó con los presidentes Tabaré Vázquez (Uruguay), Michelle Bachelet (Chile) y Dilma Rousseff (Brasil), con quienes Macri ya se había reunido en la semana. También se hizo presente el rey emérito de España Juan Carlos y el primer mandatario de Servia, Tomislav Nikolic; los vicepresidentes Ana Chacón (Costa Rica) y Oscar Ortiz (El Salvador), y el vicepresidente de la Asamblea Popular china, Ji Bingxuan, entre otros.
El martes, Maduro había definido a Macri como un "burgués de la elite" al que "le va a ir muy mal". Ayer, el único mandatario que dialogó con la prensa antes de entrar al Palacio San Martín, Correa, tomó distancia de ese augurio: afirmó que "las relaciones con Argentina seguirán de lo mejor" porque "la vocación integracionista supera cualquier ideología".
El ecuatoriano protagonizó un inusual intercambio con Macri cuando se saludaron en el Salón Dorado del otrora Palacio Anchorena, que ayer estuvo reservado para los presidentes. Correa tropezó con una alfombra y se agarró de Macri para evitar la caída. "Casi tumbo al gobierno", ironizó el visitante. "Tan rápido no", le retrucó el porteño.
El intercambio levantó sonrisas entre quienes acompañaban a Macri: su mujer, Juliana Awada; la vicepresidenta, Gabriela Michetti, y su pareja, Juan Tonelli; el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y la canciller Susana Malcorra. Antes, en el Salón Libertador, el más amplio del Palacio, Macri saludó a los embajadores y funcionarios de otros países. La cantidad de delegaciones obligó a la Cancillería a invertir el orden tradicional de la ceremonia: no fue el presidente quien recibió el saludo, sino que las autoridades extranjeras fueron acomodadas en hileras para que el nuevo presidente las recorriera.
El más efusivo a la hora de los saludos fue un hombre mucho más influyente en los círculos de la diplomacia que conocido fuera de ellos: Jack Rosen, presidente del American Jewish Committee (AJC), quien terminó trenzado en un abrazo con Macri y Awada. Rosen no sólo fue quien en junio de 2014 invitó a Macri a recorrer Israel: también habría sido el artífice de la cena que el Presidente mantuvo en marzo de ese año con Hillary Clinton, en Nueva York.
Luego del "besamanos", el Presidente se trasladó a la biblioteca del Palacio San Martín, donde se reunió con Humala, Santos y Cortez. Macri elogió al peruano por el índice de crecimiento y el acceso al crédito en su país. Con el paraguayo se prometieron resolver asignaturas pendientes en Yacyretá. El encuentro con Santos fue breve, pero repitió las consignas previas: reconstruir las relaciones con países que no fueron prioritarios en la agenda kirchnerista.
Luego de la última bilateral, Macri partió hacia la Casa Rosada. Malcorra, Peña y Fulvio Pompeo (ex secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno porteño) permanecieron en el Palacio para reunirse con los enviados de la Casa Blanca: la jefa de la diplomacia para América latina, Roberta Jacobson; el secretario de Transporte, Anthony Foxx, y el embajador Noah Mamet.
La presencia de Foxx ameritó la llegada del flamante ministro de Transporte de Macri, Guillermo Dietrich. Y dio la nota: el impulsor de las ciclovías porteñas llegó en su bicicleta plegable, la que dejó en el ingreso del Palacio San Martín. Sin candado. No sólo eso: entró y salió de la reunión con el casco en la mano.
Peña destacó que en la reunión se habló de las posibilidades de cooperación en inversiones, lucha contra la pobreza, cambio climático, narcotráfico y terrorismo. "En eso tenemos una similitud de agenda con el presidente Obama", dijo. Una y otra vez volvió sobre un concepto: el de construir una "relación adulta y madura" con la Casa Blanca, que deje atrás el contrapunto "adolescente" de los últimos años. "Construir confianza es uno de los mayores desafíos ahora", le dijo a LA NACION.
Malcorra fue la última funcionaria en dejar el edificio: antes de partir hacia Casa Rosada para jurar como canciller, tenía previsto reunirse con enviados de Cuba, Argelia, Costa Rica, Nicaragua y República Dominicana. También de la ONU, sus ex compañeros de oficina.

















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