El ex jefe de Gobierno prueba un nuevo tono para volver a gobernar la Ciudad y apura a sus contrincantes. La estrategia doble de Bullrich, que juega entre la jefatura de Gobierno y la vicepresidencia. La dibilidad de Jorge Macri y el poder de Angelici.
María Cafferata
El cruce de Horacio Rodríguez Larreta con Patricia Bullrich por la intervención norteamericana en Venezuela fue un globo de ensayo. La senadora libertaria se burló de su comunicado por la detención de Nicolás Maduro y Larreta, su ex competidor en el PRO, aprovechó para responderle con una foto de cuando la ex ministra militaba en Montoneros. Una chicana, cuidadosamente trackeada por el equipo de comunicación larretista, con la que testear un nuevo perfil –el Larreta “combativo”– que le permita volver a gobernar la Ciudad en 2027. Para el ex alcalde porteño la campaña nunca terminó.
La disputa por el control de la Ciudad de Buenos Aires ya comenzó y tiene como protagonistas a los tres herederos fallidos de Mauricio Macri. Larreta, por un lado, viene trabajando hace un año para recuperar el control de la Ciudad y está decidido a retomar –continuar– la campaña durante 2026. Tras haber sido electo legislador porteño con el 8% de los votos, el jefe de Gobierno porteño decidió retomar las recorridas por los barrios porteños.
Junto a su equipo de leales –como Emanuel Ferrario, Álvaro González o Guadalupe Tagliaferri–, Larreta se reúne semanalmente con vecinos que lo ayudan a confirmar, cíclicamente, su hipótesis. Es decir: que la Ciudad tiene un problema de gestión, de la cual Jorge Macri es responsable, y que el voto libertario es más una expresión de ese déficit administrativo que de un giro a la derecha del electorado. “Siguen diciendo que hay olor a pis”, asegura uno de los dirigentes que lo acompaña, aludiendo al slogan de campaña de Larreta en la elección de 2025.
Larreta, a su vez, apuesta a reconstruir su carrera política desde la Legislatura. Tras el fracaso del proyecto presidencial en 2023, el objetivo es “hacerse de abajo” desde una banca legislativa. Preside un bloque de siete legisladores, que creó junto a Oscar Zago y la “Hormiguita” Graciela Ocaña, y pretende erguirse como fiel de la balanza de la gobernabilidad macrista. El ex alcalde no pierde el tiempo y, en su apuro, obliga a sus contrincantes a acelerar los tiempos. Incluso cuando muchos de ellos preferirían poder esperar un año para comenzar a posicionarse.
El dilema de Bullrich
La ex ministra de Javier Milei se mueve con comodidad en su nuevo hábitat, el Senado. Su atención está centrada en aprobar la reforma laboral en febrero, pero también mira 2027. Fantasea con ser jefa de Gobierno porteño, pero no depende de ella, sino de Karina Milei.
En el bullrichismo aseguran que, esta vez, pese a su camaleónica mala fama, Patricia será orgánica a lo que decidan los hermanos Milei. “Va a ser leal, lo demostró en los últimos dos años. No tiene a donde ir y sabe que, en 2031, va a tener 75 años”, grafica uno de sus dirigentes de confianza. La ex ministra, asegura, irá a donde le digan: fue candidata a senadora nacional cuando le pidieron que fuera candidata y, si le piden que le deje el lugar en la Ciudad a Manuel Adorni, se lo dejará.
Patricia Bullrich, jefa del oficialismo en el Senado, mira la Ciudad para 2027 NA
El juego de Bullrich es doble. Por un lado, buscará posicionarse como la mejor candidata para ocupar la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires. Cuenta a su favor con haber sacado más del 50% de los votos en la elección legislativa de 2025 y sabe que, si LLA observa que puede perder la Ciudad, la llevará a ella para asegurarse la victoria.
En paralelo, sin embargo, juega a la otra alternativa: la de ser la candidata a vice de Javier Milei en 2027. En el Gobierno descuentan, casi desde que asumió Milei, que Victoria Villarruel no volverá a ocupar la boleta de LLA, y la búsqueda de una sucesora es fuente inagotable de negociaciones. Y Bullrich, que viene de competir contra Milei en la elección presidencial de 2023, es una de las que juega con ventaja.
“Desaprovechar la imagen de Patricia a nivel nacional es un pecado capital”, admite un bullrichista devenido en libertario que considera, en privado, que los Milei optarán por ofrecerle la vicepresidencia. Y que Bullrich, hasta entonces, apostará a acumular la mayor cantidad de poder interno.
La debilidad de Jorge
Quien mira con especial atención las negociaciones internas de LLA es Jorge Macri, cuya lucha por reelegir como jefe de Gobierno porteño representa, a su vez, la lucha por la supervivencia del PRO. Peleado con su primo Mauricio, que fue quien lo ubicó en la línea de sucesión porteña, Jorge está a la caza de aliados. Pese a su enojo con Larreta o Karina Milei, no descarta ninguna alianza. Las PASO abren las puertas a todo tipo de alquimias.
Jorge Macri lucha por la reelección NA
El contenido de la interna será, a su vez, el cariz que Macri le querrá dar a la campaña. Si es con Larreta, será una interna PRO que buscará resucitar la identidad amarilla en la Ciudad que los vio nacer. Es la línea que defiende María Eugenia Vidal, que es la única que sostiene, dentro del PRO, la necesidad de tener un candidato presidencial propio en 2027. Pero si es con LLA, como ocurrió durante las elecciones nacionales, será una pelea distinta, orientada a ver quién cataliza más el voto anti peronista.
Macri, como Bullrich, se prepara para todos los escenarios. Tras el fracaso de la elección porteña, en la que el PRO, con Silvia Lospennato a la cabeza, sacó el 16% de los votos, Jorge empezó a hacer algunos ajustes en la gestión. La decisión más importante, sin embargo, fue dejar el control político de la Ciudad a otra persona: Jorge “el Tano” Angelici.
Mauricio Macri y Daniel Angelici NA
El histórico operador judicial del radicalismo, ex presidente de Boca y ex presidente de la AFA, es quien lleva las riendas, hoy, del gobierno porteño. Controla la Legislatura, propone funcionarios, centraliza las negociaciones políticas con LLA y media, fundamentalmente, entre los primos Macri. Jorge, que deposita sus esperanzas para reelegir en Angelici, le cedió gran parte de la responsabilidad política de la Ciudad.
Hasta la caja de vinos navideña, que muchos funcionarios, jueces y legisladores recibieron del gobierno porteño por las Fiestas, llevaba la firma del operador judicial. En la tarjeta de felicidades firmada por Jorge Macri y su esposa, María Belen Ludueña, aparecía, al final, otro nombre: “Familia Angelici”. Los vinos eran de Cupra, la bodega de Angelici en el Valle de Uco.














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