Se reunieron anteanoche en Lomas de Zamora en medio de la interna peronista. "El grupo de los ocho", los millones en juego y los bandos en pugna
Les sirvió a todos. A los intendentes, para anotarse otro gesto de independencia frente a la competitiva interna peronista que tiene su epicentro en la provincia de Buenos Aires. Y a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que necesita sumar aliados dentro del PJ para amasar gobernabilidad ante el inicio del año que promete encontrar en las paritarias docentes un escollo durísimo de sortear.
Con esas anotaciones confluyeron anteanoche los ocho intendentes del Conurbano bonaerense que hace semanas fueron vitales en la votación del presupuesto y el endeudamiento en la Legislatura provincial, con tres funcionarios de primera línea del gobierno de Vidal. A la mesa de la coqueta casona de Lomas de Zamora del anfitrión, Martín Insaurralde, se sentaron Fernando Gray, de Esteban Echeverría; Juan Zabaleta, de Hurlingham; Ariel Sujarchuk, de Escobar; Mariano Cascallares, de Almirante Brown; Gabriel Katopodis, de San Martín; Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas, y Gustavo Menéndez, de Merlo, junto al ministro de Gobierno, mano derecha y operador político de la gobernadora, Federico Salvai; el ministro de Seguridad provincial, Cristian Ritondo, y el de Desarrollo Social, Santiago López Medrano. El asado, que se extendió hasta altas horas de la noche del lunes, fue confirmado a Infobae por varios de los comensales. Es el primer asado de alto contenido político entre los funcionarios provinciales de Cambiemos y los intendentes del PJ.
Si bien se coordinó casi de casualidad, la cena –a la que Salvai, principal interlocutor de Vidal con los intendentes peronistas, decidió asistir junto a Ritondo y López Medrano- sirve como botón de muestra para reflejar dos realidades: la buena sintonía entre el gobierno provincial y "el grupo de los ocho" caciques municipales, y la sinergia entre estos jefes comunales, que se consolidó tras la votación del presupuesto bonaerense y que impacta directamente en la interna del peronismo, en especial en la provincia de Buenos Aires, que quedó deshilachado tras la derrota de Aníbal Fernández en las elecciones pasadas.
Hace dos semanas, el mismo grupo de los nuevos barones del Conurbano se había reunido en un reservado del primer piso del selecto restaurante Oviedo, en el barrio porteño de la Recoleta. El diálogo con los funcionarios del gabinete macrista es fluidísimo.
Según pudo saber Infobae, el asado de anteanoche en lo de Insaurralde fue a temario abierto. Coincidieron en la necesidad de dialogar de cara al nuevo escenario político, debatieron durante un largo rato sobre la complejidad de la seguridad –Ritondo se llevó varios pedidos- y celebraron por los más de 10.000 millones que la administración de Vidal y los municipios recibirán en estos días como parte del endeudamiento aprobado por la Legislatura a mediados del mes pasado. Una relación de mutua conveniencia en la que todos ganan. La sanción de dicha ley no solo fue la primera prueba de fuego de este conglomerado de caciques que quiere dar pelea en la interna del PJ y que está ávido de fondos para obras municipales, sino que fue un fuerte espaldarazo a la figura de Salvai, que se jugó el pellejo en esa votación.
Vidal, sin embargo, apunta a ser prolija en el diálogo con todos los sectores del peronismo. Ayer por la tarde, horas después del asado, el ministro de Gobierno se reunió con la intendenta de La Matanza, Verónica Magario –que cobijó en su gabinete a varios ex funcionarios K-, y con Fernando Espinoza, una especie de alcalde en las sombras que además ostenta en los papeles la titularidad del PJ provincial, de cara a la renovación nacional partidaria de mayo.
De hecho, en el asado del lunes "el grupo de los ocho" intendentes habría blanqueado ante los funcionarios la posibilidad de avanzar en los sillones de algunos organismos clave de la Provincia que le pertenecen a la oposición, como el Banco Provincia. La decisión del gobierno bonaerense sería la de repartir esas sillas entre los diferentes bandos del peronismo.
En ese sentido, las próximas semanas serán claves para empezar a delinear con claridad los diferentes bandos en torno al peronismo bonaerense, en el que este conjunto de jefes comunales que trabó una buena sintonía con el gobierno provincial se contrapone a las figuras de Juan Patricio Mussi (Berazategui), Jorge Ferraresi (Avellaneda) o Walter Festa (Moreno), más alineados con La Cámpora y con la figura de Cristina Kirchner, que estuvieron cerca de dejarla a Vidal sin presupuesto. En ese esquema, la posición de Espinoza y hasta la de Daniel Scioli es todavía una incógnita. Misma inquietud le cabe a Florencio Randazzo, que retoma su actividad en marzo y cuyo futuro es incierto.
La dispersión en la provincia de Buenos Aires también tiene su correlato a nivel nacional, con un bloque de diputados del Frente Para la Victoria que a última hora de ayer estaba a punto de quebrarse y con los gobernadores fracturados por la coparticipación y por esta nueva modalidad del Gobierno de tentarlos con un federalismo desconocido en esta última década. La figura de Sergio Massa, que a fin de semana viajaría al norte del país con el presidente Mauricio Macri, es fundamental en ese escenario, tanto nacional como provincial.























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