Golpe de calor

Golpe de calor

Por Nelson Castro

Al Presidente, el enojo no le suma con su gente ni con el círculo rojo. Vigilia CFK.

Nadie sabe a ciencia cierta si es parte de la estrategia de campaña o de un arrebato personal. Pero lo cierto es que la imagen de un Macri enojado y tratando de delincuente a su difunto padre desconcertó a muchos y lo ayudó poco. El descenso de la imagen positiva del Presidente no se detiene. Y mientras la economía siga en esta especie de caída libre, es poco problable que las cosas cambien. Fuera del optimismo obstinado de Marcos Peña o Nicolás Dujovne, el detrás de escena que se vive en el oficialismo es de creciente preocupación. Las fuerzas de la economía decididamente no responden a ninguna de las medidas que viene adoptando el Gobierno, y una muestra de ello es lo ocurrido el jueves y viernes con la suba del dólar, a pesar de las estratosféricas tasas de interés con las que el Banco Central pretende detener el drenaje de divisas. Ese detrás de escena también permite apreciar la verdadera actitud de los técnicos del Fondo Monetario Internacional que están en Buenos Aires asignados a la tarea de monitorear la marcha de la economía del país. En ese ámbito de conversaciones privadas donde la verdad aflora sin tapujos, lo que se escucha son las críticas de esos funcionarios que son muy claros a la hora de adjudicar y asumir responsabilidades. “Nos pidieron un plan para controlar el dólar, pero eso de ninguna manera es un plan económico. El plan económico lo debe elaborar el Gobierno y lo que nos preocupa es que ese plan no está”, señalan cada vez con más fastidio y menos disimulo. Por estas horas, Macri y Nicolás Dujovne deberían haberse dado cuenta de que con las frases de apoyo de la directora gerenta del FMI, Christine Lagarde, no alcanza para generar la confianza de los inversores.   Ruidos. Como ya se dijo aquí, Cambiemos cruje. Reina en su interior tal desánimo que hay quienes no descartan que Macri salga tercero y quede fuera de la segunda vuelta. En el entorno del Presidente hay una cerrazón a escuchar esas voces críticas. Una de las más enojadas es María Eugenia Vidal. Así es como se la percibió en la reunión que se hizo hace unos días con los intendentes de Cambiemos de la provincia de Buenos Aires en la quinta de Olivos. Se entiende: en su entorno se manejan encuestas que no le auguran otra cosa que no sea la derrota.    Pegarle a Roberto Lavagna no ha sido un “error” cometido por Macri en la entrevista que le hizo Luis Majul. La duda se aclaró rápidamente cuando en tándem salieron a pegarle el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y un Dujovne cada vez más devaluado como ministro de Hacienda. Su frase “a Lavagna le fue bien haciendo todo mal” se debe agregar a otras igualmente disparatadas que se acumulan en su historial como funcionario público. Lo que busca el Gobierno es evitar el traspaso de parte de sus votantes hacia el ex ministro de Economía. La idea es asociarlo a lo viejo y al fracaso. El problema para el oficialismo es que la percepción de esa gente es exactamente la contraria. Problema que se ahonda cuando, entre los que han empezado a ver con buenos ojos la postulación de Lavagna, hay dirigentes del radicalismo que se han hartado del ninguneo al que los ha venido sometiendo el núcleo duro del PRO. En verdad, más que ninguneo ha sido desprecio. No es que sea algo nuevo en ese círculo aúlico del poder en donde se dividen las cosas entre probos y réprobos. Los probos son Peña y compañía. Todos los otros engrosan la lista de los réprobos. Y quienes forman parte del universo de los réprobos no tienen la más mínima chance de ser tenidos en cuenta por el Presidente. Es como si se aplicara para ellos la famosa frase de la Divina Comedia a la entrada del infierno: “Lasciate ogni speranza, vuoi ch’entrate” (Perded toda esperanza, los que aquí entran). Macri vs. los secretos del establishment, por Gustavo González Ejemplos. Quien vivió esto en carne propia fue Alfonso Prat-Gay. Como ya se ha dicho en esta columna, uno de los errores de gestión garrafales de Macri ha sido delegar la gestión en Marcos Peña. Cuenta la historia que durante una reunión de gabinete en la que no estaba el Presidente, Peña le dijo al entonces ministro de Hacienda: “No entiendo nada de economía, pero mi gente me dice que todo lo que vos estás haciendo está mal”. Impactado ante semejante aseveración, Prat-Gay tomó una decisión drástica: no asistir nunca más a las reuniones de gabinete en las que no estuviera Macri. En el ámbito empresarial cayó muy mal la afirmación del Presidente de que su padre fue partícipe de los delitos de corrupción ocurridos durante el kirchnerato. No porque no hayan sido ciertos, sino por la decisión de decirlo luego del fallecimiento de Franco Macri. En verdad, no fue esa la única circunstancia que le generó el reproche al fundador del Grupo Socma, uno de los representantes más conspicuos del empresariado prebendario que tanto daño le hizo y le hace a la Argentina. Fuera de Peña o Dujovne, el oficialismo vive una preocupación creciente Las encuestas que se vienen haciendo para diferentes empresas y grupos económicos de primera línea muestran que Macri está perdiendo la elección. Por eso, son cada vez más los que se están acercando al Instituto Patria para restablecer puentes con Cristina Fernández de Kirchner. El Grupo Roggio, el Grupo Arcor y el banquero Jorge Brito –de buena relación con Axel Kicillof y compañía– son algunos de ellos. En las conversaciones que mantienen, abundan las quejas y las críticas al Gobierno. Las especulaciones sobre si CFK compite o no en la elección presidencial representan, al día de hoy, una conjetura vana. La experiencia de Neuquén, en donde Ramón Rioseco con el apoyo de la ex presidenta perdió, demuestran que ella no traslada votos y que todo gira en torno de su persona. Y lo que han comenzado a mostrar las encuestas es una caída en el nivel de rechazo hacia ella. El Gobierno apuesta todo a tener frente de sí a Cristina Fernández de Kirchner. Se ilusiona con que las múltiples causas –abundantes en evidencias– por delitos de corrupción que hay en su contra tengan impacto a la hora en la que los ciudadanos decidan su voto. En medio del dramatismo de la hora, le vendría bien recordar la frase hecha ya leyenda con la que Bill Clinton ganó sorpresivamente la elección presidencial de 1992: “Es la economía, estúpido”. 

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