Elecciones 2023: las razones de Unión por la Patria, el verdadero frente de todos

Elecciones 2023: las razones de Unión por la Patria, el verdadero frente de todos

Una nueva receta con los mismos ingredientes. Riesgos y necesidades detrás de la postulación de Massa. La nueva polarización. Elogio de la voluntad.

Por: Nicolás Lantos.

El peronismo ingresó en esta etapa de definiciones de cara a las elecciones 2023 como Frente de Todos y salió como Unión por la Patria. El orden de los factores, en este caso, alteró el producto. La fórmula Sergio Massa - Agustín Rossi, acordada por los accionistas mayoritarios de la coalición, da cuenta de las novedades. El kirchnerismo orgánico no está representado en el binomio. La candidatura de Massa, a diferencia de la de Alberto Fernández, cuatro años atrás, alimenta un proyecto de poder alternativo, ya veremos si compatible. El trasvasamiento, a veces, no es una estrategia ni una urgencia sino tan solo un hecho de la realidad, inevitable.

Paradójicamente, en su acto inaugural, la definición de una fórmula que es, también, una declaración de principios y posibilidades, la Unión por la Patria fue más un frente de todos que lo que nunca fue el Frente de Todos. Una verdadera coalición en la que ninguna de las partes, ni siquiera la propia Cristina Fernández de Kirchner, tiene el peso por sí sola para imponer condiciones pero hay muchas, incluyendo al propio presidente, al que muchos ya habían descartado, con poder de veto y capacidad de negociación.

Después de una semana frenética, el resultado final fue producto de un imprescindible acuerdo a varias bandas. Hubo unidad entre las tres patas fundadoras porque así lo querían CFK, Massa, los gobernadores, los intendentes y hasta la CGT. Fue Massa porque lo eligió la vicepresidenta después de que quedara claro que Wado de Pedro no reunía los consensos necesarios. Habrá PASO contra Juan Grabois porque ni siquiera todos juntos pueden garantizar que no se fuguen votos descontentos con el desenlace. Es con todos.

La fórmula Massa - Rossi contempla que el escenario ya no es el que describió Fernández de Kirchner en televisión hace poco más de un mes, con tres tercios peleando por dos lugares en segunda vuelta, que volvían prioritaria la consolidación de un piso electoral. El ministro de Economía deberá ir a buscar uno por uno a muchos de los que conformaban la base de sustentación kirchnerista. Parte de un piso más bajo que el que podría tener un candidato de paladar negro que reciba sin ruido la transferencia de votos de CFK.

En la cúpula de UxP perciben, por el contrario, a partir de estudios de opinión pública y del resultado en elecciones provinciales que el escenario se encamina nuevamente hacia una polarización entre el peronismo y el antiperonismo. De ahí la decisión de disputar el centro del espectro político con un candidato como Massa para disputar de manera favorable el electorado contra la alternativa sobregirada que en cualquiera de sus versiones ofrece la oposición. La fórmula Wado - Juan Manzur también cumplía ese rol centrista.

Más allá de las bondades electorales de esa estrategia, que solamente podrán comprobarse en unos meses, esa configuración tiene el efecto político de mediano plazo de conjurar o al menos reducir las chances de un proceso de fragmentación partidario después de las elecciones, riesgo que preocupa especialmente a la vicepresidenta y del que advirtió en algunas de sus más recientes apariciones públicas. A veinte años de 2003, insiste, además, en el diseño institucional de dos bloques que imaginaba Néstor Kirchner antes de asumir.

La genealogía de la candidatura de Massa debe remontarse hasta el momento en el que asumió como ministro de Economía y pesan, ahora, los mismos factores que entonces. A él le gusta decir que son sus características de liderazgo que permiten poner orden y reconstruir la autoridad sin sobreactuaciones. Gravitó más, en verdad, la comprensiva red de contactos que construyó a lo largo de su carrera, desde Wall Street hasta Beijing, desde Martín Redrado a José Luis Manzano. Clavijas a las que no llegan otros en UxP.

La lógica, puramente instrumental, explica que se hace demasiado cuesta arriba ganar una elección o gobernar en estas condiciones si además hay que enfrentar simultáneamente a la oposición política, a todos los medios de comunicación, a los empresarios más poderosos del país y a intereses extranjeros, sin que ninguno de esos factores equilibre la balanza. Massa resta fichas de la cuenta del adversario y las agrega a su tablero. Pieza a pieza, ya tiene listos los anuncios que el ministro va a hacer para lanzar la campaña del candidato.

Ese doble rol implica varios riesgos que pueden dejar al peronismo fuera de carrera en cualquier momento. La inflación parece haberse estancado y hasta podría descender en los próximos meses pero cuando lleguen las elecciones difícilmente corra por debajo del 140 por ciento mensual. Adicionalmente, se prevé que los efectos de la sequía en la actividad provoquen tasas de crecimiento negativas. Las chances indican que Massa deberá pedir el voto en medio de un proceso de estanflación. Son razones que fueron sopesadas.

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Además, su gestión será el flanco por el que la oposición busque dañar su candidatura. Si antes del anuncio se esperaba una corrida cambiaria antes de las PASO, los incentivos para quienes promueven esos golpes de mercado ahora se duplican. Si tienen éxito, a las enormes ganancias monetarias le sumarán un triunfo político. Massa lo sabe y en su equipo anticipan anuncios que consolidarán la situación financiera del país para el resto del año. La renegociación con el FMI se informará en los próximos días.

Hay otro factor sin el cual se hace difícil explicar las novedades. Según reprodujeron varios interlocutores, la vicepresidenta dejó de creer en la posibilidad de un triunfo electoral después de las PASO de 2021 y nunca cambió esa opinión. Por el contrario, Massa solamente decidió asumir la responsabilidad porque está convencido de que puede ganar la presidencia. Él no quiere ser candidato, quiere ser presidente. Acaso esa ambición de poder sea lo que necesita el peronismo para dejar atrás la pasividad de los últimos cuatro años. 

Una última lección política con el diario del lunes. Sacando casos excepcionales, la política premia los riesgos y la voluntad. Cuando CFK pidió que cada dirigente saque el bastón de mariscal la mayoría se quedó ensayando operativos clamor y fingiendo demencia. Otros comenzaron a tejer su propio destino. Entre estos últimos se definió la cuestión. Unos ganaron, otros no. Pero todos ellos salieron bien perfilados en la última foto y se ganaron el derecho a ocupar lugares protagónicos en la nueva historia que comenzará a escribirse a partir de hoy.

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