Crecen los tironeos entre intendentes bonaerenses del PRO y la UCR, mientras Kicillof se mantiene expectante

Crecen los tironeos entre intendentes bonaerenses del PRO y la UCR, mientras Kicillof se mantiene expectante

Las negociaciones entre los jefes comunales y la provincia genera ruidos en la oposición bonaerense. También hay roces por el posicionamiento respecto al Gobierno de Javier Milei. Los intendentes del PRO preparan una reunión para los próximos días. En el radicalismo buscan mantenerse unidos y se despegan de Macri y de la Casa Rosada

 

Por Robertino Sánchez Flecha

Juntos por el Cambio (JxC) entró en una profunda crisis desde el 23 de octubre de 2023, al día siguiente de las elecciones presidenciales que pusieron en el balotaje a Sergio Massa y a Javier Milei. Desde entonces, los referentes y sectores de esa coalición comenzaron un proceso de reconfiguración política que la ha llevado al borde del quiebre. Son negociaciones y conversaciones que llegan hasta hoy y donde hay restos que aún generan consecuencias y tironeo político. “Hay ruido con los intendentes radicales”, soltó una figura del PRO en la provincia de Buenos Aires. Con esa frase describió la tensión que existe entre los jefes comunales de la Unión Cívica Radical (UCR) y los del partido amarillo, a quienes los une la necesidad de exigirle a gobierno bonaerense el pago de deudas con sus municipios, pero que los separa, entre otros aspectos, el posicionamiento respecto al Gobierno de Javier Milei.

Son movimientos de los que buscan sacar provecho tanto el propio Presidente de la Nación como el propio gobernador provincial Axel Kicillof. Al día siguiente de la elección general de octubre de 2023, la UCR se abroqueló para marcar una posición de neutralidad ante el balotaje y despegarse del PRO. El partido fundado por Mauricio Macri se dividió entre los “neutrales” y quienes decidieron jugar para Milei. No obstante, una parte importante, centralmente los dirigentes alineados con el ex Presidente y con Patricia Bullrich, apoyaron públicamente y fiscalizaron la candidatura del libertario.

Desde aquel momento empezó el distanciamiento entre la UCR y el PRO, que fueron el corazón político de JxC. Esa ruptura se replicó a nivel territorial, no sólo entre los referentes nacionales. Si bien tanto gobernadores como intendentes de lo que fue JxC intentaron mantener lazos y moverse concertadamente, el posicionamiento respecto a la gestión de Milei dificultó esa sociedad.

En la provincia de Buenos Aires ese esquema se replica y por estas horas está latente un ruido político por diferencias entre los intendentes del PRO y los de la UCR. En un punto, los matices son por tener miradas distintas respecto a Milei. Pero al mismo tiempo existen roces fuertes por cómo juega cada espacio su relación con Kicillof. De los 47 municipios que controla la oposición, hay decenas que reclaman al gobierno bonaerense el pago de deudas por sumas millonarias respecto a distintos giros que la provincia debe hacer a los distritos.

Esa situación llevó a que los intendentes de la UCR y el PRO buscaran actuar unidos para ejercer mayor presión a Kicillof. El gobernador, por su parte, se vio obligado a negociar con los jefes comunales, porque requirió de su apoyo en la Legislatura bonaerense para sancionar normativas que sin respaldo ajeno no podía emitir.

Kicillof articuló políticamente y logró el aval de una parte de JxC para aprobar en Diputados de la provincia, a finales del año pasado, la ley fiscal impositiva 2024 y un pedido de endeudamiento de $1800 millones de dólares.

Los intendentes del PRO y de la UCR tienen incidencia sobre buena parte de la bancada de esos partidos en la Legislatura. Por eso, condicionaron el apoyo a Kicillof a que la provincia se comprometa a afrontar las deudas que tiene con los municipios opositores en concepto de pagos por IOMA, el IPS, y también por partidas referentes al Fondo de Infraestructura Municipal 2022, así como por programas de seguridad y obras.

Para destrabar las negociaciones, los intendentes de lo que fue JxC acordaron con Kicillof la creación de un fondo especial para las intendencias por $116 mil millones. JxC tuvo como articuladores políticos de esas conversaciones a los intendentes Diego Valenzuela (PRO), de Tres de Febrero, a Maximiliano Suescún (UCR), además de un grupo de legisladores de ambos partidos.

Sin embargo, esa sintonía entre el PRO y la UCR se alteró en los últimos días. “Con los intendentes radicales la cosa está mal”, detalló ante Infobae un legislador bonaerense del PRO. “Jugaron flojo en las últimas semana, y más todavía en la última sesión -en la Legislatura-”, apuntó una operadora política del partido fundado por Mauricio Macri.

“El PRO está cooptado por Macri y están jugando para Milei. Nosotros no tenemos nada que ver con eso”, se distanció un diputado del radicalismo ante la consulta de este medio. Los intendentes de la UCR intentan tener una postura orgánica y tienen como referentes, en su mayoría, a Maximiliano Abad, senador nacional y presidente del Comité provincial, y a Miguel Fernández, ex intendente de Trenque Lauquen que fue candidato a vicegobernador en las últimas elecciones. Entre los intendentes, sobresalen los nombres de Suescún y de Miguel Lunghi, jefe comunal de Tandil.

Debilitado en la Legislatura bonaerense, Axel Kicillof busca aprovechar la división en los intendentes de la oposición

Quienes también son actores de peso a nivel nacional, con incidencia en la política provincial, son Martín Lousteau, senador nacional que preside el Comité nacional, Gerardo Morales, ex gobernador de Jujuy, y Gastón Manes. Si bien cada uno hace su juego, a todos los une algo: las diferencias insalvables con Macri y con Milei.

Entre los intendentes del PRO hay cohesión. Existen matices, incluso no faltan recriminaciones sobre el “exceso de protagonismo” que algunos intendentes amarillos buscan tener. Pero se mantienen unidos. De hecho, tienen previsto reunirse en los próximos días. La intención es que haya un cónclave de los 17 jefes comunales del PRO antes de fin de mes y no se descarta que pueda suceder esta semana -si coordinan agendas-. Macri sigue de cerca esos movimientos y mantiene contacto directo, de forma esporádica, con los intendentes de su partido.

Guillermo Montenegro, de Mar del Plata, Soledad Martínez, de Vicente López, Diego Valenzuela, de Tres de Febrero, y Ramón Lanús, de San Isidro, son los cuatro intendentes con mayor peso en el PRO. Gobiernan municipios claves, tanto en cantidad de habitantes como en visibilidad política. Montenegro y Martínez (alfil de Jorge Macri en la provincia) tienen muy buena sintonía política y actúan prácticamente en tándem. Valenzuela es de los más experimentados, administra un distrito relevante del conurbano, se mueve con cierta autonomía -sin terminal política directa- y con un plus: tiene una amistad de hace años con el propio Milei. Lanús es un intendente joven, que dio un batacazo en un municipio histórico del radicalismo, con excelente relación tanto con Macri como con Patricia Bullrich, y que hoy está enfocado en la gestión diaria y en consolidar sus equipos, tras 40 años de los Posse.

En tanto que los radicales gobiernan 29 municipios y se mueven orgánicamente, nucleados no sólo en el Comité provincial sino también dentro del Foro de Intendentes Radicales. Hicieron una última reunión formal el 1 de diciembre en La Plata, con legisladores y autoridades partidarias. Se mantienen en contacto permanente y analizan hacer otro encuentro durante el verano, para mostrarse unidos y exteriorizar un posicionamiento sobre la situación del país y de la provincia.

Kicillof conoce que la fragmentación opositora en la provincia lo beneficia. En una situación de debilidad legislativa y económica, para el gobernador es más favorable hacer negociaciones individuales con cada partido, incluso con cada intendente, que llegar a acuerdos con una coalición más amplia que se mueva en bloque. Por eso, articula a través de sus operadores políticos para tributar esa división y alimentar la interna entre el PRO y los radicales.

Tanto en el PRO como en la UCR deslizan que en la provincia intentarán conservar el diálogo y buscarán mantener cierta cohesión entre los intendentes durante las próximas semanas. Aunque si las diferencias persisten y se agravan, nada garantizará una guerra a cielo abierto antes de que termine el verano.

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