Las tribus del discurso oficial: optimistas, moderados y pesimistas

Las tribus del discurso oficial: optimistas, moderados y pesimistas

Desde la rotunda derrota en las PASO, el gobierno de Mauricio Macri hizo varios intentos por recalibrar su discurso de gestión y de campaña de cara a la elección general del 27 de octubre próximo.

Dejar de polarizar con el kirchnerismo y de hablar del pasado para hablar de futuro; apostar a una dialéctica "institucional" y centrada en "valores" y promover el "voto útil" para "equilibrar el poder". La estrategia fue variando con el paso de las semanas tras la caída. El objetivo es uno solo: forzar un ballottage con Alberto Fernández, el ganador de las PASO con el 47 por ciento de los votos.

Sin embargo, y pese a los esfuerzos de la Casa Rosada por manejar un discurso uniforme y previsible, en la práctica, la palabra oficial aparece hoy cruzada por contradicciones. Las intervenciones de los voceros habituales del oficialismo, formales e informales, autorizados o no, dan cuenta de esa variedad desordenada, de un universo en el que los optimistas "a toda costa" conviven con los "moderados" y los "pesimistas". Son al menos tres tribus para un discurso heterogéneo.

Los ultra optimistas

Aunque con apariciones esporádicas, Elisa Carrió es una de las principales exponentes de este grupo. Como tantas otras veces en el pasado, no tardó en quedar asociada a una polémica. ""Presidente, no se mueva de donde está. No hay que enfrentar las tormentas con los lobbys que piden cambios todos los días. A nosotros no nos van a sacar de Olivos. ¡Nos van a sacar muertos!", lanzó la jefa de la Coalición Cívica ante el gabinete ampliado reunido en el CCK.

Hace dos semanas, Carrió le contestó a Alberto Fernández, que había dicho que Macri estaba "contando los días" que le restaban de mandato. "Nosotros también estamos contando los días, pero para ganar la elección", replicó entonces la diputada.

Otro optimista a toda prueba es Miguel Pichetto, que además encarnó el discurso oficialista más polémico. La semana pasada, por ejemplo, aseguró que "el concepto de hambre no es aplicable a la Argentina".

En el terreno electoral, el candidato a vicepresidente de Macri acumula pronósticos optimistas frente a las elecciones generales. "Que Alberto Fernández no se ponga el traje azul que falta la elección más importante", "Hay mucha gente repensando el voto" y "El resultado de las PASO no es nada que no se pueda revertir. Hay un escenario posible de segunda vuelta en Argentina", son algunas de sus manifestaciones de confianza ciega.

En silencio, el pilar de este grupo es el jefe de Gabinete, Marcos Peña, señalado por muchos en el Gobierno como el principal responsable de la derrota de las PASO, pero pese a las críticas todavía depositario de la máxima confianza de Macri. Aunque en las últimas semanas evitó las apariciones públicas, es uno de los más convencidos de que es posible conseguir en octubre un resultado que obligue a definir en un ballottage.

También se enfila entre los optimistas el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, que señaló: "Es totalmente realista pensar que Fernández puede sacar menos del 45%".

Los moderados

Directamente vinculados al día a día de la gestión son quienes más rápidamente acusaron el golpe del 11 de agosto y quienes admiten que revertirlo es difícil, aunque no imposible.

En esa línea se ubicó el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, que hace pocos días admitió que las medidas que Macri tomo después de las PASO buscan paliar la crisis económica pero, también despejar el arduo camino hacia una posible segunda vuelta.

"Sabemos que vamos a enfrentar dos meses difíciles, pero también sabemos que nuestra propuesta nos va a poder hacer tener un buen resultado electoral que nos permita tener la chance de ir al ballottage", dijo Sica. No obstante, describió la paliza en las urnas como "un fuerte llamado de atención" contra la política económica".

En la misma tónica se manifestó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, uno de los impulsores del "voto útil" como forma de garantizar el "equilibrio de poder" a partir del 10 de diciembre. "Trabajamos, primero, para llegar al ballottage. Llegar al ballottage garantiza el equilibrio de poderes. Es muy importante que nadie tenga la suma del poder público", dijo en una entrevista con el diario La Capital de Rosario, publicada el domingo último. "Se abre la esperanza de poder convencer a más argentinos de que no hay que dar marcha atrás en todos los avances que se lograron", añadió en el mismo sentido.

Ahora, Frigerio apunta al "voto útil" para "equilibrar" el poder

Aunque enfocado en la coyuntura económica, el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, es otro de los que en su discurso combina la autocrítica con la defensa de las últimas decisiones de Macri como las "indicadas" para estabilizar la economía.

Los pesimistas

Entre los voceros más críticos del oficialismo, los que aun sin decirlo directamente asumen que Cambiemos no tiene ninguna chance de dar vuelta el veredicto de las PASO, pica en punta el diputado nacional Daniel Lipovetsky. "Cuando no tenes política y no tenes economía, es posible que pierdas por 15 puntos como nos pasó", asestó hoy en declaraciones a FM Futurock.

Consultado sobre el resultado de las primarias, el diputado, cuyo nombre quedó fuera de las listas del oficialismo, fue lapidario. "Se tomaron decisiones que no consideraban la situación económica de la gente. La gente votó con el bolsillo. Hicimos cosas buenas pero si después la gente no tiene para comer es difícil", evaluó. Incluso, en una muestra clara de que da la batalla electoral por perdida, llamó a "rediscutir liderazgos" hacia adentro de Cambiemos y mencionó a María Eugenia Vidal y a Horacio Rodríguez Larreta.

Otras dos voces muy críticas son las del expresidente del Banco Central Federico Sturzenegger, que dijo que la entidad no fue independiente del Poder Ejecutivo durante su paso por el Gobierno y publicó un informe con un duro análisis sobre el fracaso del plan económico de Cambiemos, y Carlos Melconian, que en los últimos días volvió a cuestionar el gradualismo de Macri. Llegó a plantear que el principal problema de la gestión económica fue la "inacción".

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