Kicillof avanza en su proyecto electoral: la nueva identidad en el centro del país y los conflictos sin cerrar con La Cámpora

Kicillof avanza en su proyecto electoral: la nueva identidad en el centro del país y los conflictos sin cerrar con La Cámpora

El gobernador de Buenos Aires apuesta a construir una relación más amena con el electorado de Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe, provincias donde el kirchnerismo tiene una fuerte resistencia

Por Joaquín Múgica Díaz

Axel Kicillof tiene el pie sobre el acelerador de su proyecto político. Esta vez no habrá un Clio negro, como el que aún tiene Carlos Bianco, para unir las rutas argentinas del mapa electoral. El desafío es más grande que en el 2018, cuando la mesa chica del kicillofismo empezó a girar, dándole un tono épico y colorido a las recorridas, por toda la provincia de Buenos Aires con la candidatura a gobernador como bandera. Esta vez el proyecto es nacional y necesitará de una logística más grande y compleja.

A través de un puñado de dirigentes de su círculo más cercano, el gobernador bonaerense empezó a construir en los últimos tres meses pequeñas centrales del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en algunas provincias del país, con el fin de darle volumen a su armado político y expandir la iniciativa electoral que lo tiene como actor principal.

En esa estructura laboral que articula, desde la provincia de Buenos Aires hacia el interior del país, están los ministros bonaerenses Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Cristina Álvarez Rodríguez y Andrés “Cuervo” Larroque; los intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Fernando Espinoza (La Matanza); y el ex jefe comunal de Florencio Varela e histórico dirigente del peronismo provincial, Julio Pereyra.

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Aún no hay fecha definida para que Kicillof desembarque en persona en alguna provincia. Lo que sería el primer gran paso para darle forma a su construcción nacional. Ese movimiento es el que esperan algunos dirigentes del interior del país, que no ven a ningún otro nombre tan decidido como el economista a edificar un proyecto nacional.

Carlos Bianco y Andrés "Cuervo" Larroque son dos de los principales armadores de Kicillof en el ámbito nacional

En el kicillofismo creen que hay muchos nombres propios del interior que están en un lugar de demasiada comodidad y que no empujan desde sus provincias la reactivación de un debate nacional del peronismo. “Están a la espera de que Axel se mueva. Ellos también se tienen que mover. Y después veremos cómo se acoplan ellos o como nos acoplamos nosotros”, indicaron cerca del gobernador bonaerense.

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En ese sentido, en La Plata creen que el freno que muchos dirigentes se autoimponen, advirtiendo que no se puede hacer ningún movimiento político hasta tanto no se resuelva la interna bonaerense, es “una excusa berreta”. Una traba que generan para “no activar” un plan de acción de cara a la construcción de un proyecto político opositor que enfrente a Javier Milei el año que viene.

Uno de los grandes desafíos que tiene Kicillof por delante es desembarcar en las cuatro provincias del centro del país, que son muy importantes en términos electorales, ya que concentran el 24% del padrón electoral. Sumado a la provincia de Buenos Aires, que tiene el 37%, en total aglutinan más de la mitad de los electores del país. Se trata de Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Cuatro lugares donde el kirchnerismo tiene una fuerte resistencia.

“Es real que el electorado de esas provincias es refractario al kirchnerismo, pero en especial a CFK y La Cámpora. El desafío es quebrar esa lógica y plantear algo nuevo. Sin renegar de dónde venís, pero que proponga un diálogo nuevo con los cordobeses, los mendocinos, los entrerrianos y los santafesinos”, precisaron en el entorno más chico de Kicillof.

Katopodis, Ferraresi y Alak, integrantes del círculo político de mayor confianza que tiene Kicillof en la provincia de Buenos Aires

En La Plata apuestan a que Kicillof “puede hablarle a los ciudadanos de cada provincia sobre lo que les interesa”, y de esa forma “romper barreras y mitos”, respecto al posicionamiento del peronismo bonaerense sobre las matrices productivas del interior. “No tenemos que quedar presos de ninguna definición, más allá de las ideas de las que estamos convencidos”, le planteó a Infobae un funcionario de estrecha relación con el Gobernador.

Tal vez el primer paso para romper esos muros que dividen posturas ideológicas sea mantener el diálogo abierto con algunos gobernadores en base a la gestión. En los últimos meses Kicillof ha mantenido comunicaciones con el cordobés Martín Llaryora por la reforma laboral, con el santafesino Maximiliano Pullaro por el conflicto policial en su provincia y con el chubutense Ignacio Torres por los incendios forestales del sur.

Esos diálogos son fluidos y en buenos términos, pero son todos vinculados a la gestión. No hay, por ahora, rosca política que cruce los encuentros telefónicos. Pero es posible que, con el correr del año, las propuestas para converger en un armado opositor comiencen a aparecer con mayor definición.

Kicillof también tiene conversaciones abiertas con los gobernadores Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca), dos peronistas que han funcionado como aliados estratégicos de Milei en los dos primeros años de su mandato. Son dos mandatarios que el año pasado, cuando se acercó el momento de los comicios, se desmarcaron del Presidente y la buena relación que los une, para reafirmar la identidad peronista local que los ha distinguido a lo largo de los años. El proyecto peronista necesita de todos, aseguran en el kicillofismo.

Uno de los grandes desafíos de Kicillof es desembarcar en Santa Fe y Córdoba, donde gobiernan dos referentes de Provincias Unidas como Pullaro y Llaryora

Existe una idea que sobrevuela al peronismo bonaerense y a algunas terminales de Provincias Unidas, y tiene que ver con la posibilidad de construir, en un unidad, una coalición amplia y consistente que pueda ser una alternativa a la expresión libertaria de Javier Milei. Que de acá a mitad del año que viene haya una articulación de voluntades y tribus que tengan como objetivo principal combinar posturas sobre políticas públicas y armar un esquema político amplio y nacional.

En el peor de los casos, en el kicillofismo apuestan a que esos sectores provinciales no jueguen en contra de proyecto a nivel país que tenga como eje al peronismo. Imaginan una suerte de acuerdo táctico que contribuya, indirectamente, a la propuesta que hoy encarna Kicillof.

“Si en esas provincias no podemos ganar, tenemos que tratar de perder por menos que antes”, reflexionó un funcionario del gabinete bonaerense respecto al centro del país. Es una estrategia que al peronismo le sirvió en el 2019, cuando el Frente de Todos, liderado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, abrió las puertas de la Casa Rosada.

En La Plata están convencidos que el armado en el centro del país llevará más tiempo que en otros lugares, pero que Kicillof tiene una buena base para crecer. “Tenemos mucho espacio para construir la identidad del nuevo proyecto político que queremos encarnar”, precisaron cerca del gobernador bonaerense. Es un desafío complejo y el tiempo corre cada vez más rápido, pero el mandatario provincial se tiene confianza.

Axel Kicillof y Máximo Kirchner no se hablan. La relación se da a través de terceros (AG La Plata)

En paralelo, el mandatario provincial debe resolver algunas tensiones con La Cámpora que aún están vigentes. Después de acordar la renovación de autoridades del PJ Bonaerense, el próximo escollo en el camino es llegar a un acuerdo por tres lugares del Senado bonaerense: la vicepresidencia primera, la secretaría administrativa del cuerpo y la presidencia del bloque peronista.

El lugar que en La Plata no están dispuestos a ceder es la vicepresidencia primera, espacio que quieren que ocupe la bahiense Ayelén Durand. En los hechos, es la sucesión directa de Verónica Magario que, al mismo tiempo, es quien debe suceder a Kicillof en caso de licencia. En el kicillofismo quieren toda la línea sucesoria ordenada y alineada a la conducción del Gobernador. Esa es una discusión latente con el sector de CFK.

La relación entre Kicillof y el cristinismo siguen igual de mal que siempre. Hay una tensión permanente en el vínculo político. Con Cristina y Máximo Kirchner no se habla. Con el paso de los meses, cada uno de esos actores tendrán que decidir en qué lugar jugar dentro de la partida electoral. A partir de ese momento empezará a quedar más claro si existe la posibilidad de un proyecto en unidad o si en el futuro los espera un divorcio traumático.

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