Juntos por el Cambio: ruidos arriba y fisuras abajo

Juntos por el Cambio: ruidos arriba y fisuras abajo

Las diferencias entre Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y los radicales ponen en riesgo a la coalición en diferentes provincias

 

Por Claudio Jacquelin

El show debe continuar y la dirigencia política le hace honor, aunque los espectadores le den la espalda. En el escenario principal se suceden, con espectáculos dudosos, oficialistas y opositores varios. Ahí Juntos por el Cambio (JxC) sostiene aún, con dificultad, una buena porción de la audiencia y alterna centralidad, torpezas y complicaciones con el exFrente de Todos. En desmedro de ambos.

Así las dos últimas semanas le indican al universo cambiemita que, al margen de lo que quieran, el calendario electoral empieza a poner fechas límite y obliga a tomar decisiones, expone limitaciones y genera reconfiguraciones.

En ese contexto, aparece incómodo, por una dinámica que no controla, el tiempista cambiemita (o el gran procrastinador de la oposición, según sus rivales). La realidad y el cronograma político-electoral del país federal desafían a Horacio Rodríguez Larreta, que, obstinado en sostener su ritmo, solo se permite unas breves aceleraciones (o reacciones) de impacto fugaz para evitar que siga diluyéndose la condición de favorito excluyente que hace más de un año ostentaba. No es el único, pero sí el más expuesto.

Los ruidos públicos que aumentan en la cima tienen eco en las bases provinciales y municipales. donde crecen los conflictos y los riesgos de fracturas. Consecuencia de que el partido entre los presidenciables se vea cada vez más abierto, sin ningún liderazgo ordenador y con focos cruciales de incertidumbre.

El panorama se ve agravado por la reconfiguración general de la escena político-electoral . Las antinomias kirchnerismo-antikirchnerismo, macrismo-antimacrismo van perdiendo su potencia ordenadora. El tiempo y el ejercicio del Gobierno no han pasado en vano. “La pregunta dominante y organizadora de esta elección ya no será, como en todas las anteriores, el kirchnerismo. Solo será una más”, suele decir el analista Pablo Knopoff.

La sucesión de fracasos de esos polos, la falta de respuesta a muchas de las principales necesidades sociales, la irrupción de nuevas demandas, las secuelas de la pandemia y la cristalización de la crisis más extensa de la que los argentinos tengan memoria, sin esperanzas ciertas de superación ni expectativas ciertas de explosión, son el sustrato nacional sobre el que los precandidatos cambiemitas intentan hacer pie, sin lograrlo. No alcanza con estar en contra de Cristina Kirchner. Tampoco de Mauricio Macri.

Sin embargo, la permanencia obturadora de ambos, todavía dominantes en sus casilleros, pero sin mayor proyección más allá de su núcleo duro, solo complica cualquier proceso de renovación. Pueden dejar de iluminar, pero siguen proyectando sombras. Desde acá abajo se siguen viendo estrellas ya extinguidas hace mucho.

La dilación que le imprime Macri a la definición sobre su futuro y sus sinuosos movimientos ocupan un lugar relevante para explicar las complicaciones cambiemitas. De todas maneras, cada vez son menos los que apuestan su dinero a una nueva candidatura a Presidente.

Patricia Bullrich y Alfredo Cornejo, hace dos semanas, en MendozaMarcelo Aguilar - LA NACIÓN

Lo ven muy a gusto en su roles actuales, sosteniendo la centralidad en la interna partidaria y como funcionario de la FIFA, que le da figuración, vínculos y oportunidad de ampliar su cartera de negocios internacionales, especialmente en el mundo árabe. Solo le preocupan y bastante, dicen, las causas judiciales que lo tocan a él y a sus herederos. Otro espejo con su némesis.

Lo cierto es que la mayoría de JxC sufre ese estado de indefinición, mientras él disfruta el ejercicio del poder que aún le queda y que cualquier resolución adelgazará. Como dicen varios macristas, “qué lejos está aquel Mauricio (de 2015) de este Macri”. Más Franco no se puede

Las transiciones son siempre el momento más difícil e incierto de todos los procesos. Más aún cuando se suman nuevos actores disruptivos, como el antisistema Javier Milei, ya el tercero en discordia, capaz de interpelar a los dos polos y ser el significante vacío en el que muchos ciudadanos encuentran un recipiente donde poner su frustración, enojo y deseos de castigo.

El subibaja de Pro

En medio de tantas nebulosas, emergen algunas evidencias que abren nuevos alineamientos. En primer lugar, aparecen las curvas que dibujan las trayectorias de las precandidaturas de Larreta y Patricia Bullrich, con destino de cruzarse si la aceleración siguiera constante e ininterrumpida. Es la película de los últimos meses y la foto de hoy, con consecuencias en el presente. Cambiar o sostener ese recorrido es el mayor desafío de ambos. Una aprovecha su momento para sumar volumen. El otro busca un nuevo punto de apoyo para construir su liderazgo. No depende solo de ellos.

La discusión central de estos días no es cuán cerca o cuán lejos está uno del otro, quién está más arriba y quién más abajo en las imperfectas encuestas de intención de voto. Que sea mayoritaria la admisión de que ya no hay diferencias decisivas entre ambos hace que cobre mayor relevancia el recorrido ascendente de Bullrich y la dificultad de Larreta para encontrar un piso.

Larreta se mostró junto a Martín Lousteau en Parque Chacabuco

Las fotos en la vendimia mendocina, de la presidenta de Pro con dirigentes mayoritarios del radicalismo de Mendoza, Córdoba, Corrientes y Santa Fe le sirvieron a ésta para reforzar la imagen de estar atravesando por una tendencia alcista y de que estaría mejorando su base de sustentación. También le permiten suavizar sus aristas más extremas, sin bajar sus ruidosas y polarizantes consignas. Con la mirada puesta en la interna cambiemita y, por el retrovisor, en el avance de los libertarios anticasta.

“Mi presencia y mi discurso es lo que impide que Milei crezca más”, le dice Bullrich a los críticos de sus posturas radicalizadas. Una hipótesis por demostrar, que para ella no necesita comprobación.

“Sus nuevas compañías hablan parcialmente de su potencial presidencial. Es cierto que le sirven para decir que ya no la ven como una extremista solo ideal para el núcleo duro macrista e inviable para una elección general. Pero, también, hay otro elemento que explica su momentum: la interna radical. Las fotos fueron más contra Gerardo Morales que contra Horacio”, admiten, explican y se consuelan en la mesa arretista.

Sin embargo, hay más. No necesariamente por mérito de la titular del Pro sino por la falta de resolución de algunos conflictos que se le han planteado al alcalde porteño y que corren el riesgo de reforzar las críticas a su liderazgo (o a la falta de esa cualidad). Allí aparecen los conflictos subnacionales.

El caso más paradigmático y que marcó la masiva excursión política a Mendoza es el que protagoniza quien en el comienzo de la campaña fuera elegido para armar el larretismo en el interior. El díscolo Omar de Marchi se transformó en una cordillera en los zapatos de Larreta.

El infructuoso viaje prevendimia del alcalde porteño y los infinitos intentos previos y posteriores de ablandamiento ejercidos por varios de los más importantes dirigentes larretistas no lograron aún desactivar el desafío de De Marchi. Su amenaza de no ir una PASO y competir por afuera contra el mandamás del radicalismo mendocino y aspirante a volver a la gobernación, Alfredo Cornejo, sigue todavía en pie.

El riesgo que eso implica para la retención de la provincia en manos cambiemitas no es menor. Mucho más si, como nadie descarta, termina haciendo una alianzal con MiIlei, que en la provincia gana adeptos a expensas de JxC, pero también del peronismo, como viene constatándose en muchos otros distritos.

Bullrich solo amenaza con la expulsión de De Marchi y la inminente intervención del Pro de Mendoza, por no haber realizado aún la elección de autoridades, cuyo mandato vence el 31 de este mes. Pero no se hace cargo del conflicto que deriva en su rival. Lo que uno pierde, el otro trata de sumarlo. Aún a riesgo de agitar más la conflictividad interna.

Más provincias en riesgo

La provincia cordillerana no es una excepción.Apenas es uno de los casos en los que los problemas en la cima se potencian en las bases y ponen en riesgo el propósito de pintar más provincias de amarillo. Además, de amenazar con debilitar la construcción nacional y alejar aún más a votantes.

La agria disputa abierta en Tucumán entre el larreto-peronista Germán Alfaro y el radical Roberto Sánchez es igualmnete crítica. El riesgo de fractura crece y aumenta las probabilidades de triunfo de la fórmula peronista invertida, lidera por el actual vicegobernador Osvaldo Jaldo, acompañado por el gobernador Juan Manzur. También crece la probabilidad de que los cambiemitas pierdan la capital que hoy administra Alfaro. Tropicalidades. Tampoco acá los oficios del alcalde porteño, pero no solo de él, han logrado encuadrar a los actores.

El fenómeno se repite en Neuquén, aunque allí todos coinciden en señalar como responsable de los problemas a Macri, quien bendijo a Rolando “Rolo” Figueroa, exdiputado del oficialista Movimiento Popular Neuquino, lo que fracturó la alianza con los radicales y la Coalición Cívica. El MPN lo festeja. Y se relame el peronismo, que en 2021 había quedado tercero.

Los vientos patagónicos sacuden también el armado de JxC en Chubut. La elección interna en Trelew solo profundizó heridas. En el subsuelo ya hay réplicas del triunfo de Gerardo Merino, un originario radical adoptado por el Pro, que se impuso a Federico Massoni, candidato oficial de la UCR. También acá podrían ponerse en riesgo la performance provincial de JxC, así como en varios municipios. Las responsabilidades de lo que ocurre en esta provincia son compartidas. Escenas de la crisis de liderazgo en la cima del Pro.

El único alivio provincial lo ofrece, por ahora, Córdoba. El acuerdo para dirimir por encuestas, ante la ausencia de primarias obligatorias en esa provincia, la candidatura a gobernador entre Luis Juez y Rodrigo de Loredo encarriló una situación complicada. La foto de hoy hace prever que Juez terminará yendo por el cargo mayor, mientras que el joven radical iría por la intendencia de la capital, aunque él dice no descartar ser parte de la fórmula a la gobernación.

Rodrigo De Loredo y Luis Juez definirán quién será el candidato de JxC en CórdobaTwitter Rodrigo De Loredo

Para el final, el intríngulis mayor del universo cambiemita: la ciudad de Buenos Aires, cuna macrista. El juego de Larreta consistente en saturar la cancha de precandidatos amarillos para no definir su apoyo y no complicar su alianza con el radicalismo, que lleva como postulante a Martín Lousteau, empieza a encontrar sus límites.

Jorge Macri, que esponsoreado por su primo expresidente y por Bullrich, quiere elecciones unificadas con las nacionales. Los radicales piden fairplay y solo aceptarían que si no se desdoblan los comicios sean concurrentes. Es decir, en la misma fecha pero con boletas separadas y,además, por voto electrónico o boleta única. Nada que miren con simpatía los primos macristas.

Por eso, no extraña que agudos conocedores del fundador de Pro digan que “Mauricio está esperando qué Horacio defina a quién apoyará en CABA y cómo y cuándo serán las elecciones ahí. Solo después anunciará qué hará él. No está dispuesta a poner en riesgo su único y verdadero territorio. Mucho menos si, al final, no va a presentarse”. El maratonista, obligado a enfrentar al jugador de bridge.

Ese será el principio del final de las definiciones. Mientras tanto, las elecciones provinciales adelantadas irán creando nuevas condiciones y climas de opinión. En muchos casos para la oposición cambiemita serán un largo desierto por atravesar.

El desafío inmediato para sus dirigentes es lograr que los ruidos de la cima y las fisuras de las bases no se transformen en fracturas que le compliquen aún más la elección nacional. Nada está resuelto. O, mejor dicho, cada día está más complicado.

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