Desendeudamiento o muerte, una sospechosa consigna

Por Carlos Pagni

Una revolución convocada bajo la consigna "desendeudamiento o muerte" es, hay que admitirlo, una revolución sospechosa. Sin embargo, Cristina Kirchner comunicó el jueves que está dispuesta a romper con el orden legal si los jueces, la oposición, la prensa o alguna otra figura de su demonología le impide cumplir con los acreedores.

Es posible que la Presidenta haya conseguido engañarse a sí misma, pero es más difícil que logre engañar a los demás. El gasto público es tan desmesurado que los recursos autorizados en el presupuesto no alcanzan a financiarlo. El Gobierno no puede aumentar los impuestos porque la última vez que lo hizo, con las retenciones móviles, desató una rebelión. Tampoco acepta licuar sus erogaciones con una gran devaluación porque eso supondría una rebaja del salario y, es muy posible, una corrida cambiaria. Menos aún admite emprender un severo recorte fiscal.

Frente a estas restricciones, la Casa Rosada decidió anexar al Banco Central como caja auxiliar de la Secretaría de Hacienda. La oposición lo ha venido impidiendo y no sólo por razones formales. Quienes se ven en el poder en 2011 pretenden que, en vez de depredar los activos del Estado, los Kirchner racionalicen la economía antes de irse. La Presidenta tergiversó los términos de esta exigencia, al denunciar que la quieren forzar a un default. Sin embargo, allí donde dijo "antes que no pagar la deuda, prefiero desobedecer los fallos de los jueces" debería leerse "antes de hacer un ajuste, nos vamos". Esa sí sería una revolución inteligible: populismo o muerte.

La amenaza de suicidio de los Kirchner surtió efecto. Una parte de la oposición propuso un acuerdo que incluye la autorización por ley del uso de las reservas. La negociación que se lleva adelante en el Senado fue promovida por Julio Cobos. Es decir, José Pampuro no fue; lo llamaron. El vicepresidente había dejado una puerta entornada desde el miércoles pasado, cuando la UCR, el PJ disidente, la Coalición Cívica y el socialismo avanzaron sobre el control de las comisiones del Senado. Aquel día, Cobos convalidó la integración que le llevaron esas minorías, salvo en un caso: la bicameral que supervisa los decretos de necesidad y urgencia (DNU). Cobos se dio el gusto de hacer lo que no pudo durante la votación de la resolución 125: abrir un cuarto intermedio para forzar una negociación. Lo retrató bien Beatriz Sarlo: "Es un extremista de la prudencia".

Cobos habló con el jefe de la bancada de la UCR, Gerardo Morales, quien solicitó un poder a Adolfo Rodríguez Saá, que estaba ausente. Después, los dos radicales llamaron a Pampuro. El presidente provisional del Senado escuchó la propuesta y corrió a lo de Miguel Pichetto, para sumarlo a la negociación. En cuestión de minutos, Pampuro fue víctima de un ataque piraña: Florencio Randazzo, Julio Alak y Hugo Curto, entre otros, lo llamaron para condenarlo por traidor. Uno de ellos aclaró que lo hacía por orden de Kirchner. Sin embargo, por la tarde, Randazzo volvió a comunicarse con el senador. Le dijo que la Presidenta quería estar al tanto de lo que conversaba.

Hoy será una jornada crucial. Pampuro -que suspendió un viaje oficial a Montevideo-, y el ex talibán Pichetto, responderán a Cobos y Morales. Hay urgencia: la comisión de los DNU debe estar integrada antes de que se reúnan, mañana, los jefes de bloque. En diciembre, la oposición había acordado que ese equipo quedara empatado y que los recintos fueran el fiel de la balanza. Pero el miércoles último se quedó con cinco de las ocho bancas que corresponden al Senado, lo que le permite, además, designar al presidente. Cobos y Morales ofrecieron volver al empate de ocho, pero dejando a Rodríguez Saá en la jefatura, que tiene doble voto. Los DNU quedarían regulados, entonces, por la interna peronista.

La integración de esa bicameral puede ser, en la práctica, intrascendente. Los que aprueban o rechazan los DNU son los plenarios de las cámaras, y allí el Gobierno está en minoría. Sin embargo, según sea hoy la respuesta de los Kirchner, se sabrá si el genio del descalabro institucional comenzó a regresar a la botella.

Cobos y Morales también propusieron habilitar las reservas mediante una ley. Se adoptaría el proyecto del senador pampeano Carlos Verna, base del último DNU. Uno de los líderes del oficialismo en Diputados adelantó: "No podemos aceptar la ley si nos voltean el decreto esta semana. La única salida es que, a cambio de que sancionemos su proyecto, Verna se comprometa a no sumar los votos de La Pampa al rechazo del DNU. Que lo anulen cuando esté la ley". ¿Y si lo rechazan antes? "Nos quedamos con la plata, hasta que hable la Corte", contestó el legislador. Ni Elisa Carrió habla de juicio político a la Presidenta. Pero ese fantasma ya está instalado en el horizonte.

Carrió se opone a que el Gobierno se financie con reservas. No sólo por un criterio institucional, sino también fiscal. Alfonso Prat-Gay reiteró ante diputados radicales que, en vez de pedir fondos extraordinarios, el Poder Ejecutivo debería someter al Congreso una nueva versión del presupuesto. Eduardo Amadeo, del PJ disidente, piensa lo mismo.

Reservas

La apropiación de las reservas a través de un DNU impugnado por la Justicia y el Congreso, además de ilegal, es una estrategia inviable en el mediano plazo. Para los vencimientos de 2011, el Tesoro necesitará dos fondos de desendeudamiento. Los Kirchner no están ante un problema contable, sino ante una fisura conceptual. Desde 2005 intentaron pagar la deuda y, al mismo tiempo, aislarse del sistema financiero internacional. Es una aventura estrafalaria. El mundo funciona de otra manera. Los países que aspiran a cumplir sus compromisos suelen formular políticas homologables por el mercado. Entonces, en vez de saldar sus pasivos, los renegocian. Eso sí: no mienten con sus estadísticas; no se mantienen en default durante años; no están expuestos a embargos; auditan sus cuentas con el Fondo Monetario Internacional y practican una diplomacia previsible. Violar esos requisitos y, al mismo tiempo, estar al día con los acreedores supone un esfuerzo descomunal. Es el esfuerzo que realizaron los Kirchner: asfixiaron al sector exportador con retenciones; pagaron a Hugo Chávez una tasa del 15%; se apropiaron de los ahorros jubilatorios; se quedaron con la recaudación del PAMI; exprimieron al Banco Nación y, ahora, avanzaron sobre las reservas. Aun así, no les alcanza.

El contrato que se discute en el Senado tiene un capítulo irreconciliable: el rechazo de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Central. La funcionaria se justifica en un dictamen interno del banco según el cual "un DNU es una ley". Para la UCR, "es una falta de respeto al Congreso".

En el mapa de poder configurado el 28 de junio no figuraba un Senado opositor. El Gobierno respondió a la novedad anunciando el Apocalipsis. Pero también la oposición está revaluando su propio poder. La de Cobos no fue la única rama de olivo que recibieron los Kirchner. Desde el peronismo disidente se les ofreció una negociación mucho más discreta y audaz. La fórmula supone que, como Francisco de Narváez, Felipe Solá, Carlos Reutemann, Juan Manuel Urtubey y Eduardo Duhalde pretenden competir por la Presidencia en las primarias del PJ, sería imprescindible pautar esa disputa de acuerdo con el Gobierno. La propuesta es que la crisis actual se resuelva en un pacto que abarque las internas y provoque la reunificación de la diáspora peronista en el Congreso. El vehículo de esta sugerencia fue Julio De Vido. El pliego incluye una cláusula descarnada: discutir el lugar que ocuparán los Kirchner a partir de diciembre de 2011. El matrimonio no emitió, todavía, respuesta. Es comprensible.

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