El circo que propone Javier Milei

El circo que propone Javier Milei

La Asamblea Legislativa fue un show de gritos e insultos del Presidente. La apelación al reformismo permanente. La misión de un Congreso fanatizado.

 

Por Gabriela Pepe

 

¡Chorros! ¡Asesinos! ¡Kukas ignorantes! ¡Manga de delincuentes! Como si se tratara de un fanático anónimo que descarga su furia en las redes sociales, Javier Milei usó su discurso ante la Asamblea Legislativa para convertir al Congreso en un show de gritos e insultos al tiempo que prometía “cambiar la historia” del país con una batería inabarcable de reformas.

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El kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner, la izquierda, exfuncionarios, la vicepresidenta Victoria Villarruel y los empresarios más grandes del país fueron el blanco de un presidente eufórico, que se comportó en el recinto de la Cámara de Diputados como si la máquina del tiempo lo hubiera depositado de nuevo en el panel del programa que lo llevó a la popularidad.

El kirchnerismo y la izquierda, en la pista

El Congreso entró en el juego. Los pocos representantes de la bancada de Unión por la Patria y de la izquierda que se sentaron en sus bancas respondieron a los gritos al mandatario, que interrumpió infinidad de veces su discurso para enredarse en una pelea que por momentos adquirió un tono pandillero nunca antes visto en una Asamblea Legislativa. Cabe preguntarse si, en el fondo, no existe una búsqueda deliberada de parte del Presidente de desgastar a la institución que está destinada a ser el contrapeso del Poder Ejecutivo.

Subida al tren de la aprobación de las reformas que se trataron en las sesiones extraordinarias, la bancada oficialista se dedicó a cantar canciones, a abuchear y a vivar cada ocurrencia de Milei. “¡Manga de ladrones, por eso tienen a la suya presa!”, gritó el Presidente cuando la oposición de recordó el 3% de coimas que supuestamente habrían llegado a Karina Milei en la causa de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS).

“¡Tobillera, tobillera!”, se excitaron los militantes que colmaron los palcos y los integrantes de la bancada oficialista, en alusión a la medida de restricción que pesa sobre Cristina en su prisión domiciliaria, ante la mirada atónita de los invitados especiales que suelen concurrir a la apertura de sesiones el Congreso. No quedó provocación por hacer.

Efusiva entre los agitadores estaba, por ejemplo, Lorena Villaverde, que no pudo asumir como senadora por sus presuntos vínculos con el narco Fred Machado, preso en Estados Unidos. La diputada tenía sobre su banca un busto de Milei. Pasmados, contemplaban la escena diplomáticos, embajadores y jueces de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, Carlos Rozenkrantz y Ricardo Lorenzetti sentados en las bandejas ubicadas a cada lado del estrado.

La misma suerte corrieron los gobernadores que decidieron asistir a la Asamblea. El chaqueño Leandro Zdero, sentado en primera fila, asintió en alguna oportunidad a los dichos del Presidente, mientras el cordobés Martín Llaryora y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, exhibían rostros adustos y gestos de preocupación. Solo Peter Lamelas, el embajador de Estados Unidos, se mostró exultante cuando Milei ratificó su alianza estratégica con la administración de Donald Trump y la entrega de los minerales críticos de Argentina “para Occidente”, es decir, para su país. Lamelas celebró. Tiene muchas razones.

El festival fake de Javier Milei

Ni siquiera los legisladores aliados, como el senador correntino Eduardo Vischi, celebraron la conversión del recinto en un circo, en el que el Presidente revoleó datos sin sustento, como cuando dijo que su gobierno había “triplicado el salario en dólares”, prometió “un millón” de puestos de trabajo en la Cordillera, fruto de la explotación minera o apeló a la hipérbole permanente para elogiar al ministro de Economía, Toto Caputo, "el mejor de la historia del mundo".

Salvo a los creyentes libertarios, a nadie se le escapa que la realidad económica no se condice con los datos que el Presidente recitó con euforia, como si su administración hubiera producido un verdadero milagro. No hubo menciones a los golpeados en sus ingresos, como los jubilados. El Presidente se dedicó a pelear contra el fantasma del kirchnerismo, a pesar de que en la Casa Rosada hay plena conciencia de que esa fórmula alcanza para consolidar al electorado propio, pero ya no sirve para seducir a los votantes blandos. También recibieron ataques empresarios a quienes llamó “ladrones” y corruptos.

Un Congreso a la medida de Javier Milei

Otrora llamado “nido de ratas”, esta vez, el Congreso como institución no recibió la descalificación de Milei. Tiene sentido. El Presidente ya moldeó el Poder Legislativo a su imagen y semejanza, con diputados y senadores propios que recibieron la orden de “primero votar y luego leer” y que, salvo excepciones, apenas participan de los debates legislativos o solo lo hacen para defender a capa y espada lo que manda escrito la Casa Rosada. Cada oficialista se calzó el rol de hincha desaforado en el recinto que, en sus tiempos de opositor, como Patricia Bullrich o Silvana Giudici, le habían criticado sin piedad al camporismo que vivaba a Cristina en sus visitas al Congreso.

Con ayuda de los aliados circunstanciales que, hasta ahora, actuaron como oficialismo, serán los mismos senadores y diputados a los que Milei encargará la revisión de “la organización jurídica institucional” de la Argentina, la reforma del Código Civil y Comercial, el Código Procesal Civil y Comercial, el esquema impositivo, el Código Aduanero, la desregulación para la explotación “lejos de prejuicios ambientalistas absurdos" de cobre, minerales críticos, litio, pesca, hidrocarburos, economías regionales y sector agropecuario, la reforma del sistema electoral, los medios de comunicación, empresas, y hasta el fútbol.

Este último punto tiene como objetivo la introducción de la figura de las sociedades anónimas deportivas, un objetivo al que Milei aspira desde hace tiempo y que explica, en gran parte, sus ataques a la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Fue curioso que el Presidente no hubiera hecho mención en su discurso de una gran noticia que se había conocido pocos minutos antes de su llegada al Congreso: la liberación, en Venezuela, del gendarme Nahuel Gallo, que fue repatriado al país por una delegación de la AFA, tras las gestiones que Claudio Chiqui Tapia hizo con su par de Venezuela, sin intervención de la Cancillería.

Mientras las encuestas marcan un deterioro de la imagen del Presidente y los números de la economía dan luces de alarma, la apelación al reformismo permanente y su pretensión hegemónica, combinadas con la guerra sinfín contra el pasado, parecen ser las armas con las que Milei quiere montar un circo para llegar a la reelección en 2027.

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