Hubo duelos en las barras, un reproche al vicepresidente y comentarios sobre octubre
La escena, sólo un capítulo de la disputa que ayer sostuvieron la Presidenta y el vicepresidente, fue una postal de una Asamblea Legislativa dominada por el clima electoral. Los comicios fueron el tema obligado en cada pasillo del Parlamento, en cada conversación al paso. Nadie parecía recordar la discusión por el uso de las reservas del Banco Central, eje de la última Asamblea Legislativa.
La tensión entre Cristina Kirchner y Cobos había comenzado incluso antes de que ella llegara al Congreso, cuando se conoció que él había reforzado las medidas de seguridad para evitar que los militantes kirchneristas coparan todos los palcos destinados al público.
Como indica el protocolo, Cobos fue el encargado de recibir a Cristina Kirchner, a las 11.35, en un encuentro que las imágenes de la TV oficial evitaron. "¿Cómo le va, vicepresidente?", dijo ella y le estrechó la mano. Al finalizar el discurso, ni se miraron.
Los gritos a favor de Cobos, seguidos de chiflidos e insultos contra el vicepresidente lanzados desde los palcos kirchneristas, no fueron las únicas consignas con tinte electoral que llegaron desde lo alto. Un entusiasta seguidor de Alfonsín provocó una sonrisa de Cristina Kirchner cuando por quinta vez interrumpió el discurso con un grito en soledad: "¡Vamos, Alfonsín!".
Pese a que la Presidenta jugó a mantener la incógnita sobre su candidatura, desde las barras kirchneristas respondieron de inmediato: "¡Para Cristina, la reelección!". Lo mismo decían los volantes que llovieron sobre las bancas cuando la Presidenta ingresó en el recinto.
Video: La Presidenta le pidió respeto a Cobos
El clima electoral era previsible: en las bancas, había otros cuatro precandidatos a presidente (Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz, Felipe Solá y Pino Solanas). No fueron cinco porque Elisa Carrió repitió su ausencia del año pasado. Otro candidato ausente fue Mauricio Macri. Pero Cristina Kirchner se ocupó de que todos lo recordaran cuando lo criticó por la cantidad de vetos dictados por el jefe porteño. El radical Oscar Aguad, candidato en Córdoba, se enojó por la referencia y le pidió a la Presidenta que no hiciera campaña.
Las recriminaciones siguieron una vez finalizado el discurso presidencial. En pocos minutos, el Salón de los Pasos Perdidos se convirtió en un escenario al que se subieron, al mismo tiempo, candidatos de todos los partidos y distritos. Una hora después de que Cristina Kirchner abandonara el Congreso, Martín Sabbatella seguía explicando a los periodistas por qué, a su juicio, tiene derecho a postularse en una boleta compartida con la Presidenta.
A pocos metros, el senador Daniel Filmus se regodeaba por el guiño que le había regalado Cristina Kirchner. Minutos antes, Amado Boudou, otro precandidato oficialista en la Capital, se fotografiaba con el jefe del bloque en Diputados, Agustín Rossi. El clima electoral permitió incluso un reencuentro inesperado, el de Solá y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, enfrentados desde 2007. "Vengo a saludar a un ex amigo", le dijo el funcionario a Solá. La charla derivó en una discusión sobre las listas colectoras. "Me voy porque estoy coincidiendo mucho con vos", se despidió el diputado.














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