Máximo Kirchner y Axel Kicillof conversaron por primera vez desde octubre para coordinar el velorio del músico. El éxito del operativo de seguridad, que contó con la participación del gobierno bonaerense, el de Avellaneda y la militancia de La Cámpora, no logró limar las rispideces. Expectativas de deshielo.
María Cafferata
A las 4 de la mañana, cuando la lluvia era ya una cortina implacable, el Polideportivo José Gatica cerró finalmente las puertas y dio por finalizado el velorio del Indio Solari. Sin incidentes, masivo y a la altura del mito. La Provincia de Buenos Aires movilizó bomberos, promotores de salud y fuerzas especiales. La Cámpora, a su vez, movilizó militantes de pechera blanca que ayudaron a ordenar el tránsito de la peregrinación. El chiste se repetía como un latiguillo en las filas kirchneristas: el último milagro del Indio fue poner en pausa la interna peronista.
Tres veces conversaron por teléfono Máximo Kirchner y Axel Kicillof durante el viernes, el día que el Indio Solari murió. Lo contó primero Marcelo Figueras, el biógrafo del músico y amigo cercano de la familia, quien se encargó de funcionar de enlace con los distintos dispositivos gubernamentales para organizar el último adiós al Indio. El contacto continuó durante el fin de semana: cuando se comprobó que el gobierno nacional no se haría cargo del velorio, las dos terminales enemistadas del peronismo bonaerense se abocaron a diseñar la logística de un evento que, ricoteros los dos, sabían que sería masivo.
Axel Kicillof en La Plata.
El líder de La Cámpora llegó a Parque Leloir el viernes por la mañana, apenas la familia del Indio le avisó de su muerte. Amigo del músico y de su esposa, Virginia, Kirchner se instaló en la residencia familiar para acompañar en el duelo y, a su vez, dar una mano en la organización del velorio. Vía Paula Penacca, Cecilia Moreau y Germán Martínez, las autoridades del bloque peronista en la Cámara de Diputados, se enteró que Martín Menem se mostraba renuente a abrir el Congreso para la despedida, que era lo que quería la familia. Por lo que empezó a analizar opciones: el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, ya le había comunicado a la familia del Indio que dejaba a disposición el lugar que quisiera de la Provincia. Lo llamó.
No conversaban desde la derrota electoral de octubre. La pelea entre Kirchner y Kicillof, que se extiende a los inicios del gobierno del Frente de Todos, había llegado a un punto de no retorno. El líder de La Cámpora sostiene que la única conducción es la de Cristina Fernández de Kirchner y que Kicillof, a quien le recrimina haberse rebelado, es un “traidor”. El gobernador, mientras tanto, está convencido de que tiene al “enemigo” durmiendo en la Legislatura bonaerense y en su propio gabinete. En los últimos meses, las condiciones de la prisión domiciliaria de CFK no hicieron sino empeorar la relación.
Máximo Kirchner pasó gran parte del viernes en Parque Leloir Noticias Argentinas
Primero habló con Kicillof: fue una conversación seca, operativa. “No fue un deshielo, no es el inicio de nada”, advierten en La Cámpora. Conversaron sobre qué lugares podrían albergar una peregrinación masiva. Kicillof había ofrecido la Legislatura y la Casa de Gobierno en La Plata, pero se buscaba un lugar con mejor accesibilidad desde Capital. Tecnópolis, el manotazo de ahogado que Manuel Adorni ofreció casi al anochecer del viernes, no convencía a la familia.
Kirchner llamó al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. La dirigencia de Racing se había negado a organizar el velorio en el club, por lo que el diputado nacional se comunicó con el intendente, con quien también se había distanciado en los últimos meses como resultado de la guerra fría entre el kicillofismo y La Cámpora. Ferraresi estaba de licencia, pero puso a disposición las instalaciones del Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico. El Polideportivo tenía en frente la Avenida Mitre, que permitía diseñar un operativo pensado para una larga fila –que, en un momento, se extendió durante 8 kilómetros– y estaba cerca del parque. Tenía accesibilidad desde Constitución y de varios puntos del conurbano. Se acordó hacerlo ahí.
Emoción, respeto, homenajes y un eterno "gracias": la despedida al Indio Solari, en fotos
El operativo se organizó en menos de 24 horas y contó con la participación, por un lado, del ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, y el secretario de Seguridad Ciudadana de Avellaneda, Alejo Chornobroff, y, por el otro, del propio Kirchner. No era la primera vez que La Cámpora organizaba un acto político en Avellaneda. En 2017, por ejemplo, CFK cerró su campaña a senadora nacional con la lista de Unidad Ciudadana en el estadio de Racing.
Cinco años después, en medio de la interna descarnada del Frente de Todos, la ex presidenta se subió en un escenario del Polideportivo “Diego Armando Maradona” y pronunció, por primera vez, la frase “agarren el bastón del mariscal”. Sentada a su lado, además de Ferraresi, estaba Kicillof, el único de los dirigentes kirchneristas que, tiempos después, cumpliría con su mandato, agarraría el bastón de mariscal y rompería, en consecuencia, el lazo que lo unía a CFK.
La interna continúa
La Provincia de Buenos Aires movilizó casi 20 mil personas para garantizar la seguridad de una despedida histórica que, calculan en PBA, superó el millón de personas. Efectivos policiales, fuerzas especiales, bomberos, defensa civil, voluntarios, promotores de la salud, agentes de tránsito y personal afectado a las postas de hidratación y a la limpieza. Ni Nación ni Ciudad de Buenos Aires aportaron un policía a la organización, pero en La Plata estaban satisfechos: aún sin la colaboración de Javier Milei, el peronismo había logrado organizar un velorio en paz y a la altura de la leyenda del músico.
“Fue una despedida popular masiva y cuidada”, señaló Kicillof, en declaraciones radiales. El gobernador confirmó el diálogo con Kirchner e, incluso, reconoció que se vieron en persona durante la gestión del operativo. “Todos estuvimos a la altura de la circunstancia, nadie quiso mancharlo con otras cuestiones”, deslizó.
Cristina Fernández de Kirchner cumplirá su primer año presa la próxima semana EFE
Por fuera de las declaraciones educadas, sin embargo, la interna bonaerense continúa. “Estuvieron mejor las bases, que se movilizaron en paz, que los dirigentes. Tal vez sea un llamado de atención”, se esperanza, aunque sin grandes ilusiones, un cristinista que se pasó a las filas del kicillofismo. La discusión por el liderazgo del peronismo, así como el quiebre personal entre CFK y Kicillof, permanece inmutable, y son pocos los dirigentes que aspiran a que unos llamados puedan resolver años de peleas, desautorizaciones y pases de factura.
Kicillof pretende continuar con su proyecto nacional y ser candidato en 2027. Y el cristinismo, que por estos días se prepara para organizar un banderazo por el aniversario de la detención de Cristina, no se lo perdona. Buscan candidatos presidenciales para competirle en una interna, aún sin suerte. Pero una cosa es segura: para La Cámpora, si Kicillof quiere tener alguna chance de ganar, necesita sentarse a negociar con CFK.
No lo llamará ella. “La puerta de San José está abierta. La voluntad de Cristina está, pero Axel tiene que dejarse de hinchar las pelotas y llamarla”, insisten en La Cámpora. Kicillof, que distingue en esta exigencia un mensaje de subordinación política, se niega. La pregunta es hasta cuándo.












Comentá la nota