Ritondo pide la mitad de las comisiones y que Massa no tenga la lapicera

Ritondo pide la mitad de las comisiones y que Massa no tenga la lapicera

Necesita que el oficialismo no se asocie a cordobeses y a Camaño, para que sólo puedan negociar la distribución de cargos con él. El dilema Monzó.

La Cámara de Diputados que empieza el 10 de diciembre hubiera sido bien diferente si los resultados de las primarias se repetían en las generales y el peronismo unido obtenía hasta una decena de bancas más.

Con el 48 a 40 oficializado la semana pasada, el oficialismo unido que por estas horas pregonan Alberto Fernández y Cristina Kirchner podrá alcanzar 110 votos en Diputados y con aliados no llega a los 129 del quórum.

Descuentan el respaldo de los 7 santiagueños, los 3 misioneros, los 3 puntanos y confían en la ayuda de la neuquina Alma Sapag y el rionegrino Luis Giácomo.  Hasta ahí 125, a cuatro de la mayoría simple que se necesita para abrir una sesión, aprobar una ley y tomar cualquier decisión que requiera consenso, como repartir los cargos en las comisiones.

El protocolo habitual es que quien domine el recinto con propios u aliados delegue la distribución de las autoridades de comisiones en el presidente de la Cámara, que usa ese poder para repartir los casilleros según el acuerdo político que se haya alcanzado.

A 20 días de elegir autoridades, el peronismo gobernante aún no mostró ese acuerdo y Graciela Camaño se paró en frente tratando de recrear una mayoría opositora que pueda complicarlo. Habla de un nuevo Grupo A, aquella coalición antikirchnerista que funcionó entre 2009 y 2011 y nació en la sesión preparatoria que debía definir el reparto de comisiones. La próxima será el 4 de diciembre.

El peronismo necesita nuevos aliados para consolidar una mayoría y repartir a gusto las presidencias de las comisiones. Mientras no las consiga, Juntos por el Cambio puede exigirle su parte. 

Camaño exhibe su bloque de 7 diputados y confía en sumar a los 4 cordobeses leales a Juan Schiaretti, por ahora con teléfonos apagados.  Un dato: esta semana el gobernador cruzó a Alberto por el posible aumento de las retenciones a las exportaciones del campo, el sector que en su provincia lo acompañó en las urnas y luego votó a Macri.

La bonaerense fue una de las invitadas al piso 19 de la sede del Banco Provincia del microcentro porteño, donde desde hace semanas atiende al final del día Cristina Ritondo, confirmado jefe del bloque PRO y posible titular de Juntos por el Cambio, que si se mantiene unido exhibirá 119 bancas, sólo 10 menos que el quórum propio. 

Monzó y Massa,cuando se reunieron en Diputados para pactar la transición. 

Con ese capital, si no le llegan noticias de un acuerdo de Massa con los opositores sueltos, Ritondo le exigirá la mitad de las presidencias de la comisiones y espacios proporcionales en cada una de ellas.

En Diputados no hay antecedentes de un oficialismo que no presida las comisiones de gestión, como son Presupuesto, Asuntos Constitucionales, Legislación General, Relaciones Exteriores y Juicio Político, que los Gobiernos cierran con llave. Ni siquiera aquel grupo A se apoderó de estas presidencias, mientras que en el Senado el PJ  no le dio los principales cargos a Cambiemos entre 2015 y 2017. 

Pero si el peronismo no llega a diciembre con una mayoría que domine el recinto, para sostener esta tradición deberá ceder bastantes lugares a Juntos por el Cambio y arriesgarse a que puedan prevalecer en algunas comisiones. En la mira están varios del bloque de Camaño con historia peronista (Alejandro Rodríguez, Andrés Zottos y Eduardo Bucca), pero aún teniéndolos sigue siendo imposible garantizar el quórum sin transpirar.  

La ecuación puede cambiar si Emilio Monzó oficia la ruptura del PRO que promete y se posiciona como jefe externo de una decena de diputados que en su entorno aseguran tener decididos a dar el salto. Ritondo cree que la sangre no llegará al río y por las dudas amenaza con no aceptar en Cambiemos a los que abandonen su bloque y hacerle pagar el costo público de los conversos.  

El más entusiasmado en no recibir sus órdenes es Sebastián García de Luca, secretario de Interior y confía en que lo sigan Eduardo Cáceres, Gabriel Frizza, Juan Aicega, Silvia Lospennato, Federico Frigerio y Omar de Marchi.

Macri se sumó como escolta de Ritondo en la tarea de contención y llevó a su despacho a De Marchi, Lospennato y Aicega. No sabe si los convenció. La fragmentación puede doler más si Frigerio mueve las fichas entre otros diputados cercanos como los entrerrianos, que por ahora juraron fidelidad a Ritondo; y si se suman a la rebelión los que llegaron por el PRO y piden sello propio: Alberto Assef, Felipe Álvarez, Marcelo Orrego y los tucumanos Domingo Amaya y Beatriz Ávila. 

El monzoísmo debutará como línea interna con un acto en Florencio Varela, confrontará con María Eugenia Vidal y el debate entre su grupo es si romper en diciembre es la mejor salida o es preferible esperar a marzo y ver como empieza la presidencia de Alberto. Si hacen rancho aparte el mes que viene y se suman a un acuerdo por comisiones pueden conseguir lugares estelares, hasta alguna presidencia que les permita protagonismo.

Es la mayor esperanza de Massa, que suele verlo seguido a Monzó en Tigre, donde también vive Ritondo, por ahora confiado en que nadie sacará los pies del plato. Quedan varios días de rosca. Es probable que se junten. 

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