Sergio Massa y Javier Milei en Buenos Aires: fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas

Sergio Massa y Javier Milei en Buenos Aires: fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas

Qué tienen los candidatos en el distrito que concentra el 37% del padrón electoral nacional. Uno, entre la coronación y la nada; el otro, entre el batacazo y el meme.

Por Juan Rubinacci

El lunes, al apellido del próximo presidente impreso en título catástrofe en las tapas de todos los diarios le seguirán las columnas de análisis respecto a lo que vendrá en el futuro inmediato para Javier Milei o para Sergio Massa y -mucho más importante- cuál podría ser el destino de las vidas de todos los argentinos de a pie, según el programa de gobierno que promete implementar cada quien. En cuanto a lo primero, siempre es más interesante el juego sobre lo que puede suceder cuando el partido final aún no se ha jugado, la incertidumbre crece y las dudas se multiplican.

 

La provincia de Buenos Aires, con el 37% del padrón electoral nacional, es el escenario determinante para cualquier elección. La madre de todas las batallas. Para tomar dimensión: la siguen, allá lejos, Córdoba con el 8,66%, Santa Fe con el 7,96% y CABA con el 7,16%. Es por ello que los candidatos vuelcan –casi– todos sus esfuerzos para persuadir a esta porción sustancial del electorado, que, en definitiva, será la que sentenciará su suerte. Por eso, sirve precisar cuáles son las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas (FODA) de cada contendiente en la previa del 19N, tras una interminable y agobiante campaña electoral.

Fortalezas

El candidato de Unión por la Patria (UP) anota como fortalezas una estructura siempre fuerte del peronismo, reforzada con el arrasador triunfo del gobernador Axel Kicillof el 22 de octubre, sellada con el 45% de los votos. A ello, le suma la potencia de los intendentes peronistas envalentonados, a quienes no les da lo mismo que gane o pierda el ministro con quien colaboraron y les aseguraría un flujo de fondos para inversiones y obras que serían imposibles de obtener con un candidato como Milei, que promete eliminar el Ministerio de Obras Públicas y cortar la coparticipación a las provincias.

 

 

Ese vínculo, fortalecido desde que Massa ganó las PASO, terminó de encuadrar a todas las tribus del peronismo, desde las organizaciones sociales hasta la CGT, pasando por alcaldes, legisladores, PJ tradicional, kirchnerismo duro, La Cámpora y el massismo. Al igual que en las elecciones generales, en el peronismo insisten con el "número mágico" de 60-40, para ampliar la brecha con su rival y equiparar lo que el economista puede ganar en Córdoba y la zona núcleo.

En este ítem, Milei puede mostrar dos credenciales. Por un lado, fue en Buenos Aires donde consiguió una cantidad de votos sustanciales en municipios siempre favorables al peronismo. Salió segundo en La Matanza, Almirante Brown y Moreno, por citar algunos casos de distritos populosos. Es decir, su narrativa penetró en un público harto de quedar siempre en lista de espera, que siempre buscó en el justicialismo un refugio que nunca llegó. A ello, Milei le aportó la frescura de ser la novedad, de no tener pasado ni ser el responsable de las desgracias a las que la provincia se ha acostumbrado. El tiempo dirá si su impronta y su discurso de prometer–a su modo- lo que todos juraron y nunca cumplieron lo ponen en el lugar de eventual redentor.

Quiero ser presidente porque tengo hijos a los que quiero dejarles una Argentina mucho mejor.

#Debate2023 #MassaPresidente pic.twitter.com/R7nqqe6oqF

— Sergio Massa (@SergioMassa) November 13, 2023Oportunidades

Massa tiene la chance de arrimar a la versión bonaerense de su partido, el Frente Renovador, a una mesa de discusión a la que se arrime pero no se sienta cómodamente. Su alianza con Máximo Kirchner y la sintonía fina con Kicillof le permitieron transitar una campaña nacional con toda la tropa de Buenos Aires alineada, pero sin músculo propio. Su sociedad con el gobernador podría consolidar un armado que le permitiera sentarse en 2025 a discutir nombres de sangre massista para las listas de las elecciones legislativas, aportar apellidos para un gabinete kicillofista que se renovará y darle otro espesor a su armado que, sin dudas, afilaría sus espadas legislativas.

Para Milei es la oportunidad de romper con toda la cadena de mando peronista. Ya sea con sus votos y el respaldo de macristas, ¿radicales? y hasta pejotistas marginales. Un triunfo determinaría para el peronismo la caída en el terreno donde Kicillof construyó una fortaleza y debilitaría los armados locales desde los concejos deliberantes bonaerenses que aún se mantienen pendulares, mirando en qué casillero queda quieta la última bola del domingo a la noche. De triunfar, Milei podrá capitalizar ese famoso 70% de representación no kirchnerista (del que hablaba Horacio Rodríguez Larreta antes de caer en desgracia) y erigirse como jefe de una tribu tan heterogénea como resbaladiza.

¿DE QUÉ SE TRATA ESTA ELECCIÓN?

Los argentinos tenemos una oportunidad histórica. Después de décadas de fracasos en las que los mismos de siempre se repartieron el poder, hoy tenemos la oportunidad de hacer algo distinto. Dar vuelta esta triste página de nuestra historia.

— Javier Milei (@JMilei) June 24, 2023Debilidades

La gran debilidad de Massa son sus números como ministro de Economía, sobre todo, en el terreno más castigado por la pobreza y la marginalidad: el conurbano bonaerense. La región compuesta por 24 distritos, en los que viven 11,5 millones de personas, de las cuales el 46% es pobre y el 11,5 es indigente, es el lugar más golpeado por una inflación que lleva el 142,7% interanual. Escalofriante. El candidato de UP no detuvo la escalada inflacionaria cuando se calzó el traje en agosto del año pasado, sino que con su gestión se aceleró hasta superar los dos dígitos mensuales, cifras que anulan cualquier chance de progreso y de movilidad social ascendente, banderas del peronismo.

El libertario, en tanto, sufre una falta de aparato que, en Buenos Aires, neutraliza cualquier chance de victoria electoral. La falta de fiscales que cuiden los votos de La Libertad Avanza (LLA) fue una de las discusiones que Milei y su nuevo socio, Mauricio Macri, mantuvieron esta semana en la lujosa habitación del Hotel Libertador, búnker permanente del minarquista. A su vez, las esquirlas que dejó el explosivo Pacto de Acassuso también aparecen como una debilidad. Un PRO fracturado, radicales “prescindentes” o “neutrales” y libertarios idealistas que reniegan del acuerdo con el macrismo no le aportan el sustento necesario que Milei necesita para enfrentar a un peronismo alineado y –por ahora- sin fisuras.

Es una estructura que el candidato a presidente necesariamente debe tercerizar. Busca acuerdos, lo que falta son contratistas. Su otra flaqueza es la imposibilidad de calcar su impronta en otra figura. Todos los intentos de imitación mileísta a la hora de exponer el plan motosierra han sido fallidos. Ni Ramiro Marra, ni Victoria Villarruel, ni Carolina Piparo y mucho menos sus economistas sin rostro han podido contagiar como lo hace el líder. No hay coroneles, es Milei o nadie.

Amenazas

Difícilmente Massa vuelva a tener una tropa así de alineada, con todo el peronismo militando su candidatura, augurando su victoria e imaginando un festejo con más sensación de desahogo por lo que no fue que de confianza en quien será. Es el jefe de un ejército que va desde el voto crítico del socialista Pollo Sobrero, que encuadra a todo el peronismo y convoca, en silencio, a radicales y palomas del PRO. Alista a viejos enemigos y hasta a agnósticos, que sólo lo votarán para no saltar al vacío. Si pierde, su Frente Renovador quedará reducido al mínimo, le retirarán aquella silla en la mesa de conducción bonaerense y la primavera que enamoró a quienes siempre le fueron reticentes, volverá a enfriar los corazones. Para Massa es all in.

El cambio de era de la política nacional que propone Milei, por su parte, se ve asustado por el fantasma del meme en el que se convertirá si no gana. Su disrupción, verborragia, irreverencia y violencia serán parte de la nueva historia argentina o un fugaz paso por las grandes ligas que lo dejó al borde de la presidencia. Sabremos, también, si haberse asociado a Macri fue de loco o de genio, como le gusta decir, con el éxito como la única diferencia entre ambos calificativos. Milei enfrenta la amenaza de perder todo lo construido en sólo dos años, que lo puso en un mano a mano histórico y con chances de ser el nuevo príncipe de ojos azules, que todo aquello haya sido un sueño que se evapora, mientras se convierte en calabaza a medianoche del domingo.

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