Considera determinante crecer en las encuestas y despegar en la interna en diciembre; fijó tres etapas
No de casualidad Daniel Scioli trabaja como si la elección fuese en diciembre. Corre, en su tropa, como un plazo determinante para tomar impulso y crecer, en un cabeza a cabeza que lo obliga a ir a fondo.
En el medio, debe maniobrar en un andarivel complicado: los sacudones en la provincia -con un nuevo conflicto docente- y el efecto del default técnico, que le impide colocar un bono en el exterior por 500 millones de dólares.
"Ya pasamos las eliminatorias, arrancó el campeonato y es como si estuviéramos en cuartos", grafica a LA NACION, para describir los tiempos, un colaborador cercano del gobernador. La metáfora deportiva, muy del estilo sciolista, encaja en una dinámica que diagraman para mantener con chance real el plan presidencial: llegar a fin de año con una posición de más de diez puntos sobre el segundo candidato dentro del Frente para la Victoria para volcar definitivamente al peronismo hacia su proyecto.
Esa carrera, que esquivan en público como una táctica para evitar potenciar otros postulantes, como Florencio Randazzo, será un termómetro para el PJ, que, más allá del operativo seducción desplegado sobre gobernadores, no arroja encolumnamientos concretos.
La diferencia que marque puertas adentro del espacio es un primer paso, atado a otro complementario, que es despegar en el podio general, compartido con Sergio Massa y Mauricio Macri. La estrategia de polarizar con el jefe de gobierno porteño responde al propósito de neutralizar al ex intendente de Tigre para achicar la disputa de votantes en un menú de tres porciones: el peronismo, Pro y UNEN, el conglomerado de radicales y socialistas que aún debe hacer un filtro de los múltiples liderazgos y traducirlo en postulantes.
"Hay que llegar a diciembre y mostrar dos cosas: que ganamos por margen importante la interna y, a la vez, que Daniel es el único candidato del peronismo capaz de pelear la general", desmenuza un funcionario.
Una vez lanzada la campaña formal, consideran en La Plata, habrá menos margen para sacudir el tablero y las tendencias estarán más consolidadas. Prevén, a trazo grueso, tres etapas hasta agosto del año que viene, cuando se realicen las primarias. La primera transcurre hasta Navidad, cuando delinearon como meta principal definir el "porqué". Esto es, exhibir un mix de gestión y política para dar contenido a la razón de su postulación para suceder a Cristina Kirchner sin entrar en detalles concretos de qué harán.
El segundo tramo, explican, será el verano, al que imaginan estirado hasta fines de marzo. Es, por lejos, la temporada preferida de Scioli, que supo hacer de las vacaciones en la costa un verdadero campamento de campaña, en un momento de distensión, que consideran eficaz para penetrar con su mensaje. Esta vez, ya adelantan, redoblarán la presencia naranja.
Recién cuando se diriman las listas, en mayo, arrancará la tercera fase, el momento del "para qué", con las alianzas cristalizadas. Es decir, allí aportarán más letra fina al eslogan "continuidad con cambios", aunque avizoran que el discurso de Scioli estará menos centrado en lo programático y más en "valores".
"Acuérdense de que un punto de rating son 100.000 personas. ¿Cuándo puedo yo hacer un acto así?", aleccionó Scioli a funcionarios y voceros en los últimos días. La consigna es inundar programas de TV y no ceder espacios en la discusión mediática.
Como nunca, su gabinete salió al barro político. Sólo ayer, los ministros de Economía, Silvina Batakis, y de Desarrollo Social, Eduardo Aparicio, dispararon contra Macri, en una faena para ellos poco habitual.
La intención es, además, profundizar la "micromilitancia comunicacional" que implica imprimirles una bajada local a los asuntos y no desesperar sólo por la prensa nacional. Así, como correlato, se aceleraron las cruzadas en los distritos del conurbano, sobre todo los que tienen postulantes propios bendecidos, como Mariano Cascallares, titular del Instituto de Previsión Social (IPS) y enviado para destronar la hegemonía de Darío Giustozzi en Almirante Brown, y el ex futbolista Carlos "Chino" Tapia, en San Miguel, tierra también del Frente Renovador.
Su sucesión es otro capítulo. El promocionado reencuentro de ayer con Martín Insaurralde, que era su delfín hasta que basó su posicionamiento en el coqueteo con Massa, ocurrió después del malestar que le generó la crítica del diputado a la política de salud bonaerense.
Sobre esa desconfianza tallan las aspiraciones de funcionarios de su semillero, como Santiago Montoya, el presidente del Grupo Bapro, que confesó su idea de competir, y está latente la opción de Cristina Álvarez Rodríguez, ministra de Gobierno bonaerense y sobrina nieta de Eva Perón.
SE MOVILIZA EL PJ BONAERENSE
Con ánimo de retomar la hoja de ruta por el interior bonaerense, el peronismo arma un acto para este fin de semana en Roque Pérez, en la séptima sección electoral. Ayer, en la sede partidaria de Matheu 130, los dirigentes partidarios afinaron los detalles de la agenda, que incluirá una cena el viernes y una actividad con carpas y comisiones, el sábado. También hubo una reunión de consejo, presidida por el jefe del sello, Fernando Espinoza..














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