La última consigna: alejarse de Kirchner antes de que sea tarde

Poco acostumbrado al no, el hombre de negocios, poderoso como casi nadie en la Argentina, se sorprendió este verano cuando quiso abrir una cuenta en un banco en Uruguay. Lo rechazaron por razones políticas: su nombre, se le informó, está muy pegado al kirchnerismo.
La corrosión del Gobierno ha afectado a unos cuantos. Rápidos como la luz, los empresarios lo advierten y así se mueven. Los efectos de esta nueva postura conmovían la semana pasada a un dirigente agropecuario: "Antes se corrían de las fotos con nosotros; ahora empiezan a ponerse".

Alejarse del kirchnerismo no es un trabajo fácil. Julio De Vido no estaba tan de acuerdo, el 18 de enero, cuando desde Olivos se le ordenó amenazar, en conferencia de prensa, con la estatización de Telecom. Más atrás en el tiempo, en marzo de 2006, Felisa Miceli negó por la tarde el cierre de las exportaciones de carne y fue, por la noche, la encargada de anunciar la medida públicamente. Hace diez días, el presidente de una cámara pidió perdón ante sus pares antes de enviar un comunicado de respaldo al Fondo del Desendeudamiento por pedido del Gobierno. "No me queda otra", explicó. Y Sergio Massa pensaba en 2008, momentos antes de asumir, en una oxigenación del gabinete. Dio su primera conferencia de prensa el día en que juró como jefe de ministros escoltado por De Vido y Ricardo Jaime.

La muestra más acabada y reciente de la estampida empresarial se vio el martes pasado, con el faltazo de por lo menos ocho de los más importantes dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) a la visita de la ministra de Industria, Débora Giorgi. Personas del entorno de la funcionaria estallaron de fastidio ante la publicación de la noticia, que juzgaron antojadiza y malintencionada. Tal vez no tenían, en el mejor de los casos, la misma información que la propia Giorgi, que había recibido explicaciones telefónicas por las ausencias. "Hay malestar con el «Gordo»", le adelantó uno.

El "Gordo" es Héctor Méndez, presidente de la UIA, que había aceptado el viernes anterior la propuesta de la ministra y lo comunicó el lunes por la tarde a sus pares. Algunos temieron que la sorpresiva reunión fuera un montaje a cuya foto no se querían sumar. Una "emboscada", definieron, análoga a la que, dicen, le ocurrió días atrás al presidente de Copal (alimentos y bebidas), Daniel Funes de Rioja. Apenas terminado el encuentro en Copal, el Ministerio de Industria difundió un comunicado con declaraciones de Funes de Rioja en respaldo al Gobierno.

A veces, el desdén hacia funcionarios reside, en realidad, en cuestiones bastante más elementales: sólo sirve hablar con quienes tienen verdadero poder. Traducido: llegada a Néstor Kirchner. Julián Domínguez, ministro de Agricultura, se comunicó días atrás con Carlos Garetto, presidente de Coninagro. Quería ir a tomar un café a la casa del ruralista. Disciplinado y cumplido, Garetto invitó a sus pares de la Comisión de Enlace. No fue nadie. Hasta la mujer de Garetto eligió un programa más edificante.

¿Cómo creer en la capacidad de decisión del ministro de Agricultura, si hace un mes, en una reunión con productores de trigo el propio Guillermo Moreno, pese a su rango inferior de secretario, irrumpió en la conversación y mostró la birome con que autorizaría quiénes, de las listas armadas por Domínguez, venderían realmente a las molineras y quiénes no? Domínguez miraba para abajo. Moreno agregó que les había dado a dos productores bonaerenses biromes similares para habilitar operaciones. En el planeta empresarial, aliados circunstanciales pueden encontrarse debajo de las piedras.

De ahí que desde las cámaras tejan ahora contactos entre privados. Jaime Campos, presidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), invitó el jueves a Hugo Biolcati, de la Rural, a un almuerzo el miércoles próximo en la sede de la entidad empresarial. Se intentará sumar a los industriales, si en la UIA se vencen algunas resistencias internas. Luis González Estévez, director ejecutivo fabril, andaba hace diez días por Expoagro, desempolvando un viejo borrador con puntos coincidentes entre ambos sectores. Pero Guillermo Moretti, Juan Carlos Lascurain y Carlos Garrera son algunos de los que se oponen.

Acercarse al agro no es ya tan dramático porque, entre otras cosas, el Gobierno parece haber cambiado de estrategia. "Ya no nos enfrenta; nos dibuja datos y anuncios", explicó un productor.

La excepción al cambio de hábitos es Moreno. El último de los kirchneristas convencidos. Su despacho, poblado de imágenes de la Virgen y Eva Perón, exhibe también, enmarcado, un editorial de LA NACION del 3 de octubre de 2007. "¿Hasta cuándo, señor Moreno?", se titula el artículo. Con la misma tipografía, el soldado peronista endosó abajo una respuesta para que vean sus visitas: "Hasta que el pueblo sea feliz".

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