El kirchnerismo se une contra Scioli y podría pedirle que sea candidato testimonial

El kirchnerismo se une contra Scioli y podría pedirle que sea candidato testimonial
Cristina Fernández dio luz verde para exigirle definiciones al gobernador. Quiere acotar sus pretensiones presidenciales. Pero lo necesita para ganar en la provincia de Buenos Aires.
Por Mariano Confalonieri

Cristina Kirchner decidió presionar a fondo al gobernador Daniel Scioli para que le ponga el cuerpo a la campaña de este año, y a la vez para contener sus aspiraciones presidenciales. Si es necesario, el kirchnerismo repetirá el esquema de candidaturas testimoniales utilizado hace cuatro años, que llevó al oficialismo y al propio Scioli a incinerarse ante la opinión pública. El Frente para la Victoria perdió aquella elección. El gobernador ya avisó a sus íntimos que no lo aceptará otra vez: quiere preservar su imagen para las presidenciales de 2015, y sabe que si se expone no tiene retorno. El conflicto de intereses anticipa un choque inevitable.

El objetivo de CFK es doble. Necesita la buena recepción que Scioli tiene entre los votantes, pero quiere mantenerlo dentro del barco que comanda. Lo repite ante los ministros: ella prefiere entregarle la presidencia a Mauricio Macri antes que confiarle el futuro del proyecto K a Scioli. Algo similar a lo que hizo Carlos Menem con Eduardo Duhalde, cuando lo esmeriló y benefició la candidatura de Fernando de la Rúa. CFK desconfía del gobernador por sus alianzas, su falta de definición abierta ante las banderas kirchneristas, su distancia ante temas cruciales para el Gobierno, y por haber cometido el pecado de confesar su aspiración presidencial sin su bendición.

La decisión del gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, de postularse a las legislativas de este año como testimonial pareció un mensaje hacia Scioli. Y un ministro nacional le confió a PERFIL que, tras el anuncio del chaqueño, la Casa Rosada espera del gobernador bonaerense el mismo gesto. “Pero no que vaya como testimonial, que vaya y asuma”, advirtió el ministro en diálogo con este diario. En otras palabras, que deje la gobernación.

No es la primera vez. En 2009 Scioli fue electo diputado. Néstor Kirchner le pidió que asumiera en la Cámara. Se negó, y siguió en la provincia.

La usina de rumores obligó al jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, a decir que insistir con las testimoniales sería una locura. En la Casa Rosada todavía nadie se lo pidió formalmente. Podría ser una cuestión de tiempo. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, viene acorralando a Scioli para que diga “cuáles son sus diferencias con el modelo” porque, sostiene, si son sustanciales no puede estar en el kirchnerismo. Hasta ahora, el pico máximo de tensión entre Cristina y Scioli había ocurrido en junio del año pasado, cuando le retaceó los fondos para el aguinaldo. CFK lo acusó de mal administrador, y en la Gobernación vieron un intento de “golpe de Estado institucional”.

Pero la tensión nunca desapareció. Este año resucitó con las chicanas de la jefa de Estado hacia el gobernador por los ahorros en dólares del mandatario y tras el discurso en la fragata Libertad, en la que acusó a los “tibios”, a los que no se “definen”, en clara alusión a Scioli según interpretaron los ministros presentes en el acto.

Durante la gira por el sudeste asiático, Cristina repartió hostilidad hacia el gobernador, que no hizo pública.

Funcionarios que visitaron a Cristina en los últimos días y que le preguntaron por la estrategia electoral obtuvieron la misma respuesta: “De las elecciones hablamos en marzo”. El problema es que la Casa Rosada no tiene clara la estrategia electoral. De hecho, en la última semana, por orden de CFK el kirchnerismo bonaerense dio un claro guiño a que las listas y alianzas se definan dentro del peronismo. Primero en Villa Gesell y ayer en Santa Teresita, las principales espadas del Gobierno se encuadraron en el peronismo y atacaron al sciolismo. Ante el fracaso de Unidos y Organizados, la agrupación ideada por Cristina Fernández, el kirchnerismo decidió recostarse en el PJ, el viejo recurso. No parece quedarle otra salida. Le pasó a Néstor Kirchner en 2005, cuando anunció un movimiento transversal y luego terminó jugando con los caciques del Conurbano. Ni los gobernadores ni los intendentes aceptan un espacio no peronista como el de Unidos y Organizados que, para colmo, desafía las estructuras tradicionales. El experimento duró menos de un año.

Arrinconada, Cristina se encuentra ante otra realidad: no tiene candidato en la provincia de Buenos Aires. Alicia, su cuñada, no levanta en las encuestas. Sergio Massa, otro de quien desconfían, es uno de los que mejor miden. La única ventaja con la que cuenta hasta ahora el Gobierno es que no asoma ningún frente opositor consolidado. Pero existe la certeza de que, a diferencia de una elección presidencial, la legislativa lleva el voto de la gente a actores impensados. El recuerdo de 2009 está todavía vigente. Y ante la ausencia de una estrategia clara, los funcionarios comienzan lentamente a dudar sobre la capacidad de su conductora para llevarlos a una victoria.

Comentá la nota