El fantasma de la re-reelección, telón de fondo de la pelea por controlar el Congreso

Por: Analía Argento, Editora de Polìtica y Opinión
Son tiempos distintos a aquellos en los que Néstor Kirchner daba un paso atrás y pedía a Felipe Solá y a Eduardo Fellner que no forzaran la reforma constitucional de Buenos Aires y Jujuy. Había apoyado el proyecto reeleccionista de Carlos Rovira en Misiones pero falló en su estrategia y temió el rebote de cierto malestar social. Cinco años después, son tiempos distintos. José Luis Gioja impulsó una enmienda constitucional en San Juan a través de un plebiscito y el domingo otro gobernador K, el tucumano José Alperovich, logró su reelección gracias a la cuestionada reforma de un artículo de la Constitución para la que consiguió aval de la Corte Suprema de Justicia local. No terminaron de contarse los votos en Tucumán y ya se habla de otra reforma que posibilite la reelección indefinida del gobernador. Niegan en la Casa Rosada cualquier intención re-reeleccionista de la Presidenta Cristina Fernández, intención que sólo verbalizó la diputada Diana Conti. Se dice desde hace mucho que el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni –y algunos funcionarios de alto rango– delinearían un proyecto de ley para promover un sistema parlamentario en la Argentina que habilitaría a la jefa de Estado a aspirar a un tercer mandato en el 2015.

“Estamos seguros de que al otro día de las elecciones de octubre van a impulsar una ley de reforma y sino, lo harán a través de un plebiscito”, advierte una diputada nacional que dejó las filas kirchneristas hace bastante tiempo. Y evalúa que aliados eventuales podrían acompañar al Gobierno si en octubre logran mayoría propia para el Congreso.

Se confirme o no esta hipótesis, es un hecho que el kirchnerismo apunta a recuperar comisiones fundamentales como la de Asuntos Constitucionales que hoy preside la peronista disidente Graciela Camaño. Además de una eventual reforma, hay proyectos clave que el oficialismo quiere impulsar –como la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias– y otros tantos que resiste como la reforma al Consejo de la Magistratura, la regulación de los decretos de necesidad y urgencia, el 82% móvil para las jubilaciones y la limitación de la publicidad oficial, por citar algunos.

“El gobierno tiene la idea de que el poder es todo el poder o no es poder”, afirma el diputado radical Juan Pedro Tunessi, presidente de la comisión de Justicia que también tiene la convicción de que en Gobierno se trabaja por la reforma constitucional.

Un proyecto de tales caracteterísticas podría ser ingresado por cualquiera de las dos cámaras pero aprobarse en ambas con el voto de los dos tercios de los legisladores. La discusión sería –como ocurrió con la reforma de Carlos Menem– si se trata de dos tercios de los presentes o del total de los miembros de Diputados y del Senado. En 1993 Francisco de Durañona y Vedia presentó un proyecto que establecía se trataba solo de los presentes, lo que de alguna manera provocó la firma del pacto de Olivos entre Raúl Alfonsín y Menem.

Después del domingo 14 gran parte de la oposición advierte a los argentinos sobre la necesidad de un Congreso equilibrado, de poner límites a un “proyecto hegemónico” y apuestan al menos al corte de boleta en favor de sus candidatos a legisladores.

Amado Boudou, ministro y candidato a vicepresidente devenido casi en jefe de campaña, baja línea cada lunes en el quincho del piso 14 del Palacio de Hacienda a la tropa K. Pide que no se hable de elección legislativa sino de elección presidencial. “Para cocinar la liebre primero hay que cazarla”, dijo la Presidenta sobre su reelección y parece ser la premisa para la re-re de un eventual 2015. La frase es repetida por los ministros como el lema “ni un paso atrás, ni uno”.

Pero no se dice mucho más porque en cenas y reuniones con Boudou, Carlos Tomada, Nilda Garré, Julián Domínguez y otro puñado de dirigentes, se pide guardar silencio sobre estas y otras cosas.

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