Las elecciones para renovar autoridades serán el 15 de marzo, pero el 8 de febrero deben presentarse las listas. El panorama sector por sector
Por Joaquín Múgica Díaz
En el territorio político de la provincia de Buenos Aires, la elección del PJ Bonaerense, que se llevará a cabo el 15 de marzo, funciona como un tapón de contención para las rispideces internas que atormentan, desde hace dos años, al peronismo que está asentado en el distrito más poblado del país.
Esa discusión de poder engloba múltiples batallas internas. La identificación del proyecto partidario bonaerense con el plan de acción nacional de Axel Kicillof, el alcance del poder real que conserva la familia Kirchner y la capacidad de sostener decisiones en una disputada partidaria por parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que tiene cerca de 40 intendentes.
El peronismo bonaerense tiene un mes para, vacaciones de verano de por medio, resolver si avanzan en unidad hacia la elección de las autoridades del partido o si se abre una competencia con final incierto. Son pocos, de ambos lados de la grieta kirchnerista, los que quieren ese final. La mayoría, como siempre suele suceder, le esquiva al mano a mano por los votos.
El 8 de febrero deben presentarse las listas de candidatos que van a competir o la lista única que tendrá el partido, como señal de consenso. Las dificultades del acuerdo residen en el nombre, como símbolo concreto de la conducción partidaria. Y, principalmente, en los nombres que más suenan para ocupar el lugar que hoy tiene Máximo Kirchner.
Del lado de Kicillof, la que pica en punta es la vicegobernadora, Verónica Magario. A fin del año pasado, durante un acto que compartió en La Matanza con el Gobernador y el intendente local, Fernando Espinoza, dejó en claro que su voluntad es gobernar el PJ Bonaerense.
“Vamos a ir por la herramienta del Partido Justicialista este 15 de marzo”, aseguró Magario, con el aplauso de Kicillof de fondo y el grito de la militancia pidiendo a “Vero para el PJ”, en lo que pareció un escenario discursivo montado para la ocasión. La matancera planea volver a gobernar el municipio en el 2027 y, camino de por medio, tiene el aval de la mesa chica del kicillofismo para desembarcar al frente del partido.
“Verónica es la candidata más fuerte. Además de ser la vicegobernadora, tiene peso territorial. Eso no quiere decir que no haya interna, fricciones o disputas, pero tiene todo para imponerse”, avisó uno de los armadores más importantes del esquema territorial de Kicillof.
Los caminos de Magario y Máximo Kirchner parecen unirse a la distancia. Así como en el MDF bloquean y vetan la posibilidad de que el hijo de la ex presidenta continúe en el cargo, en el cristinismo no avalan la llegada de la matancera a la silla principal del partido. “Verónica no es una figura de consenso en este momento”, resaltó a Infobae una voz importante y con historia dentro del sector que lidera CFK.
“Fue vicegobernadora dos veces, candidata a senadora por la Tercera sección y ahora quiere ir al PJ Bonaerense. ¿No será demasiado? ¿Y a nosotros cuándo nos toca? No es Messi. No es un fenómeno político. Está garpada por demás La Matanza", reflexionó, en el lenguaje coloquial de la política, un influyente dirigente de La Cámpora, que sigue de cerca las negociaciones internas del partido.
Frente a la posibilidad, bastante concreta, del veto cristinista a Magario, en la danza de nombres del MDF aparecen como opciones perfiles similares entre sí, como son los de Gabriel Katopodis, Mariano Cascallares o Julio Alak, los tres de estrecha relación con Kicillof. Todos ellos enrolados en la construcción política del Gobernador y en las negociaciones cruzadas con el cristinismo.
Los dos primeros estuvieron metidos de lleno en la búsqueda de acuerdos para el Presupuesto 2026, el endeudamiento y la ley fiscal impositiva, mientras que el intendente de La Plata ha ganado relevancia con el correr de los meses como una de las figuras con trayectoria más cercanas al Gobernador. Una voz respetada en las principales oficinas de la gobernación.
En ese recorrido histórico reside uno de sus fuertes para ser una opción viable y un punto de acuerdo. Así lo retrató, sorpresivamente, un dirigente de la provincia cercano a Máximo Kirchner: “Si la presidencia la tiene Magario, Kato o Cascallares, el control lo tiene Axel. Si la presidencia la tiene Mayra, Otermin o Julián Álvarez, el control es del cristinismo. Alak trasciende esa disputa, por su historia y su relación con todos los sectores del peronismo”.
El jefe comunal de La Plata es uno de los dirigentes que quería que el presidente del partido sea Kicillof. Su voluntad no podrá ser cumplida. El Gobernador quiere alejarse del barro del peronismo bonaerense para enfocarse en un armado nacional. Le esquiva a las fricciones del internismo y las guerrillas del conurbano peronista.
Hay pocos nombres que puedan convertirse en un punto de unidad duradero y sólido. La otra opción es negociar un acuerdo múltiple en donde, en el tradicional toma y daca, se repartan las vicepresidencias, las secretarias y el lugar de los consejeros, de tal forma que quede equilibrado el peso específico que logra el que pone el Presidente y la desventaja en la que queda el que no lo pone.
La rosca del peronismo bonaerense va a girar durante todo el verano. El sol de enero calentará las discusiones cruzadas de las distintas tribus para ver hacia dónde va el esquema partidario. Kicillof apuesta a dar un paso en la consolidación de su proyecto político a través de la conducción delegada del PJ Bonaerense. Quiere avanzar y tiene pensado hacerlo con o sin el acompañamiento del cristinismo.
A La Cámpora le toca estar en un lugar de resistencia, sin grandes chances de que su líder pueda continuar al frente por cuatro años más y con CFK cada vez con menos poder de fuego desde San José 111. El cristinismo acusa a Kicillof de romper el peronismo y querer deshacerse de la ex jefa de Estado. No hay un proyecto de unidad hacia adelante, ni un apoyo sostenido a la construcción de su candidatura presidencial.
Lo que suceda en las próximas cuatro semanas va a marcar el inicio del año peronista. Porque si no hay acuerdo y el PJ Bonaerense se encamina a una interna, inevitablemente, esa disputa por los votos será un adelanto de una virtual interna presidencial en el 2027. Una opción que muchos peronistas ven probable frente a las miles de fragmentaciones internas que tiene el kirchnerismo, ese paraguas protector bajo el que aún se mueven Axel Kicillof y Cristina Kirchner.








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