Por: Carlos Pagni.A Daniel Scioli se le niega disfrutar de la principal virtud o, si se quiere, la principal patología del modelo: la desconfianza. Si hoy se confirma lo que anoche era una certeza, deberá ofrecer sus espaldas a un desconocido como Gabriel Mariotto durante cuatro años.
La señora de Kirchner parece haber sido minuciosa en la selección del candidato a vicegobernador. Scioli debería soportar que su segundo no sea siquiera un primus inter pares del PJ bonaerense, como era Alberto Ballestrini, cuatro años atrás. Mariotto es un producto autóctono de la alfarería de Olivos . De él se espera que gatille una conspiración cuando sea necesario. Es lo que el kirchnerismo presume siempre que hará un vice, por el solo hecho de serlo. Recuerdos de Oscar Bidegain y Victorio Calabró. Setentismo puro. Peronismo puro.
El controlador de los servicios audiovisuales se ganó la candidatura cuando declaró: "Todos los votos son de la Presidenta". Es la tesis que la candidata quiere demostrar el 23 de octubre en la provincia. Por eso habilitó la colectora de Martín Sabbatella. Quiere sacar más votos que Scioli. Es decir, lavar el agravio de 2007, cuando el resultado fue el inverso.
La designación de Mariotto entraña una mortificación especial para Scioli. Acaso la peor. Embarca a la fórmula provincial en una aventura a la que el gobernador ha intentado sustraerse: la guerra contra los medios de comunicación independientes, de la que el candidato a vice es principal abanderado. Será interesante seguir los malabares retóricos con los que Scioli intentará eludir ese conflicto. Mariotto tiene la misión de que su compañero también quede involucrado en la operación maestra del "movimiento popular".
Tampoco para el titular del ex Comfer el salto a la provincia es una victoria completa. La Presidenta lo reemplaza en una posición que para ella es estratégica. Es natural: sobre Mariotto pesa el fracaso de sucesivas batallas judiciales que el Gobierno ha llevado contra la prensa.
A Scioli le impusieron al segundo porque siguen desconfíando de él.
La última incógnita
Que en los movimientos presidenciales sigue predominando la sospecha fortalecía anoche las chances de Nicolás Fernández para secundar a la señora de Kirchner en la fórmula. ¿Por qué no Carlos Zannini? "Ella no podría gobernar sin Carlitos en la oficina contigua", contesta un "pingüinólogo". Juan Manuel Abal Medina no perdió la ilusión. Mariotto, guerra mediática, "trasvasamiento generacional", todo lo alentaba anoche a seguir imaginando la tapa de los diarios de mañana. Si no alcanza el objetivo, Abal podrá igual entretenerse. Ayer se abrió una guerra por la sucesión en la Jefatura de Gabinete: ya se anotaron Florencio Randazzo y Amado Boudou.
El avance de Mariotto significaría que Scioli jamás será el delfín de este gobierno; que la Presidenta se resigna a concederle atribuciones administrativas a cambio de servirse de él como un bien de uso electoral, pero que no tolerará que aspire al poder. Scioli imaginó a su lado a José Pampuro, alguien capaz de comenzar a tejer la red Scioli 2015.
La pasable humillación que significa no ser dueño de su fórmula tenía ayer un costado positivo para ese optimista irrevocable que hay en Scioli. "Por lo menos no tiene que justificar un privilegio frente a los otros dirigentes del PJ que también han sido ninguneados", festejó alguien que es como su almohada. Cuando no hubo otro remedio, el gobernador echó mano de una excusa inapelable: "Me dijo la Presidenta que ella te iba a explicar". Era el argumento que ayer por la tarde ensayaba antes de hablar con Pampuro y con Hugo Moyano.
El camionero es otro perdedor en esta guerra. La Presidenta ha sido tan peyorativa con la autonomía del PJ bonaerense como lo había sido con la del porteño. El desdén no significa lo mismo en uno y otro caso: el primero gobierna; el segundo, no.
Pocos dirigentes conocen tanto al gobernador como Francisco de Narváez, su actual rival y ex mecenas. De Narváez escogió como vice a Mónica López. Algunos insidiosos sugieren que fue por los aportes que derrama en la campaña el sindicalista Alberto Roberti, esposo de la elegida. Para De Narváez, el mérito de López es otro. Le permite sugerir que, a diferencia de Scioli, él domina su proyecto de poder. El gobernador se escudará en el clásico aforismo: "La gente interpreta mis silencios". El problema es cómo los interpretará a partir de ahora
















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