Gustavo SylvestreComo buen ajedrecista Daniel Scioli, tras la muerte del ex Presidente Néstor Kirchner, fue el primero en mover las piezas del nuevo tablero político de la Argentina. Su convocatoria a intendentes y legisladores del peronismo y de partidos aliados al Frente para la Victoria fue contundente y lo puso en el rol casi de conductor político en el estratégico territorio bonaerense.
Obviamente, esta jugada de Scioli contó con el visto bueno de la Rosada, y la inmediata recepción que la Presidenta le dio en la sede del gobierno minutos después que terminara el encuentro de La Plata, lo que habla a las claras de una jugada combinada.
Las comparaciones no tardaron en llegar. La semana pasada a Hugo Moyano le costó congregar representantes del peronismo para la reunión del Concejo Provincial. A Scioli no le faltó ninguno, y hasta los radicales que siguen con el Gobierno estuvieron presentes. Obviamente que la jugada política de Scioli, avalada por la Presidenta, tuvo la segunda intención de marcarle la cancha a Hugo Moyano y mostrarlo a Scioli en el ejercicio del poder real del peronismo provincial.
Es que los gobernadores del Justicialismo serán claves en el nuevo esquema de poder del kirchnerismo. Lo demostró también ayer el cordobés Schiaretti, que logró convocar a cerca de diez mil personas y reunir a todas las figuras del peronismo cordobés, en un acto que tuvo la doble motivación de ser protocolar por un lado -la presentación de un nuevo modelo de automóvil- y fuertemente político por el otro, marcando la reaparición pública de la Presidenta en el contacto con la gente.
Este esquema será mantenido en las próximas semanas. Scioli tiene varios actos populares en estos días y otros gobernadores ya le han comunicado a la Presidenta que la quieren tener en sus provincias, para demostrarle el acompañamiento de la gente.
El kirchnerismo irá superando el duelo mientras Cristina asume la conducción formal del mismo.
El nuevo esquema de poder con Cristina a la cabeza, los gobernadores y en un segundo plano la CGT de Hugo Moyano, se completará con un poder repartido en el seno del Gobierno entre los Pingüinos históricos, Julio de Vido y Carlos Zannini y uno más reciente en el tiempo, con Aníbal Fernández, que cuenta con la absoluta confianza de la Presidenta y será el gran armador en el Gobierno y en la Política.
Si algo ha aprendido Cristina Kirchner de Néstor es que el poder no se regala ni se presta, y que hay que estar atento siempre a la construcción del mismo. Por eso el plan de reelección se mantendrá en el tiempo, se alimentará en forma permanente, pero será la Presidenta quien bien entrado el 2011 inclinará la balanza sobre si será ella u otro el candidato del sector que ayudó a construir junto a Néstor Kirchner.
Se descartan cambios en el Gabinete por este año y se podrían sumar al gobierno representantes de sectores que han tenido un acompañamiento central al proyecto klirchnerista, como, por ejemplo, algún representante del grupo de intelectuales Carta Abierta, que fueron invitados a concurrir a Río Gallegos para la ceremonia final de despedida a Kirchner.
Los otros jugadores...
Los otros jugadores de la política argentina, han quedado desconcertados tras la muerte de Néstor Kirchner, y aun no encuentran el lugar que deben tomar en el nuevo mapa político. Los más desconcertados son los pre candidatos presidenciales del Peronismo Federal que ayer intentaron en su primer encuentro ir buscando una nueva estrategia política que les permita sobrevivir a Kirchner. Por el momento, no saben cómo.
El macrismo también se ha llamado a reflexión. Algunos exponentes de este espacio dudan sobre las posibilidades ciertas del actual Jefe de Gobierno porteño para el año próximo. Otros, como el diputado Jorge Macri, siente que las chances de su primo están intactas y que el Peronismo Federal no tendrá otro camino que buscarlo si quiere persistir en la diferenciación del kirchnerismo.
Carlos Reutemann ha quedado muy bien parado. Sus chances de ser candidato, si quiere, están intactas y podrían crecer si se define positivamente.
Elisa Carrió extenderá su silencio lo más que pueda. Necesita encontrar un discurso acorde al nuevo momento.
Pino Solanas es otro de los dirigentes que deberá tomar tiempo, al igual que Martín Sabatella, para ver como moverá hacia el futuro.
Y dentro del radicalismo, el sector que lidera Ricardo Alfonsín pareciera salir fortalecido por haber mostrado siempre una actitud de mayor diálogo, mostrándose con una construcción política alternativa, pero sin tener en forma permanente la referencia puesta en Néstor Kirchner.
La obsesión de Kirchner
En la última semana Néstor Kirchner tenía una única obsesión, que no era ni Moyano, ni su futuro político: era la muerte del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra.
El lunes 25, el celular de un histórico dirigente del peronismo que vive desde hace años en México, sonó con insistencia. Al atender se encontró que desde Buenos Aires lo llamaba un Néstor Kirchner preocupado, y haciendo autocrítica sobre el poder de los sindicatos: “Te tendría que haber hecho caso a vos cuando me decías que a estos tipos no se les puede dar poder... te tendría que haber hecho caso... mirá lo que hicieron con este pibe”. Charlaron y después de haber cortado, en México el histórico dirigente peronista quedó preocupado por la obsesión de su amigo.
La obsesión de Kirchner fue confirmada el domingo pasado por Horacio Verbitsky, que reprodujo el dialogo que Máximo Kirchner mantuvo con un compañero de su padre, en la intimidad de la despedida de su padre: “Estos hijos de puta no sólo mataron a ese pibe, también lo mataron a mi viejo”.
Algo cambiará en la relación de la Presidenta y la dirigencia sindical. Siempre se mantuvo distante de ellos y daría la impresión que esa distancia se acrecentará.














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