Recibió los pedidos, pero no dio indicios

La Presidenta decide sola las boletas de todo el país; Zannini negoció con los jefes territoriales
El secretismo fue la regla. Anteanoche, Cristina Kirchner recibió en la intimidad de Olivos, por separado, a los funcionarios más cercanos de su gabinete para terminar de delinear el armado electoral. Sólo los escuchó y anotó algunos nombres que le arrimaron para las listas legislativas. Nadie se animó siquiera a preguntarle por su vice ni por las nóminas de candidatos. Ella, inmutable, no dio indicios.

La ronda de consulta terminó cerca de las 22. Mantuvo encuentros con el secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina, y con el ministro de Economía, Amado Boudou, según confiaron a La Nacion fuentes oficiales. Ambos suenan como potenciales compañeros de fórmula, si es que, al final, la decisión se inclina por completar el binomio con un joven ultra-K. Los dos salieron sin pistas sobre su futuro. O, al menos, eso es lo que se confesaron en una conversación posterior.

También Florencio Randazzo, el titular de Interior, tuvo anteanoche su cumbre a solas con la Presidenta. El único que, de a ratos, entraba y salía en cada cónclave era el secretario legal y técnico, Carlos Zannini. En él, Cristina delegó la tarea de puntear en sigilo los distritos y lo erigió como apoderado nacional del Frente para la Victoria.

Ayer, casi en soledad, ella dio las puntadas finales del bosquejo electoral. Le quedaban por resolver dos distritos: Córdoba -donde se complicó el pacto con José Manuel de la Sota- y la compleja Buenos Aires. Regresó del Sur para acompañarla su hijo Máximo, fundador de La Cámpora, la agrupación juvenil que será premiada con casilleros en las boletas. "Está presente y tiene opinión sobre las listas", dijo a La Nacion un funcionario que participó de esos mitines reservados.

El mecanismo de selección fue hermético y centralizado en Zannini. A veces, contó con el apoyo de Abal Medina y Randazzo. Su despacho de la planta baja de la Casa Rosada mutó en un concurrido centro de operaciones desde hace diez días. Allí recibió a mandatarios provinciales, dirigentes y jefes de movimientos sociales. "Hablamos de la situación política, sección por sección, y de nombres. El se limitó a tomar nota", relató a La Nacion el mandamás de una organización de peso.

El cierre empezó por los distritos menos conflictivos. El primer turno fue Jujuy. El Gobierno "bendijo" a Eduardo Fellner como candidato a gobernador, pero truncó la aspiración de Guillermo Jenefes -que planteó disidencias a la ley de medios- de reelegir como senador. Al final, fue reubicado como vice.

El peregrinaje de gobernadores cumplió siempre el mismo rito: arribaban con una lista tentativa de legisladores nacionales y se iban, en algunos casos, sin definición. Pasaron por ahí Luis Beder Herrera (La Rioja), Celso Jaque (Mendoza), José Alperovich (Tucumán), Oscar Jorge (La Pampa), Juan Manuel Urtubey (Salta), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Jorge Sapag (Neuquén). En jurisdicciones conducidas por otro color político -como Capital o Santa Fe- no hubo siquiera consultas con los jefes políticos del lugar.

En territorio bonaerense, la Presidenta no sólo eligió los candidatos nacionales, sino que también tuvo injerencia en los cargos provinciales. Con margen limitado, Daniel Scioli intentó oficiar de interlocutor con los intendentes y la Casa Rosada. A través del jefe de gabinete, Alberto Pérez, recogió pedidos que luego elevó a Zannini. Inquieto, el secretario ya había avanzado en diálogos directos con los jefes comunales de la primera y la tercera sección electoral, las más poderosas.

Sin su marido, Cristina Kirchner amasó un armado electoral más hermético y sin concesiones. Para eso, le copió el infalible truco para evitar fugas cuando transmitía órdenes a sus operadores políticos: "Lo que te dije sólo lo saben vos y Zannini"

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