Desde las últimas horas de ayer, y por los próximos diez días, Julio Cobos estará a cargo del Poder Ejecutivo. No se moverá de Mendoza. "Supongo", contestó entre irónico y displicente Aníbal Fernández cuando le preguntaron si "en caso de necesitarlo" le pedirán que viaje a Buenos Aires mientras Cristina Kirchner visita Medio Oriente.
La puja entre el Gobierno y el campo volvió a irrumpir en la agenda pública. Sin duda, otro motivo para que el nombre de Cobos vuelva al centro de la escena. Sin la virulencia de 2008, pero con la misma dinámica de caza de culpables que sólo estanca las negociaciones. A modo de muestra: el ministro Julián Domínguez equiparó a la Comisión de Enlace con Satanás y Eduardo Buzzi pidió investigar a los beneficiarios de la política de las decisiones de Guillermo Moreno. Pegó donde le duele a la Casa Rosada.
El Cobos que pateó el tablero la madrugada del 17 de julio de 2008 no es el Cobos que mide fuerzas con Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz está claro. La cúspide de popularidad que experimentó por esos días de gloria es pura ceniza. Las encuestas lo muestran lejos del podio. El vicepresidente no supo extender el halo de heroísmo en el que quedó envuelto después de sepultar las retenciones móviles. El Gobierno viene jugando fuerte una pulseada para convertir al héroe de aquellos días en traidor, a fuerza de agravios (y de la ¿eficaz? repetición hasta el cansancio).
El péndulo de CobosFoto: Archivo
Tampoco la Argentina de 2008 es la de 2011. Detenerse en el contraste se impone como ejercicio ideal para entender el hoy. Cuando Cobos tembló ante el micrófono antes de votar por el "no", el gobierno de Cristina Kirchner apenas superaba el medio año de vida. Marchaba ya lejos de la luna de miel (esa que, Antonini mediante, en realidad nunca fue), pero todo estaba por delante. Néstor Kirchner estaba vivo y la derrota de 2009 era insospechada.
La transversalidad había entrado en agonía, pero su muerte todavía no había sido declarada. La categoría es hoy definitivamente vetusta y los últimos movimientos de la Presidenta hablan de un repliegue decidido a lo más obediente del kirchnerismo.
La oposición estaba en 2008 desarticulada. Aunque la diáspora mayor llegaría tras el conflicto con el campo, ya varios "kirchneristas de la primera hora" habían saltado el cerco. El PJ Federal no existía como tal: Eduardo Duhalde se ufanaba de estar cumpliendo con la promesa de no volver a la política activa, Felipe Solá y Mario Das Neves eran todavía oficialistas (aunque empezaban a incomodarse) y Francisco de Narváez era un diputado silencioso. La UCR se movía en torno al coletazo de Cobos. Su expulsión "de por vida" del partido empezaba a ser reconsiderada. Ricardo Alfonsín había cosechado un pobre cuarto puesto en la elección a gobernador bonaerense de 2007. Su padre no había muerto. El llamativo "traspaso simbólico" entre ambos no había ocurrido.
"Le voy a hablar al ingeniero Cobos y espero que me esté escuchando. (.) Tengo toda la sensación de que va a tener que desempatar esta votación. (.) Me habría gustado decirle que sobre sus hombros va a cargar con una enorme responsabilidad. (.). Por supuesto que quiero hablarle personalmente para que en esa decisión piense en el país (.). Seguramente entre mendocinos nos íbamos a entender. Me quedo con las ganas de decirle estas cosas de mendocino a mendocino".
Era Ernesto Sanz. Se dirigía a un Cobos que, abrumado por la inminencia del desempate, seguía el tramo final de la sesión por la 125 desde su despacho. Sanz era entonces el jefe del bloque radical en el Senado, un hombre de trayectoria política y partidaria bien conocido en su provincia y entre sus pares. Cuatro años después, el mismo senador se prepara para pedir licencia como presidente de la UCR para lanzarse de lleno (tirarse por fin a la pileta, en sus palabras) a la carrera presidencial. Poco queda de aquella apelación al cariño sobreentendido entre coprovincianos. La política los encuentra hoy frente a frente.
Video: el momento de la votación de Cobos
La semana pasada, Cobos se enteró en Brasil de que Alfonsín y Sanz no lo esperarían, convencidos de que el vicepresidente pondría obstáculos a la definición del candidato presidencial de la UCR. Cerraron el acuerdo por la preinterna y por el cambio de manos del poder en el partido. Todo como si el tercero en discordia no existiera. Sin embargo, en las últimas horas, emisarios de Cobos y de Alfonsín debieron reunirse para replantear estrategias ante el complejo tablero radical.
El mendocino parece decidido a dar pelea desde adentro. No piensa renunciar al sello partidario, aunque los pronósticos le sean esquivos. Lo que todavía es un misterio es si pedirá licencia como vicepresidente y cuándo para asumir del todo el papel de candidato. Habrá que ver si finalmente lo hace o si termina de decirle adiós a un mundo del que conoció los extremos.













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