Manzur dice que se queda pero el albertismo lo apunta y sus objetivos no se cumplen

Manzur dice que se queda pero el albertismo lo apunta y sus objetivos no se cumplen

A pesar de los intentos públicos de negar el conflicto, Alberto Fernández cuestiona al jefe de gabinete y su funcionario de mayor confianza sigue siendo Santiago Cafiero. Manzur perdió la centralidad de los primeros meses, pudo nombrar a pocos funcionarios de su confianza y no tiene peso en temas relevantes como la estrategia en la negociación con el FMI. Los posibles reemplazantes.

Como el gobierno que venía a salvar, Juan Manzur está atrapado en un callejón de difícil salida. A cuatro meses de haber asumido su cargo, el jefe de gabinete empieza a sufrir el desgaste que es producto de expectativas desmedidas y escasez de resultados. El fin de semana pasado, Perfil anunció que los días del tucumano en la Casa Rosada estaban terminados y fechó su salida del gobierno para febrero o marzo. La consecuencia fue una desmentida tardía del propio Manzur a través de Clarín y un operativo en el que Alberto Fernández se mostró el lunes con el gobernador de licencia con el objetivo de desmentir la tensa relación que existe entre el Presidente y su ministro coordinador. 

La versión oficial que difunden al lado de Manzur indica que no tiene pensado irse a ningún lado y hasta sostiene que hay una cordialidad personal entre él y Fernández. Además, atribuyen la nota publicada en Perfil al “fuego amigo” que surge del propio oficialismo. Eso piensan, por ejemplo, cerca de Jorge Neme, el vicejefe de Gabinete que conoce hace años a Manzur y viene de trabajar con Felipe Solá en la Cancillería. Neme y la secretaria de Medios y Comunicación Pública, Valeria Zapesochny, -que acaba de perder a su padre a causa del COVID 19- son las dos personas de máxima confianza de Manzur, tal vez las únicas que pudo incorporar a su esquema de gestión.   

El tucumano empieza a sufrir ahora lo mismo que le tocó vivir a Santiago Cafiero cuando ocupaba el cargo y recibía cuestionamientos recurrentes de La Cámpora y Sergio Massa. Mil veces lo dieron por renunciado a Cafiero hasta que al final se tuvo que ir. En el caso de Manzur, es distinto porque hoy ninguno de los sectores que cuestionaban al ahora canciller parecen dispuestos a asumir, al menos por ahora, la brasa caliente que tiene el gobernador en sus manos. Es el Presidente primero que nadie, el que cuestiona a su jefe de gabinete. 

Que Fernández y Manzur se llevaban mejor antes de que el tucumano se mudara a Balcarce 50 está fuera de duda y se debe a una larga lista de razones objetivas. Antes que nada, el jefe de gabinete llegó al gobierno nacional por pedido de un coro que lo proclamaba como salvador y que incluía al sindicalismo de Héctor Daer y a parte del establishment con el que Manzur suele intimar. También a la propia Cristina Fernández de Kirchner que lo llamó por teléfono para felicitarlo por su triunfo en las PASO y contó después en una de sus cartas bomba que lo había propuesto para el cargo. Manzur asumió con grandes objetivos: sacar al gobierno de la paralipsis, ser el nexo con la liga de gobernadores, reconciliar al peronismo con el poder económico y anotarse en la carrera de los presidenciales. Pero Fernández, que lo aceptó obligado, comenzó a desautorizarlo desde el minuto uno. Su funcionario de mayor confianza sigue siendo Cafiero. 

Dar por hecha su salida del gobierno despertó en el oficialismo, sin embargo, un sinfín de especulaciones, distintas y hasta contradictorias. Mientras los amigos de Manzur piensan que la versión es producto de figuras cercanas al Presidente, en el albertismo lo analizan al revés y dicen que al jefe de gabinete salió beneficiado porque el propio Fernández le dispensó una atención que hace rato no le prestaba. “A nadie le sirve que se vaya, incluso nos parece bueno que se convierta en uno de los candidatos de 2023”, le dijo a elDiarioAR un funcionario cercano a Fernández.

Manzur también cuenta con colaboradores que no estuvieron de acuerdo con su salto nacional y piensan que su ambición lo llevó a dar un paso en falso. “Él vio una posibilidad, un atajo y lo tomó. Se jugó una patriada pero enseguida chocó con un Alberto que empezó a trabajar en la fantasía de su plan reeleccionista”, afirma un viejo conocido del tucumano.  

El gobernador es dueño de relaciones con el establishment que, en el poder central, se revelaron estériles. Más aún, empresarios influyentes que lo entornan desde hace tiempo como el consultor Adrián Kochen y el empresario con sede en Washington Gustavo Cinosi no pasan por el mejor momento de sus relaciones con el Presidente y generan recelo en la residencia de Olivos. Ni la llegada de Manzur a la comunidad de negocios internacional, ni sus lazos con Estados Unidos y ni el vínculo del que se ufanaba -revelado por elDiarioAR en septiembre pasado- con la esposa de Joe Biden generaron resultados concretos en medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional. En octubre pasado, Manzur se subió al avión de Martin Guzmán para reunirse con fondos de inversión en Nueva York pero el gobierno no obtuvo beneficios de aquella incursión. Los detractores de Manzur dicen que lo hizo por puro deseo de figurar pero tanto al lado del jefe de gabinete como del ministro de Economía dicen que fue Guzmán el que le pidió que lo acompañe. Fernández, aseguran, no puso reparos. 

Lo cierto es que de la hiperactividad de las primeras semanas en funciones al presente la imagen del Manzur todoterreno se fue diluyendo y hoy poco y nada se sabe de la gestión del tucumano. Un síntoma se dio hace dos semanas durante los cortes de luz en todo el país, cuando fue el ministro de Seguridad Aníbal Fernández el que apareció para dar la cara y ponerse a cargo del operativo de emergencia. En ese caso, según explica Neme, lo que se hizo fue convocar al Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) y pedirle a Anibal que coordinara el operativo. Manzur, aseguran en la jefatura de gabinete, participó incluso de la primera reunión. Hacia afuera, sin embargo, en una instancia complicada para el gobierno apareció el ministro de Seguridad asumiendo funciones de jefe. Dos veces elegido para el cargo que ahora ocupa el tucumano, este Fernández asumiría con gusto un nuevo desafío. Otros hablan de Agustín Rossi, el plan A de Cristina que se frustró por la interna del Frente de Todos en Santa Fe. 

Al revés de lo que hacía cuando venía a Buenos Aires a promocionarse como presidenciable, el gobernador de licencia hoy aparece encerrado, no hace más las reuniones de gabinete a las 7 de la mañana, no da entrevistas y aparece poco y nada en público. A su lado dicen que bajó su nivel de actividad producto de las fiestas y el verano. Sin embargo, hay quienes dicen que se queja por lo bajo de que no dispone ni siquiera de la pauta publicitaria para difundir su propia agenda. La secretaria de Medios Zapesochny comparte atribuciones y funciones con el secretario de Comunicación, el abogado Juan Ross -de histórica relación con Juan Pablo Biondi- y Gabriela Cerrutti. 

La renuncia de Manzur en este momento, cuando el gobierno padece la indefinición y no logra cerrar un acuerdo digerible con el Fondo, representaría un costo adicional para Fernández y le provocaría una nueva crisis en un momento inoportuno. Mientras algunos creen que al tucumano no le sirve tampoco volver a una provincia en la que no tiene reelección y está enfrentado mal con su sucesor Osvaldo Jaldo, otros piensan que el ex ministro de Salud de Cristina puede protegerse de un mal desenlace del gobierno de Fernández y hasta tejer una alianza a futuro con la propia vicepresidenta, que decidió indultarlo después de que jugara fuerte en su contra, producto de su propia debilidad. 

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