Inflación de alimentos: Arroz, caso testigo de especulación y monopolio

Inflación de alimentos: Arroz, caso testigo de especulación y monopolio

El alimento, de primerísima necesidad, subió 12 puntos por encima de la inflación. Casi la mitad del mercado está concentrado en una sola empresa.

La inflación acumula más de 21% de incremento en los cinco primeros meses del año y, si bien los alimentos aumentaron por debajo del promedio, algunos persisten con mayores. Un alimento de primerísima necesidad, el arroz, sufrió incrementos muy por encima y se destacó incluso en mayo con un 13,1% de alza contra el mes previo. Todo esto sucedió a pesar de que el precio internacional no acompañó el mismo sendero.

El kilo de arroz blanco simple se disparó 33,3% de diciembre a mayo, de acuerdo al relevamiento del Indec. Los productos medidos por el Indec pasaron de venderse a $ 81,76 en los supermercados a fines del año pasado a un precio $ 27 por encima de eso: $ 108,97.

El mercado internacional alteró a los commodities más relevantes de Argentina y jugó como un factor adicional para el fogoneo inflacionario, como sucedió con el trigo y maíz. Este no fue el caso del arroz.

El precio FOB del arroz en Bangkok, plaza de referencia de este producto, se ubicó en los U$S 520 en diciembre, pero se hundió a U$S 493 en mayo. Es decir que, en lugar de subir, directamente retrocedió 5,2%.

Los avatares del mercado llevaron a que sufra un alza del 4,8% en enero y 2,2% en febrero. Sin embargo, esto fue sobrecompensado con las caídas del 5,8% en marzo, 5,7% en abril y 0,4% en mayo.

También descendió el indicador de precios del arroz de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO), que depende de la ONU. El número índice que confeccionan, que abarca a todas las plazas, se convirtió de los 111,4 en diciembre en un 110,6.

Todo esto para verificar que la razón de la suba de este producto vital para la canasta básica no provino fronteras afuera de Argentina, sino que si a eso se limitara hubiera disminuido su precio. El dólar, la herramienta de intermediación con el exterior, aumentó 12% en el mismo período, por lo que tampoco se puede considerar un factor de empuje.

Si se apuntan las lentes al mercado interno sobresale una problemática elemental: casi la mitad de las ventas en los supermercados las realiza una sola empresa. Con precisión, el 45% de la facturación del arroz le corresponde a Molinos Río de la Plata, de acuerdo al informe “La concentración en los bienes de consumo masivo en Argentina”, realizado por el centro de estudios CEPA.

Con semejante poder se erige como cuasi monopólica dentro de este segmento de extrema necesidad, con poder suficiente para influir en los precios de forma arbitraria. La corporación factura mucho más que lo que participa en volumen: vende el 32% de las unidades. Esto se explica porque es dueña de las principales marcas, las más caras.

Los economistas de CEPA observaron que “la influencia de cada una de las firmas no está circunscripta a un sector o rubro, sino que se extiende a varias categorías. Las principales empresas del mercado de consumo masivo tienen alta participación en diversos sectores, incrementando la concentración total y la posibilidad de colusiones entre sí, dada la participación cruzada que se registra”.

El caso de Molinos Rio de la Plata es emblemático, dado que se trata de uno de los mayores gigantes dentro de los productos más básicos. La compañía de la familia Pérez Companc domina ocho rubros con posiciones un poco más o menos concentradas: aceite, arroz, café, fideos, galletitas, harinas, pan y yerba.

La corporación fue una de las tantas alimenticias que sufrió pérdidas multimillonarias durante el macrismo y pasó a registrar utilidades extraordinarias en medio de la pandemia. La dueña de la marca Gallo ganó $ 1.180 millones en el primer trimestre de este año, mientras que en el de 2020 había informado una pérdida de $ 162 millones.

Un multimillonario no solidario

No porque las políticas sociales del Frente de Todos en la peor crisis económico-sanitaria le hayan contribuido a mejorar sus balances, la familia que controla Molinos decidió realizar un aporte extraordinario para mejorar la realidad de los hogares más vulnerables.

Por el contrario, como había mostrado El Destape en su momento, Gregorio Pérez Companc figura en el listado de las 200 familias más poderosas del país que presentaron amparos para que la Justicia frene el aporte de las grandes fortunas. Como reza la ley que sancionó el Congreso, esta contribución representa sólo entre el 2% y 5% del patrimonio declarado, que siempre es sustancialmente menor al real (por las diferencias con los precios de mercado), que tenía en 2019, por lo que la valuación a presentar es aún muy inferior.

En total, debería representar mucho menos del 1% de los activos del multimillonario alimenticio, que incluso AFIP permitió abonar en cuotas. Nada de esto torció la voluntad de Pérez Companc y acudió a los tribunales para que suspender la vigencia a la norma en su caso individual.

El empresario es el primer argentino en participar hace ya más de 25 años del listado anual de la revista Forbes sobre quiénes poseen más de U$S 1.000 millones. Según este ranking de concentradores de la riqueza mundial, Gregorio Pérez Companc aumentó en 2020 una fortuna de U$S 2.400 millones, U$S 700 millones más que doce meses atrás. Esto se explica por la adhesión de la fortuna de sus siete herederos: había cedido sus acciones en Molinos a sus hijos, en 2010. Ahora, Forbes volvió a incluir esa porción de su riqueza a la fortuna familiar.

 

POR EZEQUIEL ORLANDO

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