Funcionarios y artistas siguieron el festival y el discurso de Cristina en un clima de celebración. La evaluación política de la movilización. Cómo se vivió la jornada en la sede gubernamental.
Desde el mediodía, los salones y patios internos de la Casa de Gobierno que durante la semana son un ir y venir de funcionarios a paso apurado y burocrático, se llenaron con decenas de mesas y cómodos sillones y pufs. Sobre la entrada de Balcarce 24 y en el Salón Colón, nueve camerinos albergaron a los músicos y actores. Sin embargo, muchos prefirieron recorrer la Casa Rosada para conocerla y sacarse fotos con los invitados que recorrían el Salón de los Patriotas Latinoamericanos que, para esa hora, se había convertido en un living inmenso.
En los anteojos redondos y espejados de Fito Páez se reflejó por primera vez en el día la imagen de la Plaza colmada. Eran las cuatro de la tarde y el rosarino aquietaba a la multitud con “Un vestido y un amor”, acompañado por la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Cuando bajó del escenario, fue directo al Patio de las Palmeras -donde se instaló un VIP para ministros, funcionarios y dirigentes- y se fundió en un abrazo con Taty Almeida, de Madres Línea Fundadora. Alrededor de las palmeras y en una de las veinte mesas, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; y la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkes de Alperovich, tomaban té con pastelitos mientras charlaban. La ministra de Industria, Débora Giorgi, elegante y sobre unos stiletos imponentes, saludaba a los sindicalistas que merodeaban por el patio, insignia de la Casa Rosada. Al reparo del calor que daban las estufas de gas móviles, el ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, conversaba con el ministro de Turismo de la Nación, Enrique Meyer. El misionero Maurice Closs, uno de los pocos gobernadores que paseó por el VIP, aceptó la sugerencia de un mozo que bandejeaba: churros rellenos con dulce de leche.
Una bandera con la imagen de Néstor Kirchner colgada en el Ministerio de Economía adornaba el cielo del Patio de las Islas Malvinas, donde veinticinco cocineros preparaban el menú para la noche. El ex presidente parecía controlar el funcionamiento del engranaje de la Casa Rosada.
Otro grupo de funcionarios prefirió seguir la fiesta popular desde un mangrullo en altura ubicado sobre la Avenida Rivadavia, con vista privilegiada al escenario y un clima más militante. Ahí estuvieron el secretario de Comercio, Guillermo Moreno; la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont; el diputado Edgardo Depetri; el titular de la AFSCA, Martín Sabbatella; y el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde.
Los primeros acordes de “Playa Girón”, a las cinco de la tarde, generaron un éxodo de funcionarios y militantes hacia el escenario para ver a Silvio Rodríguez. Minutos antes, en la intimidad de su camarín, el cantautor cubano dejaba un mensaje más lineal pero no menos poético: “Argentina es parte de un proceso esperanzador. Es un privilegio aportar mi granito de arena en esta fiesta”.
La presidenta llegó a las cinco y media de la tarde. Fue recibida con una ovación en la Plaza y con un aplauso generalizado dentro de la Casa de Gobierno. Media hora después salió de su despacho y atravesó la zona de los camarines para llegar al escenario. El rockero Andy Chango y el cantante de cumbia Pablo Lescano dejaron su pose de músicos para convertirse en fans: cámara de fotos en mano se acercaron para retratar a la mandataria.
En el escenario la esperaban los ministros del Gabinete, gobernadores, referentes políticos, sociales y de Derechos Humanos. Después de una versión del Himno Nacional interpretada por el chamamecero Chango Spasiuk y ovacionada desde la Plaza por los militantes, la Presidenta inició su discurso ante la multitud (Ver Página 2). Cuando terminó, cincuenta minutos después, la Plaza de Mayo estalló al ritmo de Poncho, la banda de Lescano que combina música electrónica y cumbia. "CrisFields", bautizaron los militantes a esa fiesta electrónica popular e improvisada, en alusión a la más tradicional y dogmática Creamfields.
El fin de fiesta fue con Café Tacvba en la Plaza y con el besamanos en el Salón de Bustos. Allí, la presidenta y sus ministros recibieron el saludo y la felicitación de 80 representantes del exterior. En un gesto político, la presidenta decidió saludar primero a la Titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, quien tuvo en los últimos días una recaída de salud. El publicista Javier Grossman, jede de la Unidad Bicentenario, recibía saludos y felicitaciones por el éxito del show en la Plaza. A pocos metros, en las charlas más relajadas que se daban en el Patio de las Palmeras, la evaluación política era unánime: “Ganamos la Plaza una vez más”. «
















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