Falta de empatía y un jefe de Gabinete que coordine

Falta de empatía y un jefe de Gabinete que coordine

El deterioro económico, la distancia con las demandas sociales y la falta de reconocimiento al esfuerzo de la población alimentan el malestar y abren interrogantes sobre el futuro del oficialismo.

Por Liliana Franco

Hay muy pocas cosas que unen a los argentinos. Las mediciones de opinión pública permiten inferir que mucho tiene que ver la decepción provocada por el deterioro de las instituciones. La falta de respuestas a las demandas ciudadanas no se limita a la dirigencia política, abarca también a la empresarial y gremial o la Justicia, entre otras. Los factores de cohesión son contados: la bandera, el himno, la educación pública, el fútbol, las Islas Malvinas y no muchos más.

Tras el sentimiento nacional que provocó el mundial de fútbol y la vuelta a escena de la cuestión de las Malvinas (tras el partido con Inglaterra) no era muy difícil imaginar que una iniciativa que permitiera vender tierras a extranjeros sin límite iba a provocar una masiva reacción en contra.

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Por si quedaba alguna duda, el canciller Pablo Quirno afirmó que si un extranjero viene a comprarse un pueblo o una provincia entera podría hacerlo. En general, las mediciones del humor social arrojan desde hace tiempo que la política dejó de representar a la gente.

Curiosamente la capacidad de interpretar esa falencia fue uno de los atributos que llevó a Milei a la presidencia. Era cuando denunciaba a los políticos como casta. Desde la vereda de enfrente, Milei los acusaba de ser una elite que le robaba a los ciudadanos de bien.

El Gobierno y la distancia con los reclamos sociales

Hoy el gobierno libertario se desentiende de reclamos de la gente. Por ejemplo, cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura que la cuestión de los créditos morosos “es un problema entre privados”.

O cuando el presidente y sus funcionarios aseguran que el consumo es récord desconociendo las dificultades que enfrentan vastos sectores de la economía.

Tanto el ministro de Economía como el presidente se jactan de que “los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”. Sin embargo, distintas encuestas de opinión muestran que la mayoría de la gente cree que la situación económica empeorará en el futuro.

Al menos las autoridades deberían preguntarse por qué no cambian las expectativas de la población. Cómo mínimo parecería haber un problema de comunicación.

Javier Milei sostiene que su gestión cumplió las principales promesas de campaña.

No obstante, en el Gobierno no son muy abiertos a dar explicaciones ya que tienen una mirada conspirativa. Tienden a “culpar al periodismo, a los econochantas, a los kuka, a los que quieren volver al pasado, etcétera” imposibilitando un diálogo.

“Este gobierno se está pareciendo al de Cristina Kirchner”, comentaba un experimentado dirigente político y aclaraba “desde ya que son el agua y el aceite en materia programática, pero en la manera de manejar el poder, son muy parecidos”. Y también señala que continúan alejándose y manteniendo viva la grieta entre “los libertarios” y “el resto”.

Se refiere a que, los funcionarios buscan agradar, alabar y no contradecir a Milei “cómo era con Cristina”. Los encendidos discursos acusando a unos y otros también era una práctica habitual de la ex mandataria.

Los problemas de la gente continuaban y las arengas no los resolvían, así una gran parte de la sociedad cansada de peleas y gritos optó por votar a Mauricio Macri. Al propio kirchnerismo le fue difícil comprender ese rechazo, porque no tuvieron el radar para detectar el descontento.

Hoy, el malestar está en la calle. Aunque se valore la baja de la inflación la gente cuenta con menor poder adquisitivo, situación que podría ser tolerada mejor si comprendiese hacia dónde se va. El gobierno de Milei les responde hablando de datos positivos y minimizando o lo que es peor criticando a los sectores que no están bien.

Dos realidades económicas cada vez más marcadas

Mientras tanto, se siguen consolidando dos argentinas económicas, una dinámica conformada fundamentalmente por sectores primarios - agro, energía y minería - y otra en contracción – industria, comercio y construcción – según señala un informe de I+D Industria y Desarrollo. El estudio presenta un dato clave: el retroceso alcanza incluso al sector manufacturero proveedor de la actividad primaria.

Así, la industria metalúrgica vinculada a recursos naturales continúa en descenso: en el acumulado a junio los proveedores de petróleo y gas muestran una caída de 5,3%, minería de 4,6% y agro 3,7%, y no se visualiza una mejora para el segundo semestre del año.

Los problemas en la producción afectan el empleo. Con una baja de 4.000 puestos en abril, la industria perdió 52.000 en un año y 91.000 si se suman los indirectos. Se proyecta una reducción de 105 mil puestos totales para lo que resta del año.

Milei está convencido de que, a diferencia de sus antecesores, ha “cumplido con todas mis promesas de campaña” (como el ajuste del gasto público, la desregulación de la economía, la reducción de la inflación).

Cree que está teniendo éxito y por ende la sociedad lo acompañará, olvidándose que hay otros factores que hacen a un gobierno.

Puertas adentro de la Rosada algunos justifican los traspiés en el Congreso o con los prácticos porque falta “una conducción”, reclamo que se hacía durante la gestión de Manuel Adorni, cuando era jefe de gabinete.

Hay quienes llegan a decir que hoy, Diego Santilli, está más ocupado en agradar a los hermanos Milei que en ejercer el control de la gestión.

Interpretan que esto lleva a que, en la práctica, cada ministro se ocupa de lo suyo por eso cuando aparecen los problemas comienzan a echarse culpas.

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El enorme esfuerzo que hizo la población aceptando un severo ajuste, sin embargo, no encuentra en el gobierno el merecido reconocimiento, según analistas de opinión. Identifican un gobierno, aislado que se adueña del éxito y ni siquiera lo comparte con la sociedad que lo acompañó.

Y concluyen que esta falta de comunicación, de empatía, provoca desilusión, escepticismo, desesperanza, tristeza.

Esta grieta entre el electorado no kirchnerista con el gobierno es lo que lleva a que más de un empresario esté analizando la posibilidad de postularse para el 2027. Porque la frase más escuchada en estos círculos es: Y si no es Milei ¿quién?, dado que descartan una propuesta kirchnerista.

Cabe tener en cuenta que cerca del 25% del electorado manifiesta no sentir simpatía ni por Milei ni por el kirchnerismo, según un reciente estudio de Synopsis. El riesgo de que aparezca un candidato, algo que el gobierno debería tener en cuenta.

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