Por: Nelson Castro. El Gobierno se muestra impactado por una serie de sucesos inesperados, como el tembladeral de las escuchas de Spagnuolo, justo antes de su principal desafío electoral.
El escándalo de los audios que involucran a Karina Milei no cesa. Eso complica directamente a su hermano, el Presidente. El tenor de las grabaciones difundidas primariamente por el periodista Mauro Federico en Carnaval Stream es muy comprometedor. Vale aclarar que dicho canal es financiado por el tesorero de la Asociación del Fútbol Argentino. Pablo Toviggino pertenece al entorno directísimo del mandamás de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia. Todo muy llamativo y sugerente. Por un lado, están las grabaciones atribuidas a David Orlando Spagnuolo, extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) y –hasta ayer nomás– abogado de Javier Milei. En ellas se habla con precisión del pago de coimas en el cual están supuestamente involucrados la potente droguería Suizo Argentina, de la familia Kovalivker, y la hermana del Presidente. El caso también toca de lleno a los hermanos Menem. Un revival de la década de los 90, pero recargado.
En cambio, en las grabaciones difundidas el viernes por la tarde atribuidas a Karina Milei se habla de vaguedades. Sin embargo, estas últimas han producido al interior del Gobierno tanto impacto como las anteriores. Es lo que refleja el comunicado del vocero presidencial Manuel Adorni, emitido por la red social X a las 19.26 del viernes último, en el que escribió: “Si los audios son verdaderos, estamos ante un escándalo sin precedentes. Sería la primera vez en la historia argentina que se graba a un funcionario dentro de la Casa Rosada”. Por supuesto que si se confirmase que la voz es la de Karina Milei y que la grabación fue realizada en la Casa Rosada, el hecho sería terrible para un gobierno que está impactado por toda esta sucesión de episodios importunos. Por si alguien no tomó dimensión del hecho, hay que decir que son muy pocas las personas que tienen acceso a hablar con Karina Milei en su despacho de Balcarce 50. Y esa gente es mayoritariamente de la confianza absoluta de “el Jefe”. Esta deducción –que es la que también se hace al interior del círculo de Javier y Karina– dispara la paranoia de los hermanos Milei y alimenta los pensamientos conspirativos. Karina Milei es temida por muchos funcionarios. Diego Spagnuolo era y es uno de ellos. Pero Spagnuolo no era ni es el único. El mensaje que subyace es claro: advertir a los Milei que ya no están solos. Una vigilancia de alcances desconocidos en la medida en que sigan apareciendo audios y nuevas grabaciones. Por si esto fuera poco, la amenaza del video está latente. Es por eso que, desde un principio, el Gobierno quedó atónito y demoró en reaccionar con alguna declaración pública: “Hay que ser muy cautos, porque sea quien sea quien esté detrás de todo ha demostrado tener capacidad de daño”, dijo una calificada fuente libertaria, que añadió: “Confiamos en que la Justicia actúe, no tenemos nada que esconder, pero el Estado es tan vasto que puede haber algún díscolo que intente beneficiarse de su cercanía con el poder”. Pero vale resaltar que, si el “díscolo” está cerca de la cima, es otra la historia.
Mientras en la cúpula de hierro del Gobierno se intenta reducir todo a una “opereta política”, la causa por las denuncias del pago de coimas avanza. Qué esconden los celulares de Emmanuel, Jonatan y Eduardo Kovaliker? En el oficialismo, el único que parece mostrar algo de templanza es el imperturbable Guillermo Francos, uno de los pocos con alguna muñeca política. Casualmente –o no–, la diputada Marcela Pagano que en la semana volvió a protagonizar un hecho bochornoso en el palacio legislativo en su riña con Lilia Lemoine, señaló directamente a Francos como la tercera pata en las internas del Gobierno. Las otras dos, claro está, son las referenciadas en la hermana Karina y Santiago Caputo. Es difícil de imaginar que la puja por ganar espacios pueda escalar tanto a días del primer round electoral nada menos que en la provincia de Buenos Aires, pero nada es sano en las disputas de Balcarce. El Presidente debería tomar nota de lo caro que le salió repartir cargos y bancas sin un filtro razonable. Hasta aquí, las figuras seleccionadas para competir en las listas a nivel nacional no han demostrado demasiada preparación política. El hombre es el único animal capaz de cometer el mismo error dos veces.
La violencia política es otra de las notas tristes de la semana. La caravana de campaña del Presidente por el conurbano bonaerense terminó el miércoles por los graves incidentes protagonizados por simpatizantes kirchneristas que arrojaron piedras al paso de la camioneta que lo transportaba. En Corrientes, la caminata libertaria que encabezaron Karina Milei y
Martín Menem terminó suspendida tras los enfrentamientos entre militantes en la peatonal de la ciudad. También hubo violencia desmedida entre jóvenes simpatizantes de LLA y el peronismo en la Facultad de Derecho. Al menos dos cosas son seguras: el primer mandatario y las principales figuras del Gobierno han decidido ponerse al frente de la campaña para potenciar a sus candidatos. Por otro lado, la verborragia y la andanada de insultos que repartió Javier Milei hasta que se autoimpuso el cambio de modales –un maquillaje poco creíble– no ha sido gratis. La respuesta está a la vista. La política argentina tiene la mala costumbre de sostener la gobernabilidad con tres ejes o pilares que sirven de medida: la inflación, los vaivenes del dólar y la pulseada en las calles. Es hora de que, de una vez por todas, la clase dirigente entienda que ese cóctel explosivo no puede seguir siendo alimentado artificialmente por quienes luchan por el poder.
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