El capítulo "rosca" del acuerdo con el FMI

El capítulo

Los últimos gestos del gobierno de Biden, principal padrino del pacto, resultan de la ingeniería diplomática del Gobierno Nacional. La mano de Europa y la razzia en el Fondo. 

 

Por Leandro Renou

El domingo pasado recaló en Washington la misión del Gobierno argentino para negociar los tramos finales del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), periplo que terminará a fines de esta semana. De los cuatro días de reuniones, no se conocen detalles de peso y hasta en las diferentes terminales del Frente de Todos la información es poca o nula. Incluso en los mercados están a ciegas y especulando sin datos, tanto que sólo la confirmación de que enviados locales viajaban a los Estados Unidos generó 5 días de bajas en el Riesgo País, subas consecutivas en los bonos y acciones y una calma cambiaria interna que achicó la brecha entre el dólar oficial y el paralelo. Aunque todos aseguran que avanzan ambas partes "en cuestiones técnicas y numéricas" vinculadas a las metas de crecimiento del país, el hermetismo de las cifras responde a una conducta no solo de las filas de Kristalina Georgieva, sino del mismo gobierno de Alberto Fernández. 

Lo que sí empezó a plasmarse en acciones públicas y que tiene un peso específico mayor a lo que se pueda negociar en planillas de Excel, son los gestos internacionales de los países "dueños" del Fondo. Para el Gobierno, hoy, la consolidación de las posibilidades de corregir la deuda récord que contrajo la gestión de Mauricio Macri es producto de un trabajo diplomático y político de sentarse mano a mano con quienes toman la decisión tanto de dar el crédito como de renegociarlo. 

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"La vía política es la que destrabó la negociación, esto no es una negociación de ponerse de acuerdo en números, precisas apoyo de los países", contó a Página I12 una alta fuente de la Casa Rosada. En ese esquema, hay rangos: Estados Unidos es el socio más pesado en el Fondo, con 16,5 por ciento de los votos; seguido de Europa en su conjunto (Alemania 5,3, Italia 3, Francia 4 y España 1,9), Japón y China, ambos con el 6 por ciento. Esa foto explica no sólo cómo y por qué Argentina busca destrabar políticamente la deuda; sino que grafica a la perfección la razón por la cual el gobierno del entonces Presidente Donald Trump habilitó a Macri un préstamo récord incluso para las arcas del FMI, con la idea de sostener ante la crisis a un bloque de gobiernos de centro derecha en la región.  

Según fuentes oficiales, a negociar con el país del Norte se llegó por varias vías: por un lado, las misiones y los encuentros en el G-20 del Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán; más el acercamiento con laderos de Joe Biden que viene trabajando hace tiempo el embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Arguello. 

El hombre de Biden que lee a los críticos

Por este orden de poder es que fue relevante, en las últimas horas, la ponencia pública de Juan Sebastián González, uno de los hombres de confianza de Biden y Consejero para la región. Nacido en Cartagena, Colombia, confesó en un foro de brokers pro estadounidense, el Eurasia Group, haber "estudiado las relaciones de la Argentina con el FMI". Citó en ese contexto lecturas que tuvo en los últimos meses y habló de dos autores, Paul Blustein y Michael Mussa. En los 2000, Blustein, un periodista del Washigton Post muy crítico del establishment financiero escribió un libro titulado "Y el dinero siguió entrando (y saliendo): Wall Street, el FMI y la quiebra de la Argentina". Allí retrató cómo el último menemismo y la Alianza llevaron al país a una deuda y a una crisis en la que hubo -según su pluma- una intransigencia intencionada del FMI, que además fomentó ganancias récord de los bancos. El economista Mussa, por su parte, editó en 2002 "Argentina y el FMI, del triunfo a la tragedia", donde se pregunta cuánta culpa tiene el organismo por las crisis y afirma que, además, las mismas exigencias y recomendaciones del prestamista terminan aumentando los problemas. 

Luego de citar a los autores, González  expresó que "El FMI ha aprendido que no siempre es posible usar un modelo para prescribir políticas macroeconómicas en un entorno político, se deben tener en consideración el contexto nacional y las dotaciones factoriales. A fin de cuentas, los argentinos deben poder idear un plan". Y agregó que "hoy, después de 20 años, tenemos la oportunidad de dar vuelta la página y reafirmar el valor de las Instituciones que componen al Banco Mundial y hacer que la Argentina regrese al sistema financiero". Coronó la ponencia aseverando que "ambas partes deben llegar a un acuerdo con fundamentos sólidos y razonables, (...) que podría ser algo transformador para la Argentina y nuestras relaciones bilaterales". Y aclaró que "Biden habla acerca de políticas políticamente sostenibles (...), necesitamos estabilidad en la región, Brasil y Argentina son muy importantes para nosotros". 

En ese mismo foro de Eurasia -en un gesto que además debe leerse como político de parte del presidente argentino-, Alberto Fernández habló de la “deuda increíble que asumió el gobierno que me precedió” y al mismo tiempo expresó su “esperanza de que podamos encontrar un acuerdo y que el FMI entienda la lógica de lo que estamos planteando”. Esa lógica es no ajustar la economía. Su ponencia la escucharon buena parte de los líderes mundiales y el propio González, que fue de la partida. 

Fernández ya se había cruzado con Biden en el G20 y Arguello venía negociando a diario con diferentes cuadros de la Casa Blanca. Lo propio hizo el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, quien viajó a Estados Unidos a charlar con parlamentarios de peso y apuntalar el acuerdo. Aunque en el Gobierno se sostengan diferencias de cómo cerrar en lo numérico, la carta política para acercar soluciones siempre fue un consenso de Todos. Uno de los últimos guiños a avanzar, aunque aclarando que sin ajuste, fue la carta de la vicepresidenta, Cristina Fernández. 

Europa y la razzia en el FMI

Cuando se inició el camino de la articulación geopolítica por la deuda, el Gobierno viajó a Europa y se trajo los respaldos de Francia, Italia, España y Portugual, que además son los mismos miembros que integran el Club de París, otro capítulo pendiente de la deuda. Sobre todo, se festejó el respaldo de la Alemania de Angela Merkel, por ser el "Estados Unidos" del Viejo Continente, en cuanto a lobby y poder. Allí arrimó también el Papa Francisco, de diálogo con Merkel y de amistad con Georgieva, a quien hospedó en Santa Marta en varios viajes a cumbres económicas en el Vaticano. El resto lo hizo Guzmán, que trazó un nexo de confianza con Olaf Scholtz, el ministro de Economía y encargado de armar gobierno tras la salida de Merkel. 

Con Europa en el bolsillo, se encaró el capítulo estadounidense y, en paralelo, ocurrió una razzia interna en el FMI que se cargó a los responsables del crédito a Macri. Eso coincidió, no casualmente, con la derrota de Trump a manos de Biden. Estados Unidos no hizo un giro a la izquierda, pero corrió el eje de la consideración político-ideológica, dentro de sus posibilidades históricas como potencia global. A saber: Christine Lagarde, que solía abrazarse con el ex presidente, dejó su lugar a Georgieva. Luego cayeron sus segundas y terceras líneas. Y hace unos días, el estadounidense de orígen japonés, Geoffrey Okamoto, subdirector gerente del FMI y principal gestor del préstamo a Cambiemos, dejó su lugar a la india Gita Gopitah, una directiva de la línea Georgieva que se conoce con Guzmán desde bastante antes de la gestión. 

Esta modificación posible de conductas del FMI tuvo la semana pasada otro hito: Fernández pidió ante la UIA que el organismo investigara el préstamo irregular a Macri. En la primera mañana del día siguiente, antes de la apertura de los mercados, voceros de Georgieva confirmaron que, efectivamente, esa pesquisa está en curso y tendrá resultados visibles en la semana del 20 de diciembre de este año. En este contexto, el apoyo político europeo no exige, a priori, un vuelto en la misma moneda, pero queda saber cuáles son las condiciones reales del apoyo de los Estados Unidos al cierre velóz de un acuerdo por una deuda leonina en la que, como padrino político del préstamo, también tiene que ver. 

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