Cómo empieza a moverse el PRO en la Provincia con la mira en 2017. Relaciones internas y el juego dentro del gabinete. Además, el panorama con los aliados y el arco opositor.
Pueden cambiar las formas o los colores, pero los objetivos políticos son invariables. El hoy siempre es pensando en mañana. Y el mañana siempre es la elección próxima. El PRO se maquilla como el cambio, pero tampoco escapa a esa lógica.
Con la gestión en pañales, el macrismo sabe que 2017 será trascendental para su futuro. A María Eugenia Vidal la desvela poner en marcha la administración bonaerense y evita cualquier definición electoralista, pero no se distrae de ese tema. Resolver cuestiones internas, redefinir acciones de gobierno y revisar acuerdos forman parte de un combo que hasta podría llevar a modificaciones en el gabinete. La Gobernadora tiene varios frentes que atender, internos y externos.
El ministro de Gobierno, Federico Salvai, cuenta con su mayor confianza para el armado político; pero no estará solo, y en cercanías de la mandataria temen que demasiadas manos hagan mucho garabato. Cada uno de los aspirantes a senador en 2017 quiere pisar fuerte en la Provincia por motu propio.
Uno es Jorge Macri, quien para el vidalismo aparece hoy como el primero en la grilla, pese a que por antecedentes no les merece toda la confianza. El propio Mauricio Macri, a través del jefe de Gabinete nacional, Marcos Peña, le marca constantemente la cancha. El primo del Presidente aspira a convertirse también en “el armador”. En el sueño de Jorge, más que 2017 está Gobernador 2019.
Emilio Monzó, el dirigente amarillo más enemistado con Vidal, intenta recomponer relaciones. “Nosotros vamos por Vidal Gobernadora hasta 2023”, torean en el monzonismo, para tabicar a Jorge y a otros. Por lo pronto, el espacio del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación consiguió la venia de Mauricio Macri para seguir con la construcción política en territorio bonaerense.
Claro que nada es gratis ni inocente. El hombre de Carlos Tejedor también relojea el sillón de Dardo Rocha. Más próximo, el monzonismo exige que se abra el gabinete también para ellos. Hasta ahora han sido marginados.
La presión por más espacios en el equipo de Gobierno tiene en pie de guerra a los radicales. La respuesta suele ser un tanto dura. Parece que en el PRO no están conformes con el boina blanca Jorge Elustondo en Producción, y que le abran más espacios parece difícil. Insistirán los radicales por lograr algún día el Ministerio de Salud, donde nunca se acallan los rumores sobre la posible salida de Zulma Ortiz.
Los problemas en el Ministerio de Seguridad amenazan con ser la espada de Damocles de esta gestión. De todos modos, Cristian Ritondo es uno de los protegidos de Vidal, en una relación que trocó de un posible choque (cuando ella era vicejefa y él vicepresidente de la Legislatura porteña) en un sociedad política que ha perdurado. Pero el ministro recibe dardos desde adentro cotidianamente. Quizá el primer fusible sea el designado jefe de la Policía, Pablo Bressi.
El divorcio de Vidal dejó huérfanos al secretario general de la Gobernación, Fabián Perechodnic, y al diputado Manuel Mosca. El legislador y vicepresidente de la Cámara Baja es uno de los que más se mueven políticamente, con constantes recorridas por el interior, y comenzó a jugar en tándem con Federico Salvai.
La relación con los intendentes tiene varias terminales en el gobierno provincial. Una es el ministro de Infraestructura, Edgardo Cenzón. “Aunque algunos crean que no hace política, es de los ministros que más política desarrollan en el gabinete”, reconocen en un sector del PRO. Cenzón reporta directamente a Mauricio Macri, y si necesita algo no usa intermediarios para hablar con el Presidente.
También Hernán Lacunza, en su carácter de ministro de Economía, tiene un fluido trato con los jefes comunales. Pero hay celo en otras áreas del gabinete, donde suelen decir que es un técnico cuya misión por cuidar los números a veces puede afectar las relaciones políticas.
Marcelo Gigante, el ministro de Coordinación y Control de Gestión, tiene su terminal política en el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, uno de los jefes comunales más cercanos a la Gobernadora, ahora complicado en lo que se conoce como “el escándalo de los papeles de Panamá”.
El secretario de Comunicación, Federico Suárez, es el oído y la voz de Marcos Peña en la Provincia; al punto de que Suárez suele hacer los lunes a la mañana, antes de arrancar la actividad semanal, una reunión en las oficinas de la Jefatura de Gabinete de Nación, casi siempre con Peña como partícipe. Entre el funcionario nacional y Vidal hay una enmascarada “buena relación”, que se desvanece cuando Peña se refiere a la Gobernadora en encuentros privados sin que abunden los elogios; más bien todo lo contrario.
Una de las misiones de Peña es proteger a Macri de todo y de todos; y eso incluye cuidar que su imagen pública no sea superada por nadie dentro del PRO. Cuando las encuestas emparejan la buena imagen de Vidal con la de Macri, el primer preocupado es el ministro. En ese maremágnum, la Gobernadora debe dar diferentes batallas, hacia dentro y hacia fuera.
Capítulo 1
María Eugenia Vidal atravesaba un gran momento en la consideración pública porteña desde la vicejefatura de Gobierno, y comenzaba a hacer sombra sobre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, aspirantes a la sucesión de Mauricio Macri en Capital. Emilio Monzó propuso jugar a Vidal en la Provincia tras la negativa de Michetti a ser candidata a Gobernadora. Era un ensayo que el propio Larreta se apuró en potenciar, en tanto apreciaba en Vidal el principal escollo para llegar a la meta que finalmente consiguió. Bajar a la Provincia le significó a la actual mandataria cambiar una concepción de tinte doméstico. “Mi marido hace política en un distrito y yo en otro, por eso nunca vamos a chocar”, decía Vidal sobre su ex esposo, Ramiro Tragliaferro, en referencia a que él se movía en Provincia y ella en Capital. Pero la vicejefa de Gobierno no era la única en carrera en el PRO para suceder a Daniel Scioli. Jorge Macri había expresado hace tiempo sus deseos (que nunca abandonó) de ser Gobernador, y estalló ante la novedad urdida en las oficinas más próximas a Mauricio Macri, lejos de Vicente López, donde “el primo” avanzaba sobre un armado provincial.
Capítulo 2
Los celos entre los dos potenciales candidatos afloraron rápido. Se recuerda una anécdota de aquellos días que sirve como ejemplo. Monzó, en tanto encargado del armado bonaerense, mandó a hacer un afiche de Alex Campbell (postulante a la intendencia de San Fernando) junto a la imagen de Vidal. Jorge Macri llamó enardecido, con el argumento de que Campbell jugaba con él. Minutos más tarde llegó al mismo teléfono el llamado de Campbell, que salía de la intendencia de Vicente López. Resultado: hubo que hacer de vuelta el ploteo. Con el tiempo, Jorge vio cómo toda la estructura del PRO se volcaba con la dama. Las encuestas no le daban bien para la supuesta interna y, en una reunión de la mesa del PRO, Monzó convenció a Mauricio de bajar a su primo. Jorge se distanció del por entonces ministro de Gobierno porteño y se puso a disposición de Vidal. Esta, en tanto, le pedía a Mauricio Macri no sólo ser candidata, sino manejar la política provincial. “Sobre mi cadáver”, le respondió Monzó al ahora Presidente. Se armó entonces una mesa: Federico Salvai, Ramiro Tagliaferro y Néstor Grindetti, por el lado de ella; y Sebastián García Deluca, Manuel Mosca (por entonces en el monzonismo), Marcelo Daletto y Guillermo Bardón, del ala de Monzó.
Capítulo 3
En la soledad de la candidatura, el comité de campaña parecía tener el camino allanado. Sin embargo, una bajada a La Plata generó una rápida ruptura por la participación que Julio Garro había adquirido por encima de otros candidatos. Grindetti y Tagliaferro dejaron la mesa, y quedó sólo Salvai del equipo directo de Vidal. Manuel Mosca comenzaba a jugar más con ella que con Monzó. Se redistribuyeron las responsabilidades y se sumó a Esteban Bullrich, una especie de autodidacta en el PRO. Mientras se cerraba el acuerdo con el radicalismo, la interna en el macrismo bonaerense estallaba. El mismo día del cierre de listas en Santa Fe, en febrero, Jorge Macri envió un mail a la mesa chica proponiéndose como el armador bonaerense. Quiebre definitivo en la relación entre él y Monzó. Luego, a falta de un mes para el cierre de listas, Jaime Durán Barba propuso al primo como el jefe de campaña en la Provincia. “Para mí sería un honor”, dijo Vidal. El 2-1 dejaba a Monzó afuera. Pero la embestida no llegó a quebrar el poder de la lapicera, y el actual titular de Diputados de la Nación pudo poner a los suyos y cerrar las listas, por orden de Mauricio Macri.
























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