La categórica destitución del juez Faggionatto Márquez demostró los límites que hoy tiene la capacidad de protección del kirchnerismo. Y aunque hay algún entusiasmo apresurado, el encuentro de Reutemann y De Narváez dejó plantada la semilla de una alternativa peronista.
El volumen y la intensidad de esas operaciones, apuntadas a salvar al magistrado que acumuló el récord de 36 pedidos de juicio político y terminó destituido el viernes, guardan directa relación con la suerte de una causa muy sensible que está en ese juzgado. Se trata del descubrimiento, en apariencia fortuito, de una central telefónica en la localidad de Pilar, en la que se concentraban decenas de miles de líneas pinchadas. La intervención telefónica requiere una previa orden judicial. No hay constancia, según fuentes políticas y de los tribunales, de que ese requisito estuviese cumplido. Y sospechan que desde allí se habría espiado ilegalmente a políticos, empresarios, jueces y periodistas.
La Secretaría de Inteligencia prefería un juez vulnerable como Faggionatto, para mantener esa investigación bajo control. Por eso jugó muy fuerte para comprometer a legisladores y operadores kirchneristas en la defensa del juez contra viento y marea. No fue demasiado difícil convencerlos: Faggionatto fue quien buscó complicar a Francisco De Narváez en el caso de la efedrina, citándolo en plena campaña electoral de 2009. Ni siquiera eso alcanzó para evitarle la derrota a Néstor Kirchner, pero el juez supuso que tenía protección asegurada. Quizás se haya llevado esa impresión después de conversar, en aquellos días, con un alto funcionario a quien se le atribuye el monitoreo de cuanta operación turbia acomete el kirchnerismo.
En el Consejo de la Magistratura, la orden de proteger a Faggionatto fue cumplida al pie de la letra, como siempre, por la diputada Diana Conti. En octubre pasado su voto impidió que se lo llevara a juicio político. Después, una jugada del radical Ernesto Sanz quebró la resistencia kirchnerista: aprovechó la ausencia del diputado Carlos Kunkel y del senador Nicolás Fernández en una reunión de la Magistratura y metió el tema del juicio a Faggionatto. En minoría, y para no convalidar su derrota, Diana Conti se paró y se fue.
Esa misma decisión de no aparecer perdiendo, aún perdiendo, adoptó el kirchnerismo en el Jury de Enjuiciamiento. Dos representantes de los jueces y dos legisladores radicales estaban decididos a destituir a Faggionatto. Dos kirchneristas podían votarle a favor. El voto decisivo para alcanzar la mayoría necesaria para la destitución era el del representante de los abogados. Dos días antes, este profesional cordobés comunicó a sus pares que votaría contra Faggionatto. Al final los kirchneristas se plegaron a la mayoría y hasta usaron, en su voto, argumentos de Sanz en su alegato de acusación contra el juez. El resultado final fue siete a cero.
Según expertos penalistas, al menos tres de las causas que se impulsarán ahora contra Faggionatto pueden terminar llevándolo a la cárcel. Una de ellas, por ejemplo, tiene que ver con la irregular actuación de policías que decían estar a sus órdenes, en un aparente intento de robar un cargamento de cocaína a traficantes mexicanos.
En todos los fueros de la Justicia vinculados de alguna manera al poder, incluso en la Corte Suprema, se esperaba con interés el veredicto para saber cuál es hoy la capacidad de protección del kirchnerismo. El descabezamiento de Faggionatto es una señal muy fuerte en ese sentido. Y los jueces tienen un sentido del olfato muy fino.
Otra señal fuerte, decididamente política, fue el largo encuentro que tuvieron Carlos Reutemann y De Narváez el viernes anterior, en la casa del senador santafesino.
El impacto recorrió de arriba a abajo el mapa justicialista. Hasta los dirigentes menos recalcitrantes del kirchnerismo admiten que Reutemann es una figura que puede alinear a la amplia mayoría de los planetas del universo peronista, dejando solamente afuera a expresiones que terminarían siendo satelitales.
En ese eventual alineamiento entraría casi todo el antikirchnerismo, y hasta unos cuantos gobernadores e intendentes que siguen bajo el tinglado oficialista porque, como explican con cruda simpleza, "a fin de mes tengo que pagar sueldos". Claro que esas expresiones de enojo con el sistema dominante siempre quedan en la charla privada y nunca escalan hacia la expresión pública, mucho menos al planteo franco en la Casa Rosada o en Olivos. Consecuencia: los Kirchner prolongan su dominio, billetera en mano, aunque saben que no pueden esperar lealtad el día que los vientos les soplen decididamente en contra.
Más allá de algunos entusiasmos apresurados, todavía hay mucho camino por recorrer y muchos obstáculos por superar, para saber si Reutemann y De Narváez terminan confluyendo en una fórmula electoral.
En el peronismo no hay liderazgos indiscutidos y todo tendrá que ser construido. Quizás la atracción que pueda despertar Reutemann entre los jefes territoriales sea, además de su potencial capacidad de tracción de votos que les ayudaría a conservar el poder que hoy tienen, esa condición asociativa que podría tener la jefatura que viene. Claro que si se mira un poco la historia y la genética peronista, sólo será jefe el que sea capaz de mandar de verdad.
Reutemann tiene una cautela que ya es legendaria. Y muy pocas palabras. Eso enerva a muchos. Mario Das Neves, gobernador de Chubut con aspiraciones nacionales, explotó esta semana: "No se puede conducir desde el silencio", reclamó.
Esa cautela lleva al santafesino a dar pasos extremadamente medidos. La reunión con De Narváez fue la tercera entre ellos, pero la primera que se dejó trascender. También se encontró en secreto con otros dirigentes que construyen desde el antikirchnerismo. Y se asegura que dio su bendición al virtual lanzamiento de Eduardo Buzzi, el presidente de la Federación Agraria que se proclama de centroizquierda, como candidato a gobernador de Santa Fe.
En sectores empresarios y financieros se juegan fichas a Reutemann sin disimulo. Una firma de primera línea acaba de cederle amplios pisos en pleno centro porteño, para que instale allí sus oficinas políticas.
Y aunque todo parece llevarlo hacia la candidatura, desde sus propios pasos hasta las circunstancias que lo rodean, una preocupación que le condiciona los tiempos para definirse es la guerra de desgaste que pueda hacerle Kirchner, que ha demostrado largamente ser un enemigo de temer.
Algunas primeras escaramuzas de esa guerra prometida ya están aflorando. Se empiezan a agitar cuestiones personales y familiares, y aún patrimoniales. Ya es notoria la reaparición de la ex esposa de Reutemann, insinuando reclamos y presumiendo de secretos. En el mundo de la política se da como cierto un posible contacto previo de esa señora con un alto funcionario, curiosamente el mismo que habría monitoreado el caso del juez Faggionatto. Los primeros capítulos de esta historia ya fueron escritos, y seguro habrá más.
La política tiene caminos inesperados: Reutemann quizás encuentre una vía de comunicación indirecta con Kirchner a través de De Narváez, que habla con algunos hombres prominentes del oficialismo. ¿Puede establecerse por ese camino un acuerdo de garantías mutuas, presentes y futuras? Es difícil asegurarlo, siendo quienes son los protagonistas en juego. Pero no sería imposible.
El que saca ganancia pura es De Narváez, que sin estructura pero con muchos recursos se instala en el juego grande. En ese trayecto, los golpes de efecto le están saliendo bien. Anunció que iría a la Corte Suprema para pedir su improbable habilitación como candidato presidencial. Pero ese paso aún no será dado. A De Narváez le alcanza por ahora con que el tema circule y se discuta si puede o no ser candidato. Va a esperar a ver cuánto trepa su aceptación pública y qué señales recibe desde la Justicia.
Mientras tanto, le plantará un desafío a su ex amigo y socio político Mauricio Macri abriendo un local en la Capital, y sigue de gira: el viernes estuvo en San Luis con el gobernador Rodríguez Saá.
Con Reutemann van a intercambiar por un tiempo señales de humo, tal como acordaron. La foto, esa que esperan muchos peronistas para ver si esta vez va en serio, no se la sacarían antes que llegue el invierno.
El acercamiento entre Reutemann y De Narváez abre una expectativa a futuro, pero hoy deja un tendal de heridos. Uno de ellos es Felipe Solá, clave en la articulación del peronismo disidente y una cabeza que el armado antikirchnerista no está en condiciones de menospreciar. Pero el principal daño lo sufre el proyecto presidencial de Macri, a quien se le puede diluir el sueño de recibir el apoyo de una gruesa franja justicialista. Esa hipótesis funcionaría sólo si el kirchnerismo, con Kirchner o con Daniel Scioli de candidato, hegemoniza la oferta peronista en 2011.
Igual, Macri mantiene su plan de recorrer el país desde el primer fin de semana de abril, en un programa de cuarenta semanas sucesivas que desembocará en la largada de la carrera presidencial. Una vez por mes también irá al interior Gabriela Michetti, la otra figura taquillera del PRO.
¿Y Eduardo Duhalde? Los que conocen al caudillo de Lomas de Zamora dicen que apostará fuerte a su chance presidencial, pero que su obsesión es destronar a los Kirchner. Y que si ese trabajo lo puede hacer otro, él estará dispuesto a ayudarlo.
Sacarle el poder a Kirchner es algo que se dice fácil. Pero hay que ver quién se anima. Y quién puede.













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