Efecto combinado de los primeros resultados electorales provinciales del año y del simple correr del tiempo, que poco a poco acerca las fechas clave del cronograma electoral, el escenario político bonaerense dio esta semana indicios, cierto que todavía embrionarios, contradictorios incluso en algunos casos, de cierta incipiente decantación de posiciones que van dibujando el trazo grueso de lo que podría ser la oferta electoral que, seguramente en un plazo no menor a 60 a 80 días, tendrán a su disposición los habitantes de la Provincia de cara a las primarias de agosto primero y a las generales de octubre después.
Por eso, luego de varias semanas de diálogo “congelado”, volvieron a verse para comenzar a conversar en firme la posibilidad de cerrar un trato que, bien visto, les da a los dos lo que ahora no tienen: a De Narváez, un candidato a presidente; a Macri, uno a gobernador. Claro, ese es apenas un resultado posible: el resultado más concreto de esa conversación es una serie de pedidos cruzados: por el lado del porteño, reunificar el bloque de diputados en la Provincia; por el del bonaerense, una definición más clara de su contraparte respecto de su intención de ir por la presidencia y del cronograma electoral en Capital.
Y como las casualidades en política raramente explican algo, habrá que leer en clave intencional los movimientos que hicieron dos precandidatos a Gobernador asociados en parte a ese armado: Jorge Macri, del PRO y Graciela Camaño, del lado del duhaldismo. El más claro fue Macri: horas después del encuentro de De Narváez con su primo, lo asaltó un entusiasmo repentino por la posibilidad de competir por la intendencia de Vicente López, su distrito natal, o a lo sumo de intentar la permanencia en la Legislatura, según explicaron sus voceros a esta agencia.
El caso de Camaño es más complejo: operadores de primera línea de su entorno susurran que está decidida a declinar su postulación –que ciertamente no mueve el “amperímetro”- en pos de un acuerdo “superador”. La posición es ambigua, pero es verdad que casi no podría no serlo: referente provincial del duhaldismo, Camaño no puede avanzar en una dirección en la que su referente nacional, inmerso en el intríngulis de la preinterna del PF, no desandado. En este sector son muchos los que afirman que “si Duhalde gana, todo esto se facilita”, pero lo cierto es que aún no hay certezas siquiera sobre si esa contienda se hará.
DUREZA RADICAL
En la UCR también se encendieron algunas señales de alarma. Y eso no hizo más que tensar la disputa entre Raúl Alfonsín (expectante por la posibilidad de que Fernando “Pino” Solanas acepte jugar sus chances en la Ciudad, lo que comenzaría a destrabar el “Frente Progresista”) y Ernesto Sanz. Una disputa de tono elevado que el mendocino atizó con acusaciones de cercanía entre su rival interno y el kirchnerismo, al tiempo que volvió a agitar el fantasma del fraude en un escenario calve: la Provincia. La respuesta, de cajón, del bonaerense no se hizo esperar: lo acusó de buscar excusas para bajarse de la preinterna.
En ese mar revuelto (que muchos alfonsinistas temen que se agite aún más en las próximas semanas), la nota la dio el cobismo provincial: en voz de su operador-vocero más autorizado, el alcalde de Junín, Mario Meoni, dio pasto a una idea por lo menos inesperada: explorar la posibilidad de alentar un acuerdo con Sanz para que, junto, le propongan a la Convención Nacional del partido un esquema de alianzas que incluya a Francisco De Narváez. El experimento se parece mucho a un intento desesperado de última hora y poco le dan algún crédito.
El propio De Narváez, que no la descartó (le viene bien aparecer como una solución apetecida por varios sectores a la vez, incluso en alguna noche febril se entusiasmó con ser el postulante bonaerense de los dos polos opositores, antagónicos por cierto, a la vez) sabe que los dirigentes con experiencia territorial que le responden enarcan la ceja y suspiran con sorna cuando se les plantea la posibilidad. “No creo que la idea sirva siquiera para “apurar a Macri”, dijo a DIB un dirigentes del denarvaísmo con muchas horas de vuelo en la política provincial. Pero por ahora lo dejarán correr. Perder, no pierden nada.
INFORMACIÓN PARA RECUADRO
¿FLORECERÁN MIL FLORES?
Las colectoras –o su traducción vergonzante, las listas de adhesión- volvieron a ganar cierta actualidad en el cada vez más ancho oficialismo provincial, al compás del efecto que producen los resultados provinciales, que a los ojos de muchos dirigente, valorizan cada vez más la posibilidad de compartir la boleta de CFK.
Ahora las reclamó Luís D´Elía, en el lanzamiento de su partido político, para encabezar él una nómina o por si su más o menos desembozado intento por sumarse casi a la fuerza al esquema de Martín Sabbatella –que estuvo en el acto- surte efecto. Habrá que ver: la naturaleza del mecanismo relativiza en parte la naturaleza “piantavotos” que muchos atribuyen al líder social.
El otro actor aquí es Sergio Massa: parece haberse extremado sobre él la presión de cierto sector K para que sea otras de las “flores” que embellezcan el jardín de Cristina. Aquí la cosa es más complicada: los intendentes cercanos a Massa –algunos por lo bajo, otros, como Gilberto Alegre, de General Villegas- dicen que eso no está en el menú, donde sigue figurante la interna del PJ como plato principal. Pero Massa no termina de dejarlo claro: el jueves se pronunció en ese sentido en una radio platense, pero cuando la cuestión tomó vuelo nacional, guardó silencio.
La cuestión habilita algunos razonamientos: si el kirchnerismo habilita a Massa una lista de “adhesión” (iría con un sello vecinalista), Daniel Scioli sería el perjudicado: porque Massa tiene mejor imagen que Sabbatella y porque sus electorados posibles son más parecidos entre sí. Pero una cosa es sumar para Cristina y otra muy diferente es que la Presidenta permita que se ponga en riesgo el triunfo en la Provincia. Eso, aunque algún afiebrado ultra K aliente la idea de que un De Narváez ganador, imposibilitado de competir en 2015 por la presidencia (es Colombiano), en realidad no molesta tanto.
En el campamento de Scioli ciertamente no lo creen: pasado el mal trago de Sabbatella, esperan que Massa los enfrente en la interna partidaria. “Nos beneficia, porque es un triunfo claro que nos legitima en la interna”, dicen. Y apuntan la presencia de cuatro intendentes del G-8 (el grupo de Massa), en el despacho del Gobernador.
“Ese grupo, como tal, no existe más”, torean. Parece mucho, aunque es cierto que la cohesión interna no es un activo de ese sector. Por caso, cerca del intendente de La Plata, Pablo Bruera, dicen que Massa le ofreció jugar una vice, que no aceptó, y que el plan es otro: que el intendente reelija con su hermano Gabriel, actual diputado, como primer candidato a concejal, para tener pista a un posible despegue hacia el gobierno nacional o provincial, con espaldas cubiertas.
El tema de las espaldas cubiertas ciertamente no preocupa demasiado a Massa: tanto su esposa Malena como quien fue cabeza de su lista de Concejales, Julio Zamora, miden bien para sucederlo. Sería un reaseguro para intentar una elección interna contra un Gobernador en funciones, en las que el triunfo es problemático, por decir lo menos. Y que de perder lo inhabilitaría para ejercer otra candidatura.
La respuesta del massismo es que, de todas formas, se habría logrado una instalación importante para el período post 2011. Pero el argumento cierra mal ¿para qué gastar tiempo y, sobre todo dinero, en una elección que daría por resultado un objetivo –quedar “instalado” como una opción potable de poder para el futuro mediato- que, bien visto, Massa ya logró.















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