La reforma no conforma...

La reforma no conforma...

Por Pablo Salgado

Durante casi dos años, cientos de juristas, especialistas en derecho penal, abogados colegiados, rectores y decanos de universidades y facultades públicas y privadas, legisladores de todos los partidos y figuras reconocidas en materia penal de todas las ideologías, posturas y relaciones con el gobierno; se juntan, se reúnen, analizan, debaten, modifican y simplifican un código penal de más de 150 años, cierran su tarea con un encuentro en Mar del Plata, con más de 500 participantes, y para concluir, entregan el anteproyecto a la Presidenta, que será materia de análisis del Ejecutivo antes de girarlo al congreso.

Para entender la amplitud de la convocatoria, presidida por Eugenio Zaffaroni, basta contar que en el trabajo en comisiones de juristas y académicos de todo el país, estuvieron juntos gran cantidad de integrantes de “Justicia Legítima”, por ejemplo, con otros tantos letrados y docentes universitarios totalmente opositores al gobierno, y otros de manifiesta postura conservadora y de derecha en todos los órdenes.

Pero, a pesar de todo lo explicado, en 24 horas, un político, presidenciable, recién recibido de abogado, hecha por tierra la reforma y la deja herida de muerte, antes de nacer. 

Sergio Massa tuvo el pragmatismo, el cinismo, y la claridad perversa de la estrategia política pura para saber cómo golpear en los lados flacos, todavía en consideración, del ante proyecto, y simplificarlo con sus asesores en mensajes simples, slogans, y herramientas de miedo para la sociedad. 

La voz de Massa entra muy bien, especialmente en ese importante sector que recibe estos mensajes con deseo de profecía autocumplida. Ciudadanos que ya han mostrado su alto grado de oposición al gobierno por infinidad de razones, pero fundamentalmente por creer que es una gestión que promueve el garantismo en la justicia, y que no habla de inseguridad porque ideológicamente está, como gobierno, totalmente convencido que la solución al problema es con más ayuda social y programas de inclusión.     

Massa evalúa y pone en la balanza, por un lado, las voces de la política que, desde el gobierno, el radicalismo y el PRO, lo atacan por su oportunismo política, por promover una consulta popular que es inviable e ilegal, por sacar a los medios con nulo análisis académico un ante proyecto sin esperar los cambios inevitables que habrá en el trabajo parlamentario, sin reconocer la pluralidad de la comisión organizada para la reforma.

Por otro lado, el ex Jefe de Gabinete observa y evalúa el alto grado de exposición que el tema le ha dado, la sinergia que obtiene con un sector de la población ávido de penas duras, cárcel perpetua, y, si se pudiera pena de muerte, y con sus dichos obtiene finalmente el gran objetivo: Ser el único candidato opositor que puede unir a todo ese sector de la población, por encima de acuerdos y estructuras políticas. Ser “el único hombre” que puede sacar al Kirchnerismo del poder en 2015.

 

 EL CÁLCULO Y LA ESTRATEGIA. LOS QUE LLEGARON TARDE.

 Dicen que Cristina convocó a Barbagelatta del socialismo, a Gil Lavedra del radicalismo, entre otros, para buscar pluralidad en la comisión pro reforma. Y especialmente llamó a Federico Pinedo, del PRO, para que le garantizara un proyecto de reforma de código “pro vida y antiabortista”. 

Gil Lavedra y Pinedo son orgánicos, hasta por ahí nomás. En varias oportunidades han demostrado un sentido común y una independencia a la hora de acompañar algunos proyectos del gobierno. Pero sus partidos tienen otros integrantes, y otras ideas. 

Imaginamos a Durán Barba desesperado obligando a Macri a salir, aunque sea tarde, a sumarse a la estrategia de Massa, sin importar el costo de un nuevo papelón de Mauricio. Y sin considerar siquiera cómo queda parado Pinedo. 

En el radicalismo ocurrió otro tanto, con Ernesto Sanz a la cabeza gritando a los cuatro vientos que así como está no votaran el proyecto. Verdad de Perogrullo, siempre hablamos de un ante proyecto perfectible, debatible, modificable. 

Gil Lavedra salió resignado a los medios, y por ejemplo, confesaba ante Lanata que a partir del mal manejo adrede a algunos políticos oportunistas, se había tergiversado todo el contenido de la reforma. 

Nuevamente, radicales y macristas quedaron fuera del cuadro, mal parados, y blanqueando cómo los caminó Massa. Y ahí hay otro triunfo del tigrense.

 

CORPORATIVOS Y SOBERBIOS. 

El Poder Judicial en Argentina es corporativo, reaccionario, elitista, anti popular, y soberbio. 

Zaffaroni, algunos jueces progresistas, hombres y mujeres de las leyes que impulsan los juicios por crímenes de lesa humanidad, son los menos en esta estructura. Las trabas, la auto protección, las demoras en algunos procesos, el cuidarse unos  a otros, son la constante en el Poder Judicial. 

El gran error del gobierno fue analizar esta reforma sólo desde la mirada académica. Quedó atrapado en el estilo de hacer las cosas de la justicia nacional, que en muchos casos se siente una casta superior diferente al resto de los mortales. La justicia lo arrastró a un nuevo error. Así cómo antes Néstor Kirchner decía que “la economía es algo demasiado importante para dejarlo sólo en manos de economistas”, y lograba que la política mandara en ese campo, ahora faltaría la voz desde el gobierno que exprese que “la justicia es algo demasiado importante para dejarlo sólo en manos de abogados”. Néstor no está, y creemos, nadie de peso hoy en el kirchnerismo se expresó así. 

Cristina podría haber optado por un camino similar al debate por la ley de medios, bajando a la comunidad algunos temas. Pero no. Y ahora pagan ese costo. 

El gobierno también deja un flanco abierto para recibir más golpes. Desde la Iglesia, Monseñor Jorge Lozano ya se ha expresado sumándose a las voces que piden que se deje para otro momento el debate sobre el proyecto, y que antes de llegar a las cámaras, primero se lleve a cabo una gran convocatoria nacional para analizar y trabajar el mismo. Que millones de ciudadanos participen de los debates, más horizontales. Pero vale recordar que la Iglesia ha sido siempre convocada en cada una de las instancias de reforma, y que muchos sectores progresistas también le pegan al ante proyecto por responder a presiones eclesiásticas en temas como la defensa de la vida. Como ocurre muchas veces, el anteproyecto recibe palos por izquierda y por derecha. 

La semana próxima se reunirá la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina y los temas reforma del código y narco tráfico estarán en el documento final. 

Operadores del massimo también han llenado los medios de expresiones donde, palabras más, palabras menos, le dicen al grueso de la población que la reforma del código es la apertura final para la llegada de los cárteles de la droga a nuestras tierras. Aprobar este código es casi como convertirnos en un narco estado, si nada que envidiar a México y Colombia. A partir de ahora, sería nuestro país el que empiece a exportar novelas tipo “El patrón del mal”… 

Otro aspecto es la comunicación y el manejo del tema en los medios. Si en algo se parecen la justicia y el gobierno actual, es en su enorme incapacidad para comunicar. No explican ni cuentan, imponen. Se suben al atril y desde ahí fluye la verdad absoluta. 

El alto grado de corporativismo en la justicia nacional, y no popular, lo vimos en el intento de reforma judicial. Gritaban los integrantes de la FAM (Federación Argentina de Magistrados) que los únicos cambios que iban a aceptar y tolerar eran los que ellos mismos desde adentro decidieran. ¡Qué era eso de tener que aguantar a un diputado, que ni siquiera es abogado, que nos venga a marcar la cancha! 

Finalmente, el proyecto se ira diluyendo en las cámaras. Muy parecido a aquellos grandes proyectos de reformas económicas que nacen como “paquetes”, y terminan como “paquetitos”. 

De todo se aprende. El gobierno reafirma nuevamente el gataflorismo de la oposición. Se quejan los opositores de nunca ser convocados al diálogo. Cuando los llaman, se abren, flaquean, traicionan y boicotean la convocatoria. 

El poder judicial ve otra vez lo lejos que está de la gente, la imagen negativa que la sociedad tiene de ellos, y la distancia enorme entre análisis académico, la letra de las leyes, y la cruda realidad cotidiana. 

Gil Lavedra tiene razón cuando dice que la reforma del código nada tiene que ver con lograr mayor o menor inseguridad. A la gente no le importa. Ya compró el discurso de Massa y sus seguidores. “Este código permitirá automáticamente la liberación de 17000 delincuentes en todo el país”. “Tendrá retroactividad para revisar otras causas y lograr más impunidad”. “Zaffaroni no cree en lo punitivo de las penas, para él la cárcel no sirve, por eso este código será tremendamente garantista”. Testimonios de este tipo han inundado los medios en los últimos días. 

La sociedad tendrá mucho para aprender a partir de ahora. También en los argentinos hay un contra sentido permanente. Reclaman una justicia más rápida, pero reniegan de la modificación de las herramientas para que lo sea. Critican al gobierno cuando quiere avanzar en grandes cambios y reformas en tiempos electorales. Pero tampoco quieren que la reforma se haga ahora, ¿Entonces cuándo? Confunden reforma del código con inseguridad. Y en este aspecto la cuestión no es tan lineal. El Código Penal actual sigue teniendo vigencia y aspectos positivos y relevantes. El particular criterio de algunos jueces, los problemas de la justicia, la falta de presupuesto, los inconvenientes jurisdiccionales, la desconfianza entre integrantes del poder judicial y las fuerzas de seguridad, la falta de recambio generacional en ambos, la fuerte impronta conservadora y retrógrada en algunos fallos, el desinterés por las injusticias de los más pobres, la victimización de la pobreza. Nada de esto se resuelve mágicamente aggiornando un código. 

Para todo esto, hace falta cambiar toda una sociedad. Refundar un país transmitiendo otros valores, con un verdadero y mayor control popular de todos los poderes del estado. Eso, en la justicia todavía falta.

Como falta tener un país con una justicia equilibrada, con cárcel también para los poderosos. Hoy más del 90% de los presos son pobres.

Nadie va a la cárcel si mata en las calles con sus autos. Nadie va a la cárcel por delitos económicos, por delitos en la administración pública. Y todo esto… no depende de un nuevo código. 

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